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Siete de diciembre, de cualquier año, eso es seguro

   Quiero que pienses en esto como una carta de un viejo amante que ahora nunca olvida olvidarte, pero yo no quiero hacerlo; esto lo digo para que no divagues en mis intenciones.

   No importa nada, ni siquiera el odio que dimos o los juegos retorcidos. Quiero marcar un punto de paz, aquí, entre tú y yo, para hacerte recordar que odio la guerra, pero no a ti.

   Te abrazo fuerte para sentirte calar profundo, pero no es romántico; te abrazo fuerte en un sitio cálido para nunca olvidarte, y así siempre recordar no permanecer tirado en el suelo frío.

   Por cierto, feliz cumpleaños.

   Sí, estoy pensando en ti ahora, resulta agradable, lo juro.

   Quiero que la calidez del cambio irradie sobre ti, como un milagro que desciende y se filtra entre las nubes, para erradicar la humedad de tus muros, cariño. Sé feliz, sé feliz; y por favor, recuerda ya no arder con el poder de mil soles para que no incendies el suelo donde pisas.

   De cualquier manera, no me busques, pero encuéntrame en un bosque remoto de forma casual, o incluso en cualquier supermercado en el que nadie compra.

Cuatro letras mortíferasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora