Aquella noche la castaña fue llevada por Mikey a su hogar como se le prometió.
La tensión que había entre ambos desapareció.
Se quedaron un rato fuera del hogar de la joven para conversar. Se contaban diversas cosas, y luego de casi media hora, el blondo se despidió de ella.
Se le veía en la mirada, no quería irse, pero aunque la muchacha le decía que no tenía sueño, él podía ver en sus ojos un tono rojo que significaba todo lo contrario.
—nos vemos mañana, Yami —le colocó un mechón de pelo detrás de la oreja— recuerda que se acerca el festival.
—lo sé, iré con Emma y Hina a comprar algo bonito para ponerme. Ellas son las expertas en esas cosas.
—rió un poco—
—es raro ver que a una mujer no le gusten esas cosas...—la miró a los ojos por unos momentos—
¡y, no lo digo con intención de ofender! —se apresuró a aclarar—
—jaj, —sonrió— no te preocupes, tampoco dijiste algo erróneo. Definitivamente no le veo lo interesante, aún siendo algo bonito —se encogió de hombros— sin embargo, puedes preguntarme de motos, eso es algo que me gusta de más.
Los dos rieron a la vez.
La castaña besó a Mikey en la mejilla y éste aceleró para irse, no sin antes despedirse con un gesto de su mano.
Ella se estiró en el lugar y dejó escapar un bostezo. El sueño la estaba matando.
Al dirigirse a la puerta, sintió un ruido cercano a los arbustos, o más bien, provenía de allí.
Le pareció sospechoso. Ninguno de sus vecinos tenía gatos, aunque bueno, sabiendo que en los callejones podrían haber este tipo de felinos, sólo negó, quitándose la idea de que hubiera alguien allí.
Abrió la puerta y la cerró detrás suyo al entrar.
Subió las escaleras y se dejó caer en la cama.
—me baño en la mañana...—susurró lentamente mientras se quitaba los zapatos con la única ayuda de sus propios pies—
Al fin sintió el frío cubriendo sus piernas y cerró los ojos para así poder descansar.
Más tarde en otro lugar...
—¡sí que eres un imbécil! —un hombre en silla de ruedas le gritaba a su empleado. Estaba molesto, por culpa de ese tonto casi era descubierto por la
castaña—
—l-lo siento mucho jefe...yo...
—no sea tan duro con él, señor Tetta. —el mencionado se giró hacia su otro empleado— hay que admitir que Ayame es una mujer de admirar. Su oído es muy agudo, pareciera que aún estando cansada puede escuchar el más mínimo ruido y sentir el más leve movimiento.
—si...—el joven trató de calmarse. Se pasó una mano por el pelo mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro— es cierto, no hay persona más hábil e inteligente que Ayame...—abrió los ojos con sus manos en la cara. De entre sus dedos se podía ver el brillo azul de su iris— mi Ayame...
Los presentes no lo mencionaban, no podían, eso les costaría la vida. Todos estaban ciertamente preocupados. Su líder había desarrollado una especie de obsesión. Todo había comenzado desde aquel día, cuando ocurrió el problema entre las Sukeban y los Bai-Peh, desde ese día, todo fue diferente para él.
Se había decidido a encontrarla, tenía mucho que decirle.
—como sea, —suspiró— quiero que la sigan y vigilen cada uno de sus movimientos...—se quedó mirando a la nada— ya estoy harto de solo ver sus fotos, ¡quiero verla a ella! ¡Aquí y ahora, justo frente a mi!
—exclamó asustando a los demás—
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𝓟𝓮𝓻𝓭𝓲𝓬𝓲𝓸𝓷 卐 𝐓𝐎𝐊𝐘𝐎 𝐑𝐄𝐕𝐄𝐍𝐆𝐄𝐑𝐒
Fanfiction〖 ″PERDICIÓN″ 〗Acción de perder material o moralmente a alguien o algo. 𓆝𓆟𓆜𓆞𓆝𓆟𓆜𓆞 Se dice que nunca debes encariñarte con una persona al máximo, pues tarde o temprano, esta faltará. Quizás simplemente se vaya...
