8.Andante (Parte 1)

30 14 0
                                        

Al paso, tranquilo, se dirigió de vuelta al grupo compuesto por los tres mercenarios que había ofrecido como escudos a Sergius. Rumio en su mente un rato más antes de acercarse de vuelta.

Las voces de las almas acalladas en un rincón se habían apagado por completo para este punto. Quedaban las mismas de siempre, aquellas que se ofrecieron a curarlo, a quedarse con él. Los murmullos, como llamaba aquellas voces que se adjudicaron un nombre regresaron a su letargo. El único que quedaba era Alastor quien a veces daba impresión de vigilar cada paso que daba. Él, y más importante su mente se habían calmado como no lo habían hecho desde hace semanas.

Al acercarse lo suficiente para que los ojos de los demás lo advirtiesen, dos figuras se aproximaron a él, presurosas. Adelayn la joven de hermosos ojos grises y Eoin el niño que lo había guiado llevaban con ellos un júbilo impropio de la situación por la que acababan de pasar. Adelayn acarreaba uno de los cachorros en brazos y mostraba su esfuerzo en el rostro.

Lo presentó ante faz de Luciel.

El cachorro blanco como la como la nieve lo olisqueaba con temor. Los ojos de aquella criatura, profundamente negros tenían un iris de color cambiante con leves brillos que le recordaban al cielo nocturno. La cría chillaba quedamente en las manos de Adelayn. «Débil e indefenso... Con la capacidad de convertirse en algo tan grande y peligroso que deben tenerlo encerrado, alejado de la cercanía de cualquiera... No dista de lo que somos los Pacificadores —Pensó sin hallar respuesta de los murmullos»

—Es... el tuyo, tómalo. Lo escogí... Los escogimos para ti, creo que es el que más te queda —Tartamudeo Adelayn mordiéndose la lengua, pero continuo como si nada hubiese pasado. —¿Puedo llamarte Luciel o es irrespetuoso para ustedes?

—Luciel está bien señorita Adelayn. Ahora que lo menciona debo explicarles que pasará ahora. No puedo aceptarlo como mío, además no sé cómo criar uno.

—Pero viento tormenta —Interrumpió Eoin —La señorita lo aparto especialmente para ti, quería que llevaras el más agraciado. "Solo este puede ser digno de él" Recuerdo cuando lo dijo y lo aparto de todos.

La ingenuidad de Eoin y su sinceridad daban a Luciel ganas de echarse a reír. Adelayn no era diferente, aunque su porte denotaba su origen noble. Mostraba su enojo con el rostro fácilmente. Dio con las caderas a Eoin para que callara. Estaba pintada en carmín, avergonzada pero no menos determinada. Recién en ese momento Luciel dio en cuenta que Adelayn no hablaba en Dá'inara como los demás nobles que había conocido en Astyel.

—No le creas al mocoso. Escucharé todo lo que debas decirnos. Pero insisto en que lo tengas, según Eoin y su padre son buenos compañeros estos loop sat —Se trabó intentando decir el nombre.

—Lo'óph saepht —Corrigió Eoin.

—Te enseñaré lo que debas para criarlo —Insistió Adelayn dejando el cachorro en las manos de Luciel. Se alejo con las manos entre lazadas, dudaba un poco al continuar —Me gustaría ayudarte de alguna forma, como pago por lo de hoy. No soy buena en muchas cosas... Niall dijo que te diriges al puerto, ahí podría ayudarte en algo, mostrarte la ciudad, conseguir cosas para el lobo... ¿Algo? Lo que sea que llegues a necesitar.

Adelayn estaba hundida en sus hombros con los ojos bien abiertos. Dando vistazos rápidos hacia él. Una risa sonó desde el fondo de su conciencia. Airan comenzaba a hablar como en muchas ocasiones. Inteligibles palabras que solo querían instarlo a pasar la noche con Adelayn. «Ya me he hecho a una idea. Calla hasta que necesite de ti»

Exhaló toda su mente de vuelta, como si estuviera preparado para pelear.

—Repito, no es necesario —Sonrió a la muchacha para que esta no se desanimara con su negativa —Y si aun te sientes con ganas de pagármelo podemos charlar en el camino y encontrar algo. Cuidare del cachorro por ahora... Pero ahora es preciso explicar todo cuanto pasara ahora.

Nacido del DeseoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora