21.Aceite que nubla la vista(Parte 1)

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Luciel suspiraba al tomar bocados sistemáticos para la comida de la mañana. Acababa de lavar su cuerpo en un río cercano, sin embargo, la aceitosa y contaminada sensación de la noche anterior no abandonaba su ser. En cambio, fumaba apaciguando una ansiedad que ya no era producto de su adicción, una mentira con la que sobrevivir se haría menos pesado. Y de la que estaría dispuesto a no mencionar a nadie por el resto de su existencia.

Contempló el mapa que Rena había dejado cerca del fuego, según el cual pronto entrarían en el bosque pedregoso, no sin antes cruzarse con un pequeño asentamiento. Sentados en círculo nadie tenía el mismo ánimo que Liva, asentían y ofrecían pequeñas frases con el mismo seco y quebradizo ritmo, un tono tan similar a los pajizos pastizales de la meseta que ondulaban y se doblegaban ante la fuerza del viento.

Nadie más que sus mentoras parecían prestar atención a su comportamiento. Y mientras Liva no había cambiado en nada, Rena gruñía cada que sus miradas se cruzaban en un odio casi tan grande como el que Niall había demostrado al verlo la primera vez. En su mente solo se encontraba Alastor indicando cada poco recobrara la atención a su alrededor.

—Termine de hablar con ustedes y sobre lo que sucedió —Anunció Liva quitando el mapa del suelo —Puedo decir que no son el grupo que esperaba. Son capaces, talentosos y muy diestros, pero nada más... les faltara experiencia si realmente van a enfrentarse a invocadores, pero son los únicos que saben al respecto.

—¿No hay nadie más al que se le haya informado de Raezal? —Interrumpió Luciel sin medir sus palabras. Le era imposible dirigirse a Liva más de un momento sin que un escalofrío recorriera su cuerpo, por eso dirigió su atención al fuego, intentando una vez más abrazar la vacua imagen del pozo. Sin embargo, no llegaba a acercarse a ese estado.

—Solo algunos cuantos arcángeles saben de lo que ha sucedido, entre menos se sepa antes del concilio de los imperios mejor podremos tratar este asunto. Muchos de los pacificadores con experiencia para tratar con invocadores querrán realizar otra vez una guerra —Aclaró Liva intercambiando miradas con Rena.

—Una guerra más... ¿Tan malo sería llamar por asistencia cuando es tan necesario? —Preguntó Luciel casi inconsciente de lo directas de sus palabras, carraspeo un poco al notarlo y agregó —Perdonen, aún estoy algo adormilado... Querría decir que el tener que recuperar algo tan importante, pensé supondría una situación de urgencia para la iglesia.

—Una segunda guerra de los caídos es algo que no puede permitirse la iglesia o el imperio de Gabriel —Dijo Rena girando los ojos y agregó haciendo un tono más monótono —Durante la última guerra se redujo el número de pacificadores activos por lo menos un tercio del total, muchos creen que fueron más... Además de que, si comenzamos una cacería por la espada, en el nuevo continente a vísperas de que se lleve el concilio fácilmente podemos causar una guerra en la que el imperio no puede meterse. También me gustaría trabajar con algo más capacitado que unos recién salidos de la academia para recuperar la espada... Ten en cuenta que no comenzaremos una pelea a menos que sea necesario, de ser posible solo seguiremos a Raezal y buscaremos un momento oportuno para poder arrebatarles la espada.

—¿Cree que esto sea cosa de los falsos profetas? —Preguntó Agony quien movía los ojos en todas direcciones como un animal asustado, evitando posarse en Luciel. De igual forma él mismo evitaba ella lo viese ahora. —Ellos participaron en la antigua guerra de los caídos...

—Por lo que nos ha dicho el director Abraham, es una gran posibilidad que Luzba'el y los otros cuatro ángeles caídos que lo siguen tengan que ver con el resurgimiento de Raezal —Contestó Liva dirigiéndose directo a Agony —Los traidores como ellos pudieron mantener suficiente gente escondida en el nuevo continente para volver a crear herejes como esos... Cuando los encarcelaron tenían unos pequeños demonios consigo, que tomaron el aspecto de Pharain. Las protegieron como si realmente valiesen algo, solo los invocadores harían algo así... de saber que se les escaparían los habría matado yo misma... El nuevo continente como ustedes saben se alejó de la mano de Gabriel hace unas décadas, proliferan brujos que consiguen amnistía con el imperio de Aenthos y como mercenarios de Litae, un santuario para los herejes y paganos —Escupió Liva como si solo pensarlo le causara asco.

—El nuevo continente debería ser devuelto al camino de Gabriel... todos los problemas parecen devenir del imperio de Aenthos y Luzba'el... —Comentó con resentimiento Agony y mirando a Luciel agregó —También vimos cuervos... fantasmas de Bertrand por el camino. ¿Cierto Luciel?

—Si... Raegan los vimos... —Dijo Luciel ensimismado con el sentimiento de vacío que abrazaba su contaminado cuerpo.

El silencio se apoderó del ambiente. Agony con los ojos como platos ponía su voluntad en mantener una impasible faz.

—¿Quien? —Inquirió Rena con una leve sonrisa que marcaba las comisuras de los labios.

Luciel en el sopor de su pensamiento comprendido por fin porque el cambio tan súbito. Comprendió su error, y exhalo todo concentrándose solo en la plática. Por un momento creyó se había henchido de Saeya en ese preciso momento.

—Los cuervos... —Respondió Luciel con los ojos en un brillante color lavanda.

—No, dijiste un nombre... —Repuso Rena.

—Agony... —Interrumpió Luciel aun poniendo un tono tan calmado y despreocupado como le era posible — Agony y yo vimos a los cuervos de Bertrand en el camino. Bueno, realmente con quien los vi fue Sergius y luego llegó Agony, Poena y Justitia para apoyarnos con la carga que tenían ellos... —Señalo a Snow y agregó —Ahí fue donde conseguimos a los lobos, esperábamos dejarlos en el puerto, pero nos dimos cuenta de lo útiles que eran como acompañantes... Si me lo pregunta a mí, herejes como los cuervos de Bertrand son uno más de los síntomas de que las naciones del nuevo continente se han pervertido y alejado de la luz que provee Gabriel. Lejos de lo involucrados que estén o no con Raezal, me gustaría poder ver a la iglesia tener el respeto que merece en estas tierras una vez más. Por algo le llaman las mesetas de los apóstoles.

—¡Exacto! —Exclamó Liva señalando a Luciel con un pedazo de queso —No pudieron ni siquiera prestar ayuda a los pacificadores que murieron en la caza de ángeles que llevó a cabo Luzba'el. Me alegra saber que tu cabeza vuelve a ver la luz de Gabriel.

—Si... —Dijo Luciel agachando la cabeza en un extraño sentimiento de desasosiego que le hizo perder el coraje anterior.

Ambas mujeres apartaron sus ojos de él por un momento, otorgando el espacio suficiente a Luciel para tomar de vuelta la calma fijando la vista en el horizonte.

—Pese a que estoy de acuerdo con Liva, los Fantasmas y Cuervos de Bertrand son un problema hasta en Gabriel y Astyel... Una plaga que no importa cómo y cuánto aplastemos siguen apareciendo. Pero una muy diferente a tratar con Raezal... —Dijo Rena Retomando su atención hacia Luciel —Si han de acompañarnos como parte de su misión, recuerden en todo momento que nuestra meta principal es encontrar la espada y un momento propicio para recuperarla, nada de hacerse los héroes, cualquier cosa que oculten es lo mismo que traición, y Abraham no tolerará nada de eso, cuando todo termine regresaremos con él de inmediato, yo me encargare de eso. Ángeles caídos, falsos profetas, invocadores o Shaeyvah. La información que tengan de ellos es una ventaja, son pocos los invocadores que podrían combatir contra un pacificador cuerpo a cuerpo, su ventaja está en el número, la sorpresa de los demonios que los ayuden y con cuánta antelación sabrán de nuestra llegada.

—Los que nos encontramos en Ilyberk estaban muy bien entrenados en combate, sin criaturas ni la intención de llamar una lograron su cometido —Replico Luciel apretando los nudillos.

Las emociones se desbordaban en su cuerpo, la más mínima lograba gobernar sobre él. Comenzaba a desesperarse sin poder aclarar su mente, los recuerdos y los pensamientos sobre Raegan inundaban su cabeza. Comenzaba a deslizarse poco a poco hasta que uno de los murmullos tomara control de su sí. «Nada —Dijo una monótona voz que no reconoció» Con un respingo estuvo a punto de tirar el trozo de pan que aún no terminaba de comer, pero que le devolvió cierta claridad en sus emociones.

—Pocos, muy pocos... —Aclaró Liva cerrando los ojos como si quisiera recordar algo —Nuestra ventaja sería si nadie llega a ayudarlos y podemos sitiar la ciudad, encerrarlos como ratones. Los invocadores tienen un número límite de criaturas para controlar y llamar, depende mucho de cada uno, pero sabemos que sus molestos soldados se acabarán eventualmente... Luego será tiempo de que aparezcan aquellos que pueden mantener un combate al mismo nivel que nosotros, ellos no necesariamente serán invocadores y en muchas ocasiones son productos de experimentos que llevan a cabo... Solo manténganse en grupo, no busquen pelea e informen como hasta ahora, su misión es ayudarnos, no traer la espada de vuelta. Recuerden eso...

El desayuno continuó luego de una afirmativa respuesta por parte de los pacificadores.

Nacido del DeseoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora