Cuando retomó la vista se hallaba en una ciudad extrañamente similar. Una ciudad de La'Rose que tenía un tono azulado en todo el ambiente. Para Luciel era como si algo se le hubiese pegado a los ojos dando ese color a todo lo que se hallaba ahí. Los edificios y el suelo mismo se desgajaban en movimientos constantes y se evaporaban como ilusiones y fantasmas que mareaban la vista rápidamente. La realidad en la que se hallaba ahora, el Shae'màni, se doblaba constantemente por todos lados marcando un único camino. Hacia una torre de igual piedra azulada en el medio del castillo, torre que no existía en la ciudad que Luciel conocía.
La torre de un azul helado daba la impresión de ser hecha de cristal o hielo grueso, escarchada en blancos tejados jalaba toda la realidad hacia ella girando en una espiral que doblaba lentamente todos los edificios, y a veces Luciel sentía que el mismo era retorcido por aquella torre.
Guardó su sorpresa y pensamientos de todo lo sucedido para un momento diferente. Empujaba todo eso lejos de su pensamiento sumiéndose aún más en una vacua tranquilidad y calma que lo mantenía concentrado en cumplir su deber.
Comenzó a llamar las almas del ambiente para poder realizar milagros y que le apoyaran en combate.
Para Luciel era la primera vez que lo intentaba realizar en un Shae'màni. Pensó que los otros milagros que tenía preparados, como su túnica encantada, la mochila sin fondo y más importante la regeneración en su cuerpo, le darían el suficiente apoyo para enfrentarse a casi cualquier cosa. Si de algo podia estar orgulloso era la flexibilidad en combate de la que se había encargado labrar. Y las almas que acudían a su llamado pegándose a su alma le darían muchas más oportunidades de realizar exitoso su ultima prueba antes de convertirse en pacificador.
Llevar aquellas almas consigo siempre significada una gran carga mental, las voces y las vidas de todas ellas se presentaban en su cabeza como visiones de sufrimiento. Luego cuando las usaba para realizar algún milagro no se iban sin antes causar más sufrimiento a él. Su cuerpo lo resentía de diferentes formas de acuerdo con la audacia de sus milagros. Y sin embargo, lentamente sentía que podia soportar cada vez más por la ayuda constante de los murmullos que había tenido en su cabeza desde niño.
Caminar por un mundo de pesadilla significaba ser cauteloso a cada paso y su primera estancia en uno de estos dio cuenta de la razón de ello muy rápido. Shaeyvah menores, espantos y horrores de los que solo había leído o ser descritos, pero nunca visto. Todos salían de entre callejones, ventanas y puertas con el solo fin de detener su avance hacia la torre de cristal. Luciel en todo momento se halló en completa concentración, encendido en los colores de su alma. Las memorias de sus amigos y conocidos esperaban fuera del pozo para recordarle que no debía salir de esa vacua calma en ningún momento.
Esgrimió sus dos espadas con la habilidad que solo se gana por años de práctica diaria. Un constante esfuerzo del que ninguno de los niños que va a parar a la academia de pacificadores se salva. Pero uno del que Luciel estuvo más que dispuesto desde el inicio, quería devolver esa esperanza que le dieron al encontrarlo y darle vuelta un hogar. Practicar día y noche, estudiar día y noche, sin descanso para cubrir todo lo que podría ser un problema, sin importar el poco o mucho talento que podia tener, todo ese esfuerzo podia dejarlo salir a relucir ahora.
Las personas señalaban en él un destino de grandeza, un talento que se ve pocas veces y una apariencia que lo distingue como un ser casi divino. Sin embargo, todo eso que señalaban y aplaudían también era un constante recordatorio de toda la envidia que generaba, de toda la expectativa que tenía en sus hombros y de la que no estaba seguro si quería cumplir. Para Luciel ser el que se pone frente a las llamas y aquellos que hacen daño con tal de salvar una persona, era más que suficiente para esforzarse como lo hizo durante todos estos años.
ESTÁS LEYENDO
Nacido del Deseo
FantasíaLuciel D'chain ha dedicado su vida a convertirse en un pacificador, héroes de la iglesia que protegen de lo sobrenatural. El día de la ceremonia de graduación es separado de sus amigos, viéndose envuelto en una misión que implica recoger y escoltar...
