De pie junto a una repisa llena de pergaminos y viejos libros con tapas de cuero y madera, se hallaba Sereph. Con metálico cabello atado por debajo de los hombros, dejaba a la vista todas las grietas de su rostro que se extendían desde debajo del cuello como raíces hasta sus ojos, en él, se veían casi como lágrimas. Se acercó en un par de zancadas tan gráciles como las de una bailarina y alzó la vista a ella.
—Has crecido, en estos años en que no nos vimos, es bueno verte —Dijo Sereph con un extraño acento en el que marcaba todos los sonidos en un ceceo, como si fuera una serpiente. Eoin no pudo evitar reírse al escucharlo, al igual que ella lo había hecho la primera vez que se encontraron. Y Niall regañó en silencio a su hijo.
—Perdonad a mi hijo, no llega a leer el ambiente por completo. —Dijo Niall al poco.
Sereph se limitó a dar una media sonrisa a los dos y abanicar con la mano para demostrar que no debían preocuparse. Medio palmo más bajo que ella, la esbelta figura de él tenía un aura de amabilidad que apartó el miedo inicial que tuvo a los Haeva cuando lo conoció.
—También es una alegría para mí, Senescal Dor'xeil —Dijo Adelayn dando un par de pasos para estrechar su mano y luego se detuvo por la etiqueta que debía mantener, llevando su mano de vuelta a un costado.
—Tomen asiento, por favor —Indicó Sereph mostrando un conjunto de sillones de piel de un oscuro color como el vino. —No es necesario el trato formal, por lo menos no si estamos solo nosotros aquí, como puedes escuchar no hablaré en Dá'inara.
La habitación, tan grande como la mayoría de las tabernas en que había estado, era realmente una biblioteca plagada de gruesos tomos alineados casi a la perfección. Sin apenas ningún otro adorno, saltaba a la vista un estandarte de Aenthos alzado justo en el medio de la habitación, detrás de un escritorio de finísimo trabajo. A diferencia de Cilya, Sereph no contaba con ningún guardia a la vista y las criadas los dejaron solos sin que recibieron la indicación. «Todos sabían sus lugares y lo que debían hacer» Comprendía que Sereph había participado en la guerra del dragón, y mucho antes se encontró al igual que ella con la gente que unos años después crearían el imperio. Apoyó en la expedición a la mancha de las eras, y peleó contra el primer dragón que trajo fama a Litae. Estaba a un nivel diferente de ella, tanto en el gremio como en el imperio, pero esperaba siguiera pudiendo hablar con él cómo antes.
—Me parece que ustedes tenían algo importante que consultarme —Dijo Sereph al tomar asiento justo delante de su grupo —Ha despertado mi interés sobre todo las noticias sobre la iglesia de Gabriel en Ilyberk. Aquí también han llegado, y comenzado a causar problemas, ninguno grande por suerte.
—Si, sobre eso... —Dijo Adelayn con la idea de tomar la iniciativa, más no tenía idea de cómo comenzar el tema. «Vamos solo dilo» —¿Podemos hablar de lo que sea aquí?
—¿Tan grave es? —Preguntó Sereph e inclinó todo su ser como si quisiera comenzar a susurrar —Adelante, nadie debería poder escuchar lo que se diga en esta habitación. No sin que yo me enteré.
—Mucho, me temo. En ese entonces hay bastante que comentar —Aseguró Adelayn con los labios apretados —Precisamente, es por la iglesia que queremos hablar contigo, por lo sucedido en ella, en la catedral.
—Si estás preocupada por nosotros, los heraldos ya se encargaron de un molesto grupo hace poco... —Comentó Sereph en una mueca de incomodidad. Se alegraba que no hubiese cambiado esa facilidad para leerlo, pese a que podría traerle problemas a él —Además de que ni siquiera los caballeros de marfil harían algo sin nuestro consentimiento. Han sido pocos años desde que perdieron contacto con los bosques de las estaciones, pero por lo menos a ellos les queda en claro quienes mandan ahora estas zonas.
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Nacido del Deseo
FantasyLuciel D'chain ha dedicado su vida a convertirse en un pacificador, héroes de la iglesia que protegen de lo sobrenatural. El día de la ceremonia de graduación es separado de sus amigos, viéndose envuelto en una misión que implica recoger y escoltar...
