8.Andante (Parte 2)

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El alba se hallaba pintada en naranjas cuando emprendieron el viaje hacia el puerto. Adelayn bostezaba por la falta de sueño que ella misma se había causado. En palabras de Cilya o Niall. «Tenía sueño porque ella es una insensata» Gruñía de forma similar al lobo color acero que llevaba en las alforjas. Rememoraba el incidente que la había dejado al borde de la muerte. Una parte de ella quería insistir que no era ninguna insensata, otra le recriminaba esa forma de pensar. Una tercera y la que más le molestaba insistía en ponerse a lado de Luciel para hablar con él.

Según Niall, el rubio de ojos lavanda le daba la misma impresión que los pacificadores que le ayudaron en el norte cuando lo necesitó. Hombres peligrosos pero confiables. «Es confiable, aunque eso lo pude deducir a la primera vez que lo vi... No por que fuese guapo, solo porque lo es. Me salvo la vida al fin y al cabo»

Ella nunca conoció a ninguno de pequeña cuando vivió en Astyel. Ahí, en el Golfo de las joyas tenían ideas similares. "Confía en ellos, pero no te relaciones demasiado o pueden ser un gran problema" Adelayn misma no sabía que pensar de los pacificadores. Había conocido a un par cuando naufragó. Ellos se ocuparon de muchas de las cosas que Cilya y ella no podían haber realizado. Fue gracias a ellos que ella se encontrase bien. Mas aún, era gracias a ellos que estuviera en una posición noble. Aun así, eran ellos mismos y su misterioso actuar la razón por que estaba tan apresurada a aprender cómo defenderse.

Se revolvía en la montura pensando que debería hacer y cómo debería actuar. Quería acercarse a Luciel, era la primera vez que había sentido algo así por alguien. Ella no era alguien que se guiara solo de aspecto, no. Ya no era una niña que pensase de forma tan simple. Por lo menos es lo que se repetía cada que se cruzaba con esos ojos lavanda. Se propuso a sí misma hacerse inmune a los encantos de Luciel, pues solo así sabría lo que sentía.

Para eso debía verlo muy de cerca.

Adelayn no advirtió su cercanía con el grupo de pacificadores hasta muy tarde. Improvisó alguna conversación con Luciel e intento agregar a la conversación al muchacho moreno llamado Justitia. De alguna forma salió victoriosa, a su parecer.

Luciel hablaba de un viaje que tuvo a Astyel y de las ciudades, la gente y las vistas. En algún punto ella hablaba mucho más de lo que ninguna ves había hecho. No se percataba como el rubio la había hecho conversar sobre los libros que había leído recientemente, su conocimiento de viaje marítimo y algunas las historias que los marineros contaban en el Mar del escudo. Había contado incluso opiniones muy personales sobre la ropa que debían usar las mujeres en Astyel, dando mucho detalle de porque los corsés deberían prohibirse. De alguna forma, sentía ella, Luciel la examinaba con detenimiento digno de un joyero.

Los demás pacificadores se limitaban a ver las cercanías con sumo cuidado. Habían dejado a ella y su grupo en el medio de toda la formación. Los escoltaban a través del camino entre Ilyberk y Madalena. Uno que ella juzgaba extremadamente tranquilo. Escucho de Cilya como se había puesto énfasis en dejar bien segura esta vía, apostando mercenarios en cada pueblo. Si algo pasaba, los mercenarios les darían aviso sin falta. Y como resultado no había escuchado de ningún problema en meses. En parte esa era la razón por la que se preocupó al ver Cuervos de Bertrand paseando tan tranquilos por el camino. Era su responsabilidad como hija del maestre del Litae, por lo menos en Beruem.

Perla la yegua blanca que le había regalado Cilya al salir del puerto, se movía constantemente entre la formación. «Debo dejarlo descansar, que desee mi compañía también —Se convencía a si misma» Niall la recibía con una pizca de desaprobación en el rostro, pero no decía nada. Niall nunca decía más de lo necesario. Era lo opuesto de su hijo. A veces Adelayn quería preguntar si Eoin se parecía más a su madre, más la posibilidad de tocar un tema complicado la detenían cada vez. Ninguno de los dos la había mencionado en el medio año que llevaba de conocerlos y ella opinaba que debía haber una razón.

Nacido del DeseoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora