6.Deshilachado (Parte 1)

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Habían pasado ya tres días desde que se terminó todo su tabaco, dos semanas desde que se despidió de Nela, y no conocía cuanto desde que avanzaba en lagunas. El ultimo pueblo, uno que recordaba solo por su inexistente amabilidad, se habían negado a dejarle comprar más tabaco solo porque no tenian buenas ideas sobre la iglesia de Gabriel.

Había estado fumando demasiado y su urgencia solo crecía a cada día como la necesidad de un hombre sediento en el desierto. La diferencia era que Luciel veía oasis de los que beber por todos lados, cuya agua constituía un pecado impensable para él.

Necesitaba aguantar, necesitaba disminuirla, cada vez más, cada vez más fantasías. Aun con el ruido en su cabeza y los murmullos, solo podía pensar en eso, no se alejaba de las imágenes de ellas que le perseguían cazándolo como una jauría. Quería encontrar solo la imagen de Sahely en el fondo de su pensamiento. «Agony parece dispuesta, podrías tomarla» Recordaba el murmullo de Airan, insistía en su diario.

El anhelo en su corazón debía ser más fuerte, debía conformarse con su mano e imaginación.

Recordaba en su diario todas las noches que era lo que debía hacer, y porque debía aguantar. Giraba el anillo de su dedo constantemente, lo apretaba, tarareaba sus recuerdos para calmarse y a veces buscaba en su alma el sentimiento de Sahely.

Ella se encontraba al oeste de aquí, su lejanía imprecisa oprimía su pecho.

Algunas noches pensó en salir sobre Cenizo a buscarla y regresar. Lo matarían si lo hacía, de eso estaba seguro «¿Ella estará más molesta si muero o si cedo?... Es algo que solo alguien que considere ceder podría pensar, debería morir, ¿Sería esa la mejor opción? O solo huyo del animal en que me he convertido» Pensó en alguna de esas ocasiones.

Vagaba por las zonas donde descansaban, hasta lugares donde podía ocultar su vergüenza, su debilidad por el deseo que le causaban las mujeres.

Notaba la atención que recibía de Sergius y Justitia, detrás de los árboles, entre los pastizales, atrás de las puertas, nunca desaparecía. Cada vez más cerca de él, creía saltarían a morderlo.

La angustia que sentía, le impedía dormir constantemente, era como estar enfermo, y probablemente lo estaba, no había otra explicación más que esa. Sentía que moriría a ese paso, algo en su cuerpo se lo advertía. Moriría, por una estupidez, y solo podía mantenerse vivo con pequeñas dosis de placer de su mano. «¿Cuánto durarían esta vez? —Se preguntaba cada vez que usaba su mano»

El animal que era su urgencia le pedía más. El mono se aferraba a su cuello ahorcándolo todo el camino. ¿Una semana? ¿Tres días? ¿Un día? ¿Una hora? La imagen de Sahely desaparecería, cedería. ¿A qué? No tenía importancia, cuando lo hiciera todo habría terminado.

Terminado con todo, él mismo seria quien terminaría con todo. Con sus manos aferraría su cuello y terminaría. El mono apretaba tan fuerte como su imaginación y él se agitaba con el movimiento, forcejeaba con el mono. Casi podía escucharlo, el sonido metálico de sus dientes chocando entre ellos. El mono había clavado las garras y no lo soltaría esta vez.

Un espectro en el camino apareció, como un largo trozo de hilo azul oscuro salía de su alma hacia el oeste, se deshilachaba.

Él se deshilachaba.

Su mano intentó alcanzarlo con desesperación, no quería que el hilo se fuera de sí, debía recogerlo antes de que alguien más se lo llevase.

Luciel se aferraba con una mano a las bridas de Cenizo, buscaba con su mano derecha en el camino que pasaban. Su cuerpo brincó junto al caballo cayendo en el suelo. Rodaba levantando polvo a su paso.

Nacido del DeseoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora