CAPÍTULO DOS - MARIONETAS

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Eleora

Jugar a las muñecas siempre será el juego donde se concibe el primer escenario en el que comúnmente una niña recrea lo que cree correcto que las personas hacen debido al aprendizaje obtenido de su alrededor. Cada vez que se juega la muñeca se transmuta en un personaje con una personalidad distinta a la que tenía en el escenario anterior dándole imaginación a quien le da vida en su mente.

A mí siempre me gustaron las muñecas porque disfrutaba mucho cambiarlas de ropa, diseñarles sus propios vestidos y coserlos pinchando mis dedos con las agujas para crearle un guardarropa completo, pero nunca las usé para un juego de rol ya que me parecía muy aburrido tener que usar a un juguete como una persona cuando podía usarlo de otra manera más divertida en la que se pudiera aprender a vestir, peinar y maquillar sin darle una identidad.

Aunque me he dado cuenta que jugar a las muñecas no solo es el primer escenario que tienen quienes lo juegan a temprana edad para diseñar diferentes escenas en los que pretenden darles vida a esos juguetes caracterizados, sino que también es el simulador de juego que usan los adultos para usar a personas como marionetas jugando con ellas a como les da la gana.

Siempre he sido una muñeca, pero no una de plástico, sino una de trapo a las que todos, incluyendo a los que dicen amarme, juguetean a tirar de mi cuerpo para que por sus acciones reaccione vivenciando atmósferas funestas de las que creo que viviré rodeada siempre en las múltiples representaciones que todos me han hecho personificar.

No puedo decir que mi vida es injusta, no puedo decir que la vida que he tenido no la merecía y no puedo decir que me arrepiento de vivir esta existencia enternecedora dominada por las actuaciones que he tenido que interpretar porque en cada uno de ellas superé lo que el tahúr pretendía que hiciera en un juego creado por él, pero en un escenario diseñado por mí.

Los años en los diferentes escenarios de juegos me han dado experiencia para saber que una cosa es la piensa quien se divierte jugando y otra muy diferente lo que hace quien lo divierte figurando en el teatro que está vivenciando.

Ser una muñeca en manos de jugadores expertos me tiene sentada en una silla de ruedas desplazándome entre pasillos de un edificio de un lugar que no logro distinguir, el sedante que recorre mi sangre me tiene los ojos apagados queriendo cerrar mis párpados, pero la impaciencia preponderante en todo mi raciocinio trae a mis ojos las lágrimas que ruedan por mis mejillas en cada parpadeo sabiendo lo que significa que esté aquí «Morí».

Morí a pesar de ser una muñeca de trapo por culpa de quién me convirtió en su juguete desde recién nacida para usarme como un personaje en su cuento sin fin, me hizo encarnar el peor papel de mi vida y me está haciendo querer personificar uno de los roles que más disfruto interpretar «La Maléfica culpable de sus tormentos, la Perversa culpable de sus sufrimientos y la Endemoniada culpable de sus muertes».

Reconocer para mí propio entendimiento cómo me siento se me hace imposible, no puedo encontrar las palabras correctas para describir todo lo que estoy sintiendo en estos momentos y no sé cómo puedo seguir respirando cuando mi máquina de oxígeno está en un cuerpo de una niña de cuatro años que con cada minuto lejos de mí me arrebata la vida.

Es mi dolor más grande entre todos lo que me golpean a la vez, las imágenes que capturaron mis ojos antes de caer por el abismo que nos suprimió la vida liberan de mi garganta un grito deteniendo al hombre que tira de mi silla de ruedas, pero es que la ausencia de Mikaela es un impacto de cañón en todo mi ser, la muerte de Lorenzo un proyectil de granada en mi cuerpo y la muerte de Henry...

—Henry— sollozo con los mocos saliendo acuosos de mi nariz—. Lo siento tanto— susurro entrando al ascensor.

Mihail agarra mi mano durante los segundos en el espacio cerrado y saber que la única persona que he tenido en mi vida conociendo todo lo que me niego dar a conocer a los demás ya no estará más a mí lado me mata todas ganas de ser diferente a lo que siempre he sido porque si dividiéndome en dos identidades por el bien de todos me han destruido tanto es porque debo enfocarme en mostrarme como lo que realmente soy dejando detrás mis aspiraciones de convertirme en alguien diferente solo por mis impertinencias de una vida nueva.

ESTUPORHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora