Eleora
Regreso a la habitación en la que pienso en lo que debo hacer ahora para recuperar a mi hija a pesar de que me duele aceptar que su padre tiene razones suficientes para quitármela.
—Por esta única vez tengo que salvarme sola —susurro pensando en las veces que fui rescatada por alguien más—, pero no con las armas que me dieron otros, sino con las que yo misma he creado.
Inhalo profundo cuando un ave oscura se estrella contra el cristal porque tardó para aparecer, cierro mis ojos escuchando con alguien sube las escaleras viejas con rapidez y exhalo por los toques que me avisan que ya llegaron por mí.
Llego al recibidor mirando a los hombres vestidos de trajes, sus aspectos atléticos llaman la atención de los huéspedes que están en las áreas comunes y me acerco a uno de ellos para que salden la deuda que tengo en el establecimiento.
Mis pies se detienen cuando sacan sus armas, las cuales detonan sangrientamente en las personas que estaban presente y el temblor de mis labios lo controlo quedándome quieta ante ellos; los selectos, del programa SELECTO de...
Alzo la mirada cuando percibo los pasos en tacones de botas entre las hileras de hombres armados y su aspecto lozano como todos los de su familia me obstruye la respiración por unos segundos porque sus ojos en un azul lúcido se conectan con los míos.
Mi espalda se endereza según avanza hacia mi queriendo vencer mi mirada, aunque es ella que la aparta cuando un cachorro pasa por su lado distrayéndola, no obstante, saca de su bolso de diseñador la pistola con la que le dispara poniéndolo a jadear, pero detona otra bala que lo mata sobre el pasillo.
Mantengo la saliva en mi boca para no tragarla cuando fijo mi vista en su cabello negro ajustado en un moño en su nuca debajo de un gorro elegante y admiro su gabardina azul oscuro hasta sus tobillos degustando la secreción que clausura mi garganta.
—Regístrenla —demanda con su acento eslavo notorio en un inglés británico encantador.
Sesgo la mirada cuando se apresuran a revisarme, pero me agacho al suelo extendiendo la pierna con la que barro sus pies, me levanto torciéndole los brazos en los que tienen sus armas y con maniobras rápidas las desarmo lanzando al suelo las piezas.
Alzo mi mano deteniendo la mano que me giraría desde la espalda, retuerzo la muñeca hasta escuchar el crujir de sus huesos y aplico en su cuerpo una sujeción que le desencaja los brazos de los hombros.
Usando las sillas de escaleras subo a la mesa que me permite llegar hasta la barra de la pequeña recepción, me lanzo a los cuerpos de los hombres y clavo en sus yugulares los bolígrafos que enredé en mis dedos disimuladamente.
Los pantallazos de lo que viví en la torre del padre de mi hija en Las Vegas me calientan la sangre porque comprendo su enojo porque me sentiría igual si yo fuera él, ya que si descubriera que la mujer que amo pudo acabar con todos los sicarios irlandeses con los que batalló con cuchillos para simular el escenario perfecto cuando había planificado en Esmirna, Turquía, junto a Onur Yıldırım la explosión de su casino Scorpion, no me la habría follado encolerizado como él lo hizo en tanto que le mentía para quitarle a su hija, sino que la habría matado porque sus decisiones tomadas para su conveniencia no se limitan de perversión, pero menos de peligro.
Los desarmo a todos en sacudidas rápidas de mi cuerpo pequeño escurridizo, termino en el suelo con una rodilla clavada en un pecho y un puño alzado para estrellarlo en un rostro masculino por el sofoco que padezco aceptando que mi victimismo ha sido mi máscara para ocultar la victimaria que soy.
— Mi nieta —dice Rut Mikhailova satisfecha de verme —. Tu tiempo de ser el borrego terminó así que levántate porque el momento de ser la depredadora llegó — afirma entregándome su mano enguantada.
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ESTUPOR
AzioneLibro 3. Sensaciones que matan. Lo que comenzó como un juego de sensaciones peligrosas se ha convertido en una guerra implacable por la redención. Eleora y Mihail, unidos por un amor que los ha salvado y destruido, se enfrentan a su prueba definitiv...
