CAPÍTULO TRES - HADO

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Mihail

24 horas antes...

Cuando a un niño se le pregunta acerca de lo que quiere ser cuando sea grande siempre responderá algo relacionado a lo que las personas que tiene en su entorno proyectan ser en el escenario que le ha tocado vivir interpretando un papel que a través de los años se va adhiriendo tanto en su piel que se olvidan de quienes son realmente.

Entre esas proyecciones siempre se concentran en el ser profesional facultados como doctores, abogados, profesores, deportistas, policías, bomberos, astronautas o científicos más que en las proyecciones personales porque es en esas perspectivas en las que pueden admirar las cualidades más significativas en las personas que lo rodean.

Casi nunca un niño responde que quiere ser malhumorado como su abuelo, que quiere ser afectuoso como su abuela, que quiere ser emocional como su madre y/o que quiere ser resistente como su padre debido a que esas cualidades pasan desapercibida en la admiración que se le hace a los demás, aunque en algunos casos sean esas mismas cualidades las que se amonestan porque las reconocen como defectos propios del ser desconociendo que ellas son la verdadera esencia que hace a esa persona memorable en el mundo.

Por esta razón más adelante en actividades curriculares o extracurriculares se personifican con un uniforme que evidencia desde la distancia lo que son impidiendo que otras personas decidan acercarse para saber quién es debido a que por su vestimenta se puede distinguir, suponer y confirmar como es entre los demás solo con mirarlos unos segundos.

En mi caso nunca respondía lo que esperaban que respondiera durante todos mis años de niñez porque con soberbia, altanería y orgullo les decía que no tenía que ser grande para ser alguien puesto que yo ya era lo que tenía que ser desde el vientre de mi madre, pero que si de elegir algo escogía ser siempre dueño absoluto de mi mente.

Esa respuesta siempre despertó curiosidad en mi padre porque esperaba que dijera que quería ser como él, pero a pesar de que lo admiraba mucho por sus cualidades distintivas tan bien adiestradas fue después de tomar mi liderazgo en la Bratva que descubrí quien realmente era dándole peso a la decisión que seguía escogiendo a través de los años.

Era difícil explicarle a un adulto por qué un niño desde sus seis hasta sus trece años recalcaba siempre que quería ser dueño de sí mismo cuando sus cualidades ya lo hacían uno, pero que tratándose de un individuo como yo esperaban que moldeara mi carácter, temperamento y personalidad para ser lo que todos esperaban que fuera creciendo entre los demás como uno más de los suyos.

Aunque para mí escoger ser algo se tornaba difícil por el peso del apellido que cargo, un apellido que ha trascendido siglos llevando en cada una de sus letras la historia de un Zarato ruso y una monarquía rusa a la que pocas veces quiénes lo tienen mencionan, pero que reconocen como parte fundamental de sus vidas porque ha sido siempre la línea divisora de lo que se quiere ser y lo que se debía hacer ya que fue esa monarquía rusa la que se quebrantó exiliando a sus miembros definitivamente de su parlamento real por su agravante ofensa en la creación de una organización criminal que pisoteaba la soberanía de todos los que formaban parte de ella.

Fue por esa razón que siempre acudía a la compañía de Lev Mikhailov porque él era el único que nos recordaba a todos quienes éramos antes de llegar a ser criminales porque la criminalidad la concebía como una profesión secreta a la que debíamos estar sujetos hasta que muriéramos porque los intentos de desaparecerla siempre fueron en vanos, pero recordándonos a todos quienes teníamos que ser en un mundo que nos había tachado lo títulos reconocidos hasta el final de nuestros días.

Siempre fue la misma guerra interna en todos los Mikhailov porque muchos disfrutaban usar sus cualidades innatas dividiéndose en ambos escenarios puesto que en los dos su apellido seguía siendo respetado con el más alto honor precisamente por sus formas de ser que estaban directamente relacionadas con la supremacía de ser los mejores en todo lo que se proponían hacer, pero en mi caso ser solo el mejor en todas las áreas que desempeñara no me era suficiente para todo lo que entendía que podía ser.

ESTUPORHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora