Narrador omnisciente
Existe una expresión que nadie se libra de decirla porque en algún momento de su vida le toca aceptar que nada dura para siempre, pero la realidad detrás de este dicho es que nada en este mundo se acaba, nada, absolutamente nada tiene un final ya que todo lo que creemos que ha llegado a su fin se transforma pareciendo que ha desparecido de nuestras percepciones por alterarse en todo lo contrario a lo que un día creímos que se convertiría.
Pasa igual con las personas, se transforman en lo que nunca pretendimos que se convirtieran, con objetos que se reforman pasando por procesos en los que se vuelven algo diferente, pero también ocurre con las sensibilidades, sentimientos y sensaciones.
Es en esa última transmutación que les parece tan difícil de aceptar a las dos personas que se encuentran subiendo a un helicóptero que nada dura para siempre bajo el frio de la nieve que cae sobre la cabaña que dejan detrás y cubiertos de la frialdad que empieza a recubrir no solo sus cuerpos, más bien sus emociones porque la confirmación de la gestación de un nuevo ser en un vientre había calentado el cuerpo que ella llevaba frio desde hace semanas en las que empezó a padecer temblores por el ataque de sus recuerdos frente a la única exactitud que tiene en su vida ya que cumplió su palabra de que la próxima vez que estuviera con su esposo ya ella no sería suya porque le puso tanta constancia a buscar respuestas que fueron sus labios los que se las dieron.
El silencio de Mihail subiendo a su lado la deja con una fatiga por sus respiraciones briosas y se envuelve en sus brazos con su mano apretando el colgante que se arrancó del cuello por la pérdida que sabe que está teniendo.
Sus lágrimas de complacencia fueron las que les dieron calma a sus desorientaciones que empezaron a crecer por la idea de tener más hijos cuando todo pronostica desolación enterándose que en su interior llevaba un hijo del hombre que se ha adueñado ingratamente de todas sus primeras veces, aunque su placidez germinó cuando comprendió que ella también ha sido las primeras veces en la vida de Mihail Mikhailov.
Esa confirmación cambió rematadamente las ideas que, insensiblemente estaba creando para enfrentar los planes de su marido por la invasión criminal en la política que terminaba de hacer en territorio americano a pesar de que tener su mirada hipnotizadora sobre ella diciéndole a su mirada temerosa lo que sentía con lo que les estaba pasando la hizo sentirse conforme con su vida porque serian padres por segunda vez y estaba vez estaban juntos para enfrentar lo que viniera contra ellos.
Esta vez estaban juntos, la emoción de su hija, quien sorprendentemente estaba muy feliz con la idea de ser hermana mayor, la aisló en una cálida cúspide de felicidad que la hizo olvidar de las complicaciones que tiene que revolver para conseguir estar donde ha planeado estar con su hija siempre.
—Estamos perdiendo a nuestro Betelgeuse— susurra ella aferrándose al abrigo por las compresiones que siente en su abdomen, las cuales las ha sentido desde que los labios de él se unieron a los suyos trasfiriendo a su memoria recuerdos que desataron un fervor en todo su estómago, que más tarde tranquilizó por las ganas que la someten cuando lo tiene cerca.
Espera escuchar su voz para fortalecer las emociones que quieren desplomarla porque enterarse que sería madre nuevamente la había puesto en una onda de bienestar nunca antes experimentada, fue como si todos los problemas que creía tener tuvieron soluciones porque un hijo del hombre que la mira con sus ojos oscurecidos siempre será ese algo que pensaba que no necesitaría nunca, pero que desde que tuvo a su niña en brazos supo que ser madre era lo único que necesita en su vida para sentirse perfecta.
Igualmente, esa noticia calentó el cuerpo de Mihail a causa de que llevaba seis días completamente gélido de saber que su mujer estaba contactándose con Wen Zhang, una mentora china de la unidad ALPHA de la zona exterminio de HADO en su base corporativa en Corea del Sur, quien le exigía que fuera él quien le aclarara lo sucedido en ese entrenamiento que él mismo se inventó «Arma Desnuda» porque en medio de la obsesión moderada que le tenía antes de cuidarla se trasformó en una obsesión obscena de poseerla deseando tenerla en su cama desnuda todos los días.
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ESTUPOR
ActionLibro 3. Sensaciones que matan. Lo que comenzó como un juego de sensaciones peligrosas se ha convertido en una guerra implacable por la redención. Eleora y Mihail, unidos por un amor que los ha salvado y destruido, se enfrentan a su prueba definitiv...
