Minerva
Las insistencias de sus dedos en mi interior doblan mi cuello, lo cual le permite asirlo con sus colmillos, aunque chupa, jadeo ardiendo en las llamas más profundas del infierno, porque sus labios detienen la circulación de mi sangre por la succión intensa que hace en mi piel.
Hinco mis dientes en sus hombros, disfrutando del dolor que le puedo causar, ya que desgarrarle la piel a la vez que araño su espalda debajo de su camiseta es la manera que encuentro para compensar lo que está haciendo entre mis piernas.
Disminuye la velocidad de sus penetraciones, pero sus labios descienden por mi clavícula a la vez que sus manos suben a mi cuello hasta acostarme nuevamente, sorbe mi cintura, agarra con sus dientes la piel de mis costillas, lametea mis costados, chupa mis caderas y vuelve a subir dejándome sentir su sonrisa.
—¿Qué pasa? —pregunto cuando besa mis costillas izquierdas.
—Tienes costillas de titanio —gruñe jadeando—, pero aquí, justamente aquí, llevaras la marca que te recordará siempre que eres mía.
—No necesito una marca física para recordarlo, Mihail —digo en un gruñido—. Cada latido de mi corazón ya me lo dice.
—Eres tan terca.
—Y tú, mi cielo, eres un tirano, pero eres mi tirano.
—Y tú, mi abismo, eres mi única dependencia.
—Entonces, marca mi corazón, cachorrito, porque ya te pertenece por completo.
— Siempre me ha pertenecido, cachorrita. Siempre me pertenecerá —dice besando mis labios.
—Tus labios tienen sabor a mí.
—¿A ti, dices? —pregunta tanteando su paladar— Patentaré tu sabor —me dice saboreándose los labios.
—¿Para qué? —pregunto retorciéndome debajo.
—Sí, mi boca sabe a ti —afirma haciendo sonidos de gustos a la vez que se saborea—. Quiero tener siempre tu sabor en mi boca, llevar un pedacito de ti en mi lengua —me dice penetrándome con precisión—. Tu sabor en mi boca es como si quisiera recordarme que eres mía.
—¿Y bien? —pregunto.
—Patentaré tu sabor para que siempre me pertenezcas, amor —dice serio— y para que, incluso cuando estemos separados, lo cual evitaré, aunque tenga que esposarte a mí, pueda saborearte todo ese tiempo.
— Eres un romántico en el sentido más inusual, Mihail.
— No podría ser de otra manera contigo —confiesa demostrándome su fidelidad–. Eres la única que ha hecho que mi corazón anhele el amor en medio del odio en el que siempre he vivido.
— Entonces, ¿cuál será el próximo capítulo de esta historia?
— El próximo capítulo, mi amor, será aquel en el que nuestros cuerpos se conviertan en el libro abierto de nuestros deseos —me dice a la vez que iguala su respiración a la mía entrecortada—. Una historia que nunca olvidaremos.
— Eres un buen amante, Mihail.
— Solo soy un hombre que sabe lo afortunado que es de tenerte —dice besándome apasionadamente.
—Dame —susurro mirándolo.
—¿Qué quieres que te dé? —pregunta levantando su cabeza para retarme.
— Quiero probarme...
Me calla cuando lleva los dedos untados de mis fluidos a mi boca entretanto que vuelve a hundir su cabeza entre mis piernas, me arqueo debajo de la crueldad de su boca, pero disfruto de un encuentro que nos compensa el tiempo perdido.
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ESTUPOR
AcciónLibro 3. Sensaciones que matan. Lo que comenzó como un juego de sensaciones peligrosas se ha convertido en una guerra implacable por la redención. Eleora y Mihail, unidos por un amor que los ha salvado y destruido, se enfrentan a su prueba definitiv...
