CAPÍTULO VEINTISIETE - SUPERNO II

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Minerva

Días antes...

El mar tumultuoso de mis pensamientos se agita como siempre lo ha hecho en un conflicto entre la verdad y la mentira, ya que me encuentro en el centro de todo, ¿acaso soy la guardiana de secretos que han forjado el futuro de las naciones? O simplemente una marioneta en el juego de poder del hombre que me mira a los ojos mientras me penetra ardorosamente con su pene, debido a que no puedo evitar sentirme como un hilo enredado en un telar complejo.

Me contó todos sus secretos desde los más simples hasta los más complejos, mirándome a los ojos, como lo hace ahora, me los confesó, confiándome todo lo que he querido saber de él, aunque ahora que tengo conocimiento de lo que almacena en su mente me encuentro en una revuelta emocional que me insta a desear no haber querido nunca saber la magnitud de los pensamientos que tiene Mihail Mikhailov para todo lo que lo rodea.

Aferrarme a su cuerpo en encuentros íntimos furiosos ha sido la cura para la enfermedad que me ha causado la grandeza de la malevolencia que lleva dentro, no me sacio de sus penetraciones porque antes eran la forma de entrar en su mente, pero ahora es la manera de salir de ella.

—Te deseo tanto —gruñe agarrándome la barbilla para abrir mi boca con su pulgar y dejar caer el hilo de saliva que saboreo en mi paladar completamente embriagada de su sabor.

Todos los días que hemos pasado juntos desde que nos reconocimos tal cual somos recuerdo su propuesta de matrimonio, ya que ha sido un torbellino de emociones que aún me cuesta comprender, no para mal, más bien por la felicidad que me causa haberme convertido en su prometida.

Sonrío sonrojándome porque hizo caer una lluvia de diamantes sobre mí para demostrarme lo valiosa que soy para él, aunque, por un lado, hay un fuego ardiente en mi interior que ansía unirme a él, forjar una alianza eterna que trascienda cualquier frontera, pero, por otro lado, hay una voz interior; Eleora Martinelli, que me advierte sobre las sombras ocultas detrás de nuestra promesa de amor.

Me deleito en su mirada profunda, sonrío extasiada cuando gruñe, pero no puedo evitar sentir como me vuelvo pequeña según avanza el tiempo con él a mi lado, ¿será que mi corazón se encuentra dividido entre el amor que siento por él y el miedo a que la consumación de ese amor sea nuestra perdición? es la pregunta que me he hecho desde que fijamos una fecha para nuestro casamiento, aunque aún no le encuentro respuesta.

—Pídelo—gruñe agarrando mis caderas para ver nuestros genitales cubiertos de nuestros néctares blancuzcos.

—Ládrame —pido notando la sonrisa ladeada que me brinda antes de acercarse a mi oído para empezar a ladrar.

Hinco mis uñas en su espalda disfrutando del balanceo sensual de sus caderas, las cuales se mueven produciendo un sonido melódico de nuestras leches, tiembla sobre mi cuando se desvanece por la venida y me aplasta con todo su peso respirando entrecortado.

—Te adoro, pequeña — susurra echándose a un lado, pero llevándome a su pecho.

—Yo te adoro a ti —digo controlando los latidos de mi corazón.

—No —dice molesto, aunque aparta mi cabello de mi piel sudada.

—¿No quieres que te adore?

—Dime te amo porque tú a mí me amas.

—Te amo — digo besando sus mejillas.

—Dímelo de nuevo —exige con voz de mando.

—Te amo.

—Otra vez —pide respirando hondo, aunque siento como los latidos de su corazón están acelerados.

—Te amo, te amo, te amo y te amo...

ESTUPORHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora