Eleora
Días antes...
Karoo, Sudáfrica
La claridad empieza colarse por las cortinas blancas dándome mucha placidez después de dormir por horas seguidas con la tranquilidad que caracteriza este lugar, la brisa las eleva llevándose cualquier rastro de amargura de la habitación y me muevo entre las sábanas blancas hasta lograr sentarme sintiéndome satisfecha con lo que tengo hoy en mi vida.
Abro mis brazos aspirando oxígeno frente a las puertas con vista al manantial que sigue pacificando mi corazón porque me satisface tener un espacio que absorbe mis angustias hasta convertirlas en consuelos.
Contabilizo el tiempo para soltar la exhalación que tranquiliza las emociones que siguen germinando con un rostro que aparece en mis sueños y cierro mis ojos deseando que el tiempo se paralice para que, por un segundo; un simple segundo, sea suficiente para olvidar todo lo que ahora recuerdo.
La calidez de Karoo se ha adherido a mi cuerpo permitiéndome descansar como tenía mucho tiempo que no lo hacía, pero en mis noches, dos lunas quedan sobre mi rostro, iluminándome con sus mentiras, pero cautivándome por ser yo su más indiscutible verdad y esto es lo que adelanta el tiempo porque ocho semanas bastaron para entenderme, aunque no fueron suficientes para entender las razones que ahora me tienen aquí.
A pesar de que sonrío, una gran sonrisa se intensifica en mi boca pastosa cómo lo hago todas las mañanas porque lo único que necesito entender es este amor tan grande que le tengo a quien tengo muy cerca de mí, aunque debo correr hacia la cama cubriéndome con las sábanas porque por lo único que debo preocuparme abre la puerta, que suelta el chirrido por la forma lenta en que lo hace, para empezar a gatear por el piso de madera y enredar su cabello en su espalda por las ondas naturales que se encrespan por sus movimientos rebeldes cuando duerme.
Finjo que duermo por sus movimientos cautelosos cómo una felina adiestrada, aunque el sonido de las tablas siendo golpeadas por sus rodillas me delatan por la risa risueña que suelto esperándola en la cama, me giro quedando boca abajo cuando alcanza mis tobillos, tira de ellos intentando sacarme y me agarro del borde del espaldar haciéndole creer que me está arrastrando.
—Despiértate, mamá— dice con su voz ronca, la cual creía que era por alguna gripa, pero con el pasar de los días la gravedad en sus cuerdas vocales le han cambiado su tono suave a uno muy fuerte.
—Buenos días —gruño sintiendo sus uñas clavarse en mis piernas cuando las araña agresivamente.
Pateo cuando sube sobre mi espalda, su cabeza la apoya en mi nuca y retira todo el cabello que cubre mi cuello para besarlo. Me abraza por los hombros rodeando mi cintura con sus piernas, respira profundo haciendo que cierre mis ojos y empieza a levantar los vellos de mis brazos cuando los acaricia.
—Pronto saldrá el sol— susurra—. Vamos a darle la bienvenida.
Me giro con cuidado para atraparla entre mis brazos, me levanto con ella sujeta a mi cuello y mis costados, su cabeza la acomoda en mi hombro y camino hacia el patio donde se encuentra la hamaca en la que me cuesto con ella para ver el alba.
Se rueda entre mis piernas para dejar su cabeza en mi vientre, levanta la blusa de pijama para besarlo y deja su oreja pegada para mirar hacia el lado por el que subirá el astro.
Nos mesemos en vaivenes suaves, acaricio su cabello desenredando las hebras con mis dedos y me freno pensar en situaciones que no merecen reflexión porque mi vida es hoy, no ayer, no mañana, sino en este instante en el que estoy consolidada con una realidad a la que me toca hacerle frente para continuar viviendo.
ESTÁS LEYENDO
ESTUPOR
ActionLibro 3. Sensaciones que matan. Lo que comenzó como un juego de sensaciones peligrosas se ha convertido en una guerra implacable por la redención. Eleora y Mihail, unidos por un amor que los ha salvado y destruido, se enfrentan a su prueba definitiv...
