Eleora
Toco la llave que asegura las puertas del carro, el cual los hombres admiran por el negro reluciente y mis pasos en tacones me adentran al sitio con música y frunzo mi ceño cuando veo a Escorpión entregarle una cerveza al niño.
Me acerco para apartar de su mano la bebida, aunque me quedo paralizada cuando veo a alguien atado en una silla en el centro del bar con una funda negra en la cabeza y puedo identificar de quien se trata llenándome de regocijo.
—Me lo pediste y te lo traje —me dice Miguel gozoso.
Con una inclinación de mi cabeza pido que lo lleven a otro sitio, sigo el pasillo que toman los hombres tatuados y me dejan a sola con el hombre que quito la funda para liberar los mechones negros que le caen por la frente.
—¿Dónde está Arthur? —pregunto incisiva.
—Con tu marido.
—No tengo marido —afirmo mirándolo a los ojos.
—¿Dónde están mis hermanas?
—Cuando me entregues las bombas que me vas hacer con tus explosivos te las entregaré y debes agradecer que quiero darte la oportunidad de quedártelas en una partida de póker —susurro mirando su rostro de cerca por primera vez.
—¡Maldita hija de puta! —grita queriendo levantarse de la silla para golpearme, pero lo callo enterrándole mi puño en la cara.
—Aquí quien ofende soy yo, así que ten cuidado con tus palabras porque me dicen capadora —gruño en tanto que con mi rodilla desnuda por la minifalda en cuero que tengo puesta separo las suyas para agarrar su pene—, pero sería muy satisfactorio cortarte un órgano que ofrece mucho placer como tu lengua —susurro en su oído.
—Te aseguro que no dirías lo mismo si estuviera suelto porque te follaria como la perra que eres —me dice sorprendiéndome cuando suelta una de sus manos de la cuerda que la mantenía amarrada en uno de los soportes de la silla, agarra un puñado de mi cabello y me acerca a su boca en un aferre fuerte.
—Que me follen como perra es lo que más me gusta —susurro sonriéndole a la vez que suelto el gemido sobre sus labios por la fuerza que aplica en mi cabello.
Me suelta cuando su amenaza en vez de ofenderme me halaga, le devuelvo su atrevimiento agarrando con fuerza el miembro que se endurece en mi mano y sonríe en una mueca de rabia cuando se alarga, lo cual me obliga a soltarlo.
—¿Dónde están mis hermanas? —vuelve a preguntar moviendo su cabeza para apartar su cabello.
—Tengo una cita a la que debo asistir para averiguar eso, en realidad, son dos citas, pero para ir sería muy conveniente de tu parte que me digas lo que necesitas para hacerme las bombas que te pedí...
—¿Para qué las quieres cuando tienes de marido a alguien como Mihail Mikhailov?
—¡Yo no tengo marido!
—Demuéstralo —me tienta.
—No tengo que demostrarte nada.
—Como gustes, pero cambiaré mi pregunta, ¿para qué quieres dos bombas cuando te has levantado entre naciones para hacer un acuerdo de paz?
—No te importa —gruño atando su mano en la silla.
—¿Cómo ha estado Ivan? —pregunta riéndose de repente.
—No debe interesarte la vida de un hijo de Damon Martinelli cuando fue quien secuestro a tus hermanas —comento recordando a la niña que vi en la casa de los familiares de mi hija.
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ESTUPOR
ActionLibro 3. Sensaciones que matan. Lo que comenzó como un juego de sensaciones peligrosas se ha convertido en una guerra implacable por la redención. Eleora y Mihail, unidos por un amor que los ha salvado y destruido, se enfrentan a su prueba definitiv...
