Eleora
Mihail sostiene mi mano, me quedo en la misma posición, veo como mi hermano se adelanta a nosotros evadiendo al ruso de la moto y sentir el dedo medio de Mihail en mi palma me incita a mirarlo porque no se cansa de ser necio hasta en situaciones como estas.
Siente mi mirada sobre él, mueve su cabeza a sus lados con un leve movimiento y me mira por unos segundos dejando sus labios en una línea recta. Aprieto sus dedos por un largo rato, las horas pasan saliendo de una ciudad de Nevada a otra y nos estacionamos en una hermosa cabaña que posee un helipuerto en medio del jardín.
El sol ya se logra ver en un extremo del cielo despejado, los franceses son los primeros en salir del Jeep, espero por Mihail que se apresura a abrirme la puerta, dejo mis pies en sandalias en el pavimento de la casa y miro a mi alrededor queriendo saber dónde nos encontramos.
Mihail arregla el pedazo de tela que me cubre porque al tener los senos más grandes a como los tenía cuando compré la bata ya no encajan en las delicadas copas dejando visible gran parte de la piel de mis senos y agarro la mano de mi marido viendo como las hermanas Bettencourt se abrazan cubiertas de fango.
— Estamos en Stateline— informa Ephrem dejándome ver mejor su rostro—, envíe a algunas personas a evaluar cómo quedó tu propiedad para saber si hay algo que pueda ayudarnos en la investigación, Dominika se encuentra justificando tu último mandato, debemos darnos un baño y empezar a comunicarnos con las personas debidas para saber contra qué nos enfrentamos porque esos individuos no son humanos comunes— dice acercándose a nosotros.
—Solo somos nosotros— dice Mihail caminando hacia el interior de la casa—. No involucres a nadie de la SHC ni a Jov ni Dominika porque los necesito en sus posiciones, yo me encargaré de enfrentar a quienes me quieran atacar por tener lo que todos quieren y sobre lo presenciado hace un rato no te preocupes— pide bajando el tono de voz—. Entre menos personas sepan es mejor y trata de que Saymon se mantenga al margen con sus intervenciones absurdas porque yo no necesito que nadie me defienda — ordena caminando hacia la entrada.
Me lleva a su paso casi maltratándome por la rapidez con la que camina, observo como Gabrielle está con Olivia con los gritos que le roban el oxígeno de los pulmones y confirmo que Nicolás está bien notando cómo habla con Adolphe quien llora en sus brazos señalándole hacia mi posición.
Me encojo de hombros cuando Nicolás mira hacia mi descubriendo qué si soy capaz de cortar testículos, una de las sandalias se escapa de mis pies y debo empujar a Mihail porque está ardiendo del enojo.
—Cálmate— pido entrando mi pie en el calzado.
—Cállate— gruñe con la voz más ronca.
Echo un vistazo a la decoración confirmando que es otra casa de Mikhailov por los detalles característicos de sus casas, me lleva hasta unas escaleras que sube con rapidez y nos adentra a una habitación.
—Comunícate con ese niño ahora— demanda rabioso.
Enciendo la pantalla del celular, pero está bloqueado, salgo al pasillo llamando a Nicolás para que le quite la seguridad y todos suben a la habitación buscando explicación y dejando a Mihail con su mirada en el cielo por la ventana como si esa es su forma de pacificar sus molestias.
—No contesta— susurro notando la sangre del brazo de Grigory.
—Déjame hacerlo yo— se acerca Mihail arrebatándome el celular.
Intenta diez veces más, pero no le responden. Echamos a los demás a sus habitaciones para que se quiten la suciedad de arriba, entro al baño sin dejar de marcar el número y dejo el celular en la encimera del lavabo en altavoz.
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ESTUPOR
AkcjaLibro 3. Sensaciones que matan. Lo que comenzó como un juego de sensaciones peligrosas se ha convertido en una guerra implacable por la redención. Eleora y Mihail, unidos por un amor que los ha salvado y destruido, se enfrentan a su prueba definitiv...
