CAPÍTULO ONCE- ODISEA I

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Eleora

Cuando se trata de solucionar un problema siempre se busca el origen de esa problemática porque solo conociendo de donde surgió se puede hacer un recorrido por todos los arrastres que ha estado haciendo desde su inicio hasta el punto en el que se considera uno muy grande, aunque mi problema es uno al que no le encuentro sentido; me estoy volviendo loca, puesto que ese problema soy yo y en mi memoria no tengo un inicio para saber cuándo comencé a ser uno.

Desconozco quien soy, estoy enloqueciendo lentamente porque lo que empezó como una contrariedad entre lo bueno que veo en mi cuerpo y lo malo que siento en mi interior se convirtió en una aglomeración de sensaciones, las cuales se intensifican según avanza el tiempo en mi mente, que se proyecta en mi cuerpo por los desvanecimientos que me toman robándome coherencia, llevándome mentalmente a lugares que fui hace ya muchos años.

Aunque cada vez que los recorro en mi memoria desearía regresar físicamente a ellos para comprobar, una vez estando allí, pese a que ya haya pasado tanto tiempo de haber estado en esos sitios, pero me es necesario; como nunca creí que necesitaría algo, si es cierto que todo se dio de esa manera y no como he creído siempre que se dieron porque de no hacerlo estoy segura que terminaré en un psiquiátrico ya que estoy próximo a convertirme en una obsesiva de mi propia vida a causa de que le estoy empezando a tener miedo a lo que he vivido puesto que ahora que empiezo a examinar mis años de vida he descubierto espacios en blancos como si fueron sustraídos para que no los recordara, si bien es mi propia locura que me está ayudando a llenarlos.

Es realmente despreciable tener que hacer uso del placer para conseguir viajar a esos sitios porque en la cercanía del potencial culpable de esos vacíos mentales que puedo viajar al pasado debido a que tengo un aparente interruptor que funciona de acuerdo a la intimidad que tenga con él.

Es un interruptor que estoy luchando por encontrarlo desde que estaba en Canadá, cuando las siglas SHC abstrajeron mis pensamientos recordando cuidadosamente mis años de entrenamientos en el continente asiático, pero que en esos mismos recuerdos posteriores tenga la misma sombra de la persona que concibo que me ha seguido en la oscuridad me motiva con las pocas fuerzas que me quedan en encauzarme a la búsqueda de ese interruptor para destruirlo completamente.

Mis dominios propios están a la defensiva, mi cuerpo sigue reaccionando a la única que persona que siempre ha tenido potestad sobre mí y que siga teniéndola me confirma que si soy un problema fue porque él mismo se encargó de crearlo, dolorosamente, él mismo, Mihail Mikhailov, mi esposo y padre de mi hija, se encargó de crearme como su problema más grande para completarse como hombre en lo personal, profesional y placentero.

«No tengo pruebas, pero tampoco tengo dudas»

Él mismo me ha dicho en las madrugadas en las que no conseguimos dormir que nunca le ha gustado dominar a nadie porque se considera poderoso cuando domina su propia mente, pero estar ahora en un momento en el que su poder se rige entorno a mí me hace deducir que no es su mente la que lo hace sentir poderoso, sino que es la mía, por lograr adueñarse de ella en su totalidad; aun no encuentro explicación para esta absurda idea, pero en este instante puedo afirmar firmemente que su verdadero poder lo ha conseguido por la conquista, dominación y dependencia de mi propia mente.

Ya no sé distinguir entre lo que es verdad o es mentira, sin embargo, lo que puedo distinguir es que en mis verdades y en mis mentiras él siempre ha estado, para muchos algo vehemente, pero para mí muy malevolente viniendo de alguien como él a alguien como yo.

Y es ahí donde tengo otra contrariedad ¿cómo soy yo?, es una pregunta a la que no le he podido encontrar respuesta pese a que le he dedicado mucho tiempo, pero a este punto de desequilibrio especulativo, lo cual me ha hecho entrar en arrebatos de ansiedad en los que me hiero, saber quién soy y como soy es una aventura a la que me quiero lanzar porque quisiera morir sabiendo, por lo menos, como quién me fui de este mundo.

ESTUPORHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora