Narrador omnisciente
Son muchas las personas que creen en la suerte, son muchas las personas que creen en el destino y son muchas las personas que creen en el azar, pero a pesar de que existen muchas personas frívolas que viven por dicha de sus propias decisiones existen otras tantas que creen en los resultados, que creen en las consecuencias y que creen en los efectos que traen siempre la firmeza de trabajar arduamente para obtener los logros pautados en cada plan orientado, aunque esas personas resistentes a sus habilidades en algún momento de su vida han tenido un día donde la suerte, el destino y el azar ha estado presente desvaneciendo su incredulidad en los hechos basados en vicisitudes inverosímiles porque admiten que sus acciones no eran suficientes para el tipo de resultado que alcanzaron cuando menos lo esperaban.
Se puede decir que Damon Martinelli es un hombre que ha vivido por suerte porque desde su nacimiento hasta la actualidad todas las dichas que ha tenido en su vida no han sido por sus buenas decisiones sino por las decisiones que han tomado otros arriesgándose siempre a qué los resultados de sus acciones le favorezcan a él de una manera hasta un poco milagrosa.
Son esos resultados los que tantea Damon Martinelli pensando en sus deducciones desde hace unas semanas, ya se está cansado de mentirle a los demás como también de mentirse así mismo de sus verdaderos planes, los cuales fueron los que lo llevaron hace más de treinta años a planificar como quitarse a su competencia más peligrosa que era la que el mismo lideraba en una estructura criminal, aunque también eliminar rotundamente a una estructura criminal como la Bratva, ya que esta era igual de peligrosa a lo que simbolizaba su herencia única Martinelli El Esqueleto.
Para él ser grande es una aspiración muy ambiciosa, pero ser fuerte es una avaricia que alimenta cada día de su amenazadora vida hasta que logre saciarla. No pasó largos años en la espera de su momento de reconocimiento por migajas de veneración por ser un líder de una mafia que no lo respetaba; que no le respeta porque si le rinden tributo es por el miedo que le ha implantado encerrando a sus familiares en un calabozo porque de no ser por eso ninguno de los miembros de la Cosa Nostra le llamaran patrón.
Tampoco se ha quedado sentando en el banco por tanto tiempo para ser solo conocido como uno de los criminales más temidos, no por su fortaleza, sino por sus astucias que le han permitido estar donde se encuentra pisando tierra en Italia y no soportando ver como usan su imagen como escudo para desviar lo que hace una entidad poderosa en las sombras de sus luces que persiguen la oscuridad desde hace muchos años.
La criminalidad a nivel mundial es una gran fuente económica que indirectamente favorece a los gobiernos, eso es algo que sabe muy bien porque estudió en Australia durante seis años los beneficios que obtienen los grandes mandatarios de cada país en los negocios ilícitos para sus incrementos de economías nacionales e internacionales y los últimos años se convenció de eso cuando miembros de instituciones de justicia desviaban las investigaciones hechas de sus negocios a información confidencial o carente de pruebas para de esa forma mantenerlo activo en sus negocios porque se benefician en gran manera de todas las intervenciones delictivas que hace en sus asentamientos de criminalidad.
Él sabe que su gran movimiento de fingir su muerte le dio mucho tiempo, el cual es lo más valioso después de la vida, para entender porque la corrupción existe en todas las naciones, pero no tanto tiempo como el que obtuvo años anteriores a ese día en el que consiguió alcanzar su cometido por encima de los intentos de Galya Moskaleva y su hija Ivette Mikhailova de arruinar sus planes.
Puso en unas manos bañadas en su propia sangre su plan inicial desde que la suerte puso en las suyas en una noche lluviosa de Versalles en Francia a una hermosa niña de ojos zafiros mágicos por el azul oscuro que a través de los años se le parecían a unos muy especiales de la familia Martinelli al punto de olvidar que ella era hija del Capitán Bennet Monroe y la Teniente Leonora Bettencourt porque crecía con una sabiduría envidiable como la de alguien que pensarlo le encrespa los vellos de la piel por el terror que le causa su nombre, pero que eran esos mismos ojos los que le recordaban que hay armas letales que matan con una mirada, con una caricia y con un beso y por eso no dudó en jugar al azar entregándole a quien en ese momento fue recién proclamado líder de la mafia rusa Mihail Lukalovich Mikhailov a su arma que provocaría su descenso con una herida mortal porque eso era, es y será siempre Eleora, un arma mortal.
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ESTUPOR
AzioneLibro 3. Sensaciones que matan. Lo que comenzó como un juego de sensaciones peligrosas se ha convertido en una guerra implacable por la redención. Eleora y Mihail, unidos por un amor que los ha salvado y destruido, se enfrentan a su prueba definitiv...
