Capitulo 4

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(Editado)

Bianca de Santis

La maleta cada vez se va llenado, meto todo lo necesario en ella. Mi cabeza va a explotar de tanto pensar, no se que hacer, tampoco sé si es verdad o no, todo paso muy rápido, peor se decían tan serios y seguros de sus mismos que me hace dudar.

Sigo metiendo el máximo de cosas en la maleta, el tiempo pasa y la hora para que ellos vengan se acerca.

Escucho ruidos abajo. Así que bajo para ver de quien se trata. Veo a Gabriella con la boca abierto al ver que toda la casa esta envuelta con trapos blancos, como en una mudanza. Se queda parado viendo toda la casa, sus ojos no se detiene en un dolor lugar, sino en cada amueble cubierto.

-Que esta pasando- dice préocupada.

No puedo dejarla aquí,es como mi hermana, ella estuvo aquí para mi siempre que la necesite. Tomo su brazo, y la subo a su habitación antes de que los hombres lleguen.

- Se que necesitas una explicación, lo sé, pero ahora no tenemos tiempo para dar detalles. Solo tengo que ponerme una sola pregunta, si te niegas que sepas que siempre te amare como la mejor amiga que eres-

Nos paramos en la habitación.

- Que ocurre Bianca, solo dime, estaré ahí para ti incluso si es tirarse por un avión sin paracaídas-

- Estarías dispuesta a venir conmigo a Italia? Supuestamente encontraron a mi familia- sus ojos se abren como platos, pero me tranquilizo cuando veo su sonrisa crecer-

- Ahhhhhh!!! Claro que si, porque no me lo dijiste antes, vamos, no hay tiempo que perder- me abraza y después se pone a hacer su maleta junto a mi.

Te amo Gabriela y gracias por hacerme sentir de esta forma tan viva.

Escuchen las palabras de mi subconsciente.

La ayudo con todo lo que necesita, el tiempo se va acabando y escuchamos como abren la puerta de abajo. Para después escuchar la voz del hombre ruso llamarnos.

- El tiempo se acaba mujeres, es hora de ir a conocer a Italia- bajamos una vez más al salón, veo la cara de mi mejor amiga, peor ella solo mira de arriba a abajo al ruso.

No digo nada porque sé que es capaz de ponerse a gritar a estos hombres por la forma en que entraron a nuestra casa.

Rompiendo el cerrojo.

-Ella vendra con nosotros-hablo después de ver que solo los tantos hombres armas se mueven por la casa, tomando nuestras maletas y sacándolas a fuera.

- Esta bien, no hay problema, no tuvimos una negación del Rey, así que vamos, no hay tiempo que perder- habla el hombre al lado del dispuesto ruso. Su pelo rojizo hace contarse con su piel clara. Peor su sonrisa calma algunas nervios en mi.

Salimos de la casa. Miro a Gabriela quien me sigue el paso. La veo a la cara en busca de alguna expresión negativa. Pero ella solo me abraza y sonríe rápidamente.

Salimos del patio pero paramos nuestro con la boca abierta al ver los veintitantos jeeps negros parados en medio de la calle.

Nuestras maletas las van subiendo el el último, y por lo visto nosotras vamos en el segundo coche. Antes de subir, el pelirrojo se acerca a nosotros solo.

El Rey y su MedicinaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora