Somos Tres Capítulo 6

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No juzguen un libro por su portada...

En la habitación de Rous

Ya no sé qué hacer... ¿es que acaso lo busco de la manera incorrecta? Oro, leo la Biblia, intento hacer todo lo posible para poder volver a sentir a Dios... ayuno, hago cilicio, pero aún nada. Es como si... como si me hubiera abandonado, pensé, decaída.

—Señor, si en algo te he fallado, te pido que, por favor, me muestres en qué te fallé, para así poder corregirlo —oraba postrada en mi cama mientras, de fondo, escuchaba una canción que me representa muy bien: Perdóname, de Barak.

Al día siguiente

—Muy bien, ya tengo todo listo. Anoche, cuando llegué del culto, ya era muy tarde. Solo pude hacer unas 10 hojas, y luego me puse a orar. Suspiro. El profesor me va a matar. Veré si adelanto algo en la escuela. Me dijo que tenía que entregarlo antes de las 06:00 p.m.

—¡Rous! ¡Ya ven, el desayuno está listo!

—¡Sí, ya voy! —dije mientras dejaba mis cosas en el escritorio para terminarlas de organizar después.

—¿Cómo amaneciste, Rous?

—Bien, gracias a Dios. ¿Y tú?

—¿Acaso no me ves viva? Cada día que Dios me da la oportunidad de abrir los ojos, es porque estoy más que bien —decía mi abuela felizmente, mientras terminaba de preparar la mesa.

—Jajajaja, sí, Naná. Oh, cierto, Naná, me encontré con Clara.

—¿Clara? ¿La Clara que tú y yo conocemos? —preguntó mi abuela, mirándome intrigada.

—¡Sí! Ella misma. ¿Qué pasa?

—Suspira Rous, sabes muy bien que ella no me agrada mucho. Ella es diferente a nosotros y lo sabes. No se junten mucho, por favor.

—Abuela, no hables así de ella, no la juzgues sin siquiera conocerla. No juzgues a un libro por su portada.

—¡No la defiendas! Entiende, mi amor, solo quiero que estés en buen camino siempre. No quiero que ella sea una mala influencia para ti.

—Naná, lo sé, en serio... Sabes, hay veces que la persona que menos piensas te puede hacer más daño que cualquier otra.

—¡Sí! Es cierto, pero mira que te lo advertí.

—Bueno, ya comamos. Mis clases empiezan a las 11:30, pero me iré más temprano.

—Okey. ¿Le avisaste a Esther?

—Sí, le escribí esta mañana.

—Okey. Bueno, yo ya terminé. Terminaré de recoger mis cosas y me iré —dije mientras ponía mi plato en la cocina para luego buscar mis cosas e irme.

Habitación de Rous

—Bueno, creo que ya está todo listo.

Notificación del celular

—¡Oh, es Williams!

Ya llegué a la cafetería.
¿Vienes en camino?

Hola, ya estoy saliendo
de mi casa. En 20 minutos
estoy ahí.

Okey, entiendo. Tómate
tu tiempo.

Hablaba con él por mensaje mientras bajaba la escalera.

—¡Naná, ya me voy!

—¡Okey! Oh, Rous, por cierto, el pastor me dijo que dentro de dos meses va a haber un culto de jóvenes. Me pidió que les avise: los músicos, las adoradoras y ustedes, las danzarinas, van a hacer una colaboración. Los músicos les van a tocar a las adoradoras mientras ellas cantan y ustedes danzan. ¿Ok?

—Entiendo. Les avisaré a las chicas entonces para ver cuándo podemos reunirnos.

—Muy bien. Entonces ya vete. Dios te bendiga.

—Bye, abuela.

En la cafetería

Ya por fin había llegado. Cuando entré, pude ubicar muy rápidamente a Williams. Se veía muy bien... ¿cómo es que se veía tan guapo?

—Ya llegué, perdón por la demora. ¿Esperaste mucho?

—Si te digo que no, mentiría. Esperé mucho —me dijo sin siquiera parpadear, mientras escribía algo. Supongo que a él tampoco le dio tiempo de hacer la tarea.

—Lo siento... pero tampoco lo digas así —le dije con tono gracioso—. Entonces, dime, ¿para qué me citaste aquí?

—¿Que no es obvio? Vamos a estudiar. Te voy a ayudar con el trabajo que te dejó el profesor. Aquí te hice unas notas para que veas, ya que estabas distraída ayer. Y esto no es una cita —me dijo mientras aún escribía, con el ceño fruncido.

Ahora que lo pienso...

—Siempre tienes el ceño fruncido. ¿Por qué será?

—¿Qué?

¡Ohh, no! Pensé en voz alta.

—Na-ada...

—¿Te molesta?

—¿Qué?

—¿Te molesta que tenga siempre el ceño fruncido?

Me dijo Williams mientras dejaba su pluma en la mesa y se quedaba mirándome fijamente, con el ceño fruncido. ¿Acaso está enojado?

Además, de todo, no me molesta que tenga su ceño fruncido. De hecho, eso no le quita lo guapo. Al contrario...

—No, no me molesta. Te ves muy bien así.

—Okey. Entonces tenemos exactamente 1 hora y media.

—Muy bien... Y muchas gracias, de verdad.

—Sí. Dime, ¿cuántas páginas llegaste a escribir?

—Solo 10.

—Okey. Yo te escribí estas 5 para que avancemos más rápido.

Y mientras hablábamos del tema y escribíamos, pasó el tiempo, y ya estábamos de camino juntos a la universidad.

CONTINUARÁ...

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