Fe
Después de que pude hablar con mi abuela un poco, nos tocó ir a casa a descansar. Después de todo, logré decirle algunas palabras.
Realmente estaba agradecida con los chicos. He tenido muchos amigos, y ninguno había hecho esto por mí. Mientras Esteban manejaba para dejar a Esther en su casa, yo aún estaba pensando en lo que dijo Williams, pero estaba tan cansada que me dormí pensando en sus palabras. Sentí un sueño profundo mientras íbamos todos de camino.
Cuando de repente, sentí cómo frenó el auto bruscamente mientras dormía.
¿Ya llegamos? —pensé somnolienta. El camino era tan largo que pensé que ya habíamos llegado a mi casa, pero no, apenas estábamos en la casa de Esther. Pero... ¿qué es esto que estoy sintiendo? Se siente cómodo. Cuando logré despertar completamente, me di cuenta de que Williams y yo estábamos recostados el uno sobre el otro, durmiendo.
Me puse nerviosa. ¡¿Qué es esto?! Casi entro en pánico, sentía como si mis ojos dieran vueltas, no sabía qué hacer. Esteban estaba llevando a Esther hasta la puerta de su casa.
Antes de hacer o decir algo, suspiré. Lo dejé tranquilo durmiendo en mi hombro. Después de todo, es normal estar cansado. Pasamos casi toda la noche despiertos.
Cuando lo vi fijamente, tuve que admitir que se veía muy bien. Se veía muy lindo durmiendo en mi hombro. Sus pestañas son extremadamente largas, incluso más que las mías. Quiero tocarlas, vino ese pensamiento leve a mi mente... y cuando me di cuenta, ya tenía mi dedo casi en sus pestañas.
—¿Cómo llegó mi dedo ahí? —reaccioné de inmediato.
Cuando de repente, Williams abrió un poco sus ojos. Pude ver esos ojos profundos y, al cruzar nuestras miradas, estábamos tan cerca que estoy segura de que él podía escuchar lo rápido que latía mi corazón.
—¿Estás incómoda? —me preguntó con voz baja y pasiva, aún recostados el uno sobre el otro.
—No, no, ¿cómo crees? Sigue durmiendo... es solo que tengo un poco de sueño —le dije sin pensar.
De repente, él se sentó correctamente y, sin pestañear, puso mi cabeza en su hombro de una manera rápida y suave a la vez. Me puse tan nerviosa que preferí cerrar mis ojos, y pude sentir una breve sonrisa que venía de él. Sin darme cuenta, me volví a quedar dormida junto a él.
Casa de Rous
Después de un largo camino durmiendo, sentí cómo gentilmente una mano rozó mi rostro, diciéndome:
—Rous, ya llegamos.
Sí, era el mismo Williams. Me puse un poco nerviosa, así que me bajé del auto tan pronto como vi esos bellos ojos azules, tan profundos que sientes que en cualquier momento te puedes hundir en ellos sin darte cuenta. Les di las gracias tanto a Williams como a Esteban; realmente me ayudaron mucho.
—Si necesitas cualquier cosa, avísame —dijo Williams.
—Está bien, gracias. Ya han hecho mucho por mí.
—No te preocupes, todos somos amigos, y para eso estamos. Después de todo, los amigos no solo están cuando hay risas, también cuando hay dolor, tristeza y angustia. Así que no te preocupes —dijo Williams.
—Así es. Ahora ve, entra, tómate un baño, come algo y descansa. Todo estará bien, solo tienes que tener fe. Eso es todo —dijo Esteban.
Las palabras de ellos dos me reconfortaron mucho, tanto que ellos no se imaginan.
—Hasta luego —les dije mientras Esteban ya tenía el auto encendido nuevamente y aceleraba lentamente.
Finalmente, ellos se fueron. Cuando di media vuelta, caminé lentamente hacia la puerta de mi casa y, mientras mi mano sostenía la manija, aún estaba procesando todo. ¿Esto en serio está pasando? ¿Mi abuela realmente está en el hospital? ¿Realmente me voy a quedar sola? ¿De verdad no voy a ver a mi abuela cuando cruce esta puerta, diciéndome que me lave las manos para comer y dándome la bendición de Dios?
Miles de pensamientos y nostalgia invadieron mi mente.
Y sí, así fue. Sentí cómo ese momento pasó en cámara lenta mientras, lentamente, le daba la vuelta a la manija y entraba a mi casa. Cuando crucé esa puerta, vino a mí el miedo de estar sola, la ansiedad. No escuchaba la voz de mi abuela en la cocina llamándome. Se sentía todo ese vacío. Y aquí voy de nuevo... Nuevamente no pude contener mis lágrimas. Con tanto dolor en mi corazón, pude recordar aquellas palabras de Esteban: Ten fe.
Continuará.
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Somos tres
Novela JuvenilHola, soy Rous Smitt. Toda mi vida he sido "cristiana". Participo en los cultos de jóvenes, en las actividades de la iglesia... siempre sonriente, siempre activa. Pero detrás de esa sonrisa hay un vacío que me consume. Un peso que escondo cada noche...
