Un paseo hacia el pasado
Rápidamente llegó el domingo. Estaba un poco emocionada, pero a la vez decaída. No podía dejar de pensar en todo lo que me había dicho Esther. No podía creer que Williams hubiera pasado por tanto... pero ya no quería seguir pensando. Eran aproximadamente las 09:00 de la mañana. Nana ya se había ido a la iglesia; su amiga pasó por ella y se fueron juntas. Yo solo estaba esperando que Williams llegara.
Estaba algo nerviosa. Nunca pensé en ir a una cita con él, y mucho menos por la mañana. Mientras lo esperaba, me miraba frente al espejo. Llevaba puesto un vestido blanco, bonito y sencillo, que me quedaba justo por debajo de las rodillas. Me hice un peinado simple, nada llamativo, pero lindo a la vez.
Mientras me veía, escuché mi teléfono sonar... ¡Era Williams! Rápidamente contesté sin pensarlo.
—¿Hola? —dije con prisa.
—Estoy afuera de tu casa —respondió con una voz pasiva.
—¡Está bien! ¡Ya salgo! —dije, colgué el teléfono, respiré hondo y salí.
Cuando salí, vi a Williams esperándome fuera del auto.
—Buen día —dijo mirándome, mientras inesperadamente me abría la puerta del copiloto.
—Buen día... —respondí un poco sorprendida, y me subí al auto. Él rápidamente entró y dijo:
—Antes de empezar, te quiero llevar a dos lugares primero. Quiero que me conozcas un poco antes de iniciar.
Cuando dijo eso, me puse un poco nerviosa. ¿Será que de verdad...? No, ¡imposible! Ni siquiera terminé el pensamiento, así que rápidamente me puse el cinturón de seguridad y le dije:
—Está bien, no hay problema.
Mientras íbamos de camino, sonaba una música muy bonita, aunque no la había escuchado antes. Ambos íbamos en silencio todo el trayecto. Ninguno de los dos tomó la iniciativa para iniciar una conversación. Él manejaba, y yo observaba por la ventana.
Después de algunos minutos, escuché que Williams dijo:
—¡Llegamos! —mientras parqueaba el auto.
Luego de eso caminamos un poco. Era un lugar tranquilo, solemne, pacífico, hermoso y cálido. Tuvimos que subir una parte inclinada y empinada para terminar de llegar. Era algo complicado, y de repente, Williams me tomó de la mano sin preguntar y me ayudó a subir más rápido. Debo admitir que eso me puso aún más nerviosa.
Cuando finalmente llegamos y terminamos de subir, quedé impresionada. Era hermoso. Simplemente hermoso. Desde allí se podía ver casi toda la ciudad. Podía ver a las personas pasar, los árboles, la calidez del sol... Las hojas se movían al compás del viento. Todo era perfecto.
Había algo parecido a un balcón con unos bancos, y allí tomamos asiento.
—¿Te gusta el lugar? —preguntó Williams mirándome a los ojos.
Yo, maravillada, admirando aquel bello paisaje, respondí sin dudar:
—Sí... me encanta.
—Este era el lugar favorito de mi hermana. Cada vez que ella venía, tenía esa misma expresión que tú. De verdad le encantaba estar aquí —dijo mientras observaba el paisaje con nostalgia.
Cuando escuché lo que decía, no supe cómo cambió mi expresión facial en menos de un segundo.
—Yo tenía una hermana. Se llamaba Noemí. Tenía 16 años cuando murió. Cuando eso pasó, no fue nada fácil. Ese sentimiento... no se lo deseo a nadie. Es horrible perder un familiar, de verdad.
En ese momento, recordé todo lo que me había contado Esther. Mientras lo escuchaba, no pude evitar sentirme mal. Mis lágrimas comenzaron a salir sin control, y mi corazón se sintió afligido. Solo pude terminar de escuchar lo que él decía. Su cabeza estaba inclinada hacia abajo. Sentía cómo su tono de voz se quebrantaba poco a poco, como si tuviera un nudo en la garganta. Todo lo que me contaba era muy difícil para él. Sé que le dolía recordar todo eso. Entonces... ¿por qué lo hacía? No podía creer que su forma de ser, su carácter, se debieran a todo lo que había pasado. Su querida hermana... estoy segura de que para él era su tesoro, y tuvo que partir de esta tierra.
—Antes de que mi hermana se suicidara, yo era cristiano. Me sentía tan mal... Después de todo, con su muerte, sentí como si con ella se hubiera ido la mitad de mi corazón. Poco a poco me fui apartando de la iglesia. La tristeza y el dolor me invadieron por completo. Tenía el corazón hecho pedazos. No podía dormir después de su partida. Sufro de insomnio. Los primeros meses sin ella fueron horribles, porque aunque aparentaba estar bien durante el día frente a todos, cuando llegaba la noche y estaba solo... cuando me tenía que ir a la cama sabiendo que mi hermana no iba a estar ahí... me dolía tanto.
—Empecé a tener ataques de pánico cada noche, sin cesar. Mientras dormía, me despertaba en la madrugada, sentía que me faltaba el aire, veía borroso, mi corazón dolía como nunca. A esas horas lloraba como un niño. Solo, le preguntaba a Dios: ¿Por qué? ¿Por qué se tuvo que ir tan pronto? Todas las noches, Rous... durante un año y medio, no hubo una sola noche en que no le preguntara a Dios el por qué.
Hizo una breve pausa... y continuó:
—Y yo sentí en mi corazón que, después de tanto dolor y tantas dudas... a pesar de que me fui de sus brazos, a pesar de que me aparté... Él me respondió. Me respondió en tu casa, mientras estábamos allí y Esteban dio una pequeña exhortación. Cuando él dijo:
"Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación"...
—Cuando empezó a hablar de ese verso, lo supe. También me di cuenta después de todo lo que pasó en el hospital con tu abuela. Me di cuenta de que para todo, Dios tiene un propósito. Y que en ese propósito, primero viene una prueba. Y que, por más dolorosa que sea, Dios siempre —¡siempre!— nos da ese abrazo que necesitamos. Esa consolación que solo Él sabe dar. Que cuando Él llega y te consuela, te sana hasta el alma. Y esa consolación... la sentí después de un año y medio.
—Estoy seguro de que todo lo que pasó en estos últimos días fue para cumplir uno de los muchos propósitos que Él tiene. No solo conmigo... sino contigo también.
CONTINUARÁ...
ESTÁS LEYENDO
Somos tres
Teen FictionHola, soy Rous Smitt. Toda mi vida he sido "cristiana". Participo en los cultos de jóvenes, en las actividades de la iglesia... siempre sonriente, siempre activa. Pero detrás de esa sonrisa hay un vacío que me consume. Un peso que escondo cada noche...
