Una reacción inesperada
Luego de ese hermoso momento que viví, fui a mi habitación. Me quedé mirando el espejo y me sentía tan bien... Sentí una tranquilidad única, una paz que no había experimentado en mucho tiempo. En ese instante, cuando Esther estaba adorando al Señor, sentí... sentí que quería reconciliarme con Él. Me gusta estar en los brazos de mi Padre, porque solo en Su presencia, a pesar del dolor y el vacío, sentimos que todo está bien... porque Él está con nosotros. Estamos en los brazos de nuestro Padre.
—Me quiero reconciliar —me dije a mí misma frente al espejo—.
—Me quiero reconciliar contigo, Padre, pero no sé cómo.
Luego de un rato, bajé hacia donde estaban los chicos. La mayoría estaba en el jardín de atrás. Mientras bajaba, vi a Williams en la cocina. Al parecer iba a llevarle té a mi abuela y sus amigas, que conversaban animadamente. En cuanto lo vi, mi corazón dio un ligero brinquito. Rápidamente me acerqué y le pregunté:
—¿Necesitas ayuda?
—No —me respondió con un tono de voz cortante pero agradable a la vez. No fue como la primera vez que hablamos. Ya sé que él es ese tipo de persona... ¿pero supongo que somos amigos? O eso creo. Aún le debo una disculpa por lo de antes. Después de aquello, no volvimos a hablar más, al menos hasta lo que pasó con mi abuela.
—Williams, ¿podemos hablar? —le pregunté mientras caminábamos en dirección a donde estaban mi abuela y sus amigas.
—Sí, dame un momento. Espérame ahí. Voy en un instante —dijo, señalando con la cabeza el lugar donde íbamos a hablar.
Yo me dirigí al pequeño rincón del jardín trasero de mi casa, un sitio tranquilo y acogedor. Me senté un poco nerviosa. Fue un impulso... no sabía qué iba a decirle exactamente, pero sabía que debía disculparme, aunque no supiera cómo. Mientras pensaba en eso, alguien tocó mi hombro por detrás. Estaba tan concentrada que me asusté y pegué un grito, levantándome rápidamente.
—¡Lo siento! No pensé que te asustarías tan fácilmente —dijo Williams, algo sorprendido—. Te veías muy concentrada, te llamé dos veces y no me escuchaste.
Me miraba fijamente a los ojos, como pasmado por lo que acababa de ocurrir. Luego de unos momentos, nos sentamos. Lo primero que pensé al verlo a los ojos fue en agradecerle y pedirle disculpas, pero no sabía cómo hacerlo. Quería guardar silencio al menos cinco minutos y luego comenzar, pero él... bueno, fue directo al punto. Preguntó:
—Entonces, ¿de qué querías hablar conmigo? —dijo, mirándome directamente a los ojos.
Me puse más nerviosa de lo normal. Yo no soy así. ¿Entonces por qué me siento de esta manera frente a él? No sabía cómo empezar. Sentía que el corazón se me saldría del pecho mientras jugueteaba con mis dedos. Al final, comencé a hablar. Ya no había escapatoria. Para la próxima, practico frente al espejo, me dije a mí misma, mientras deseaba que la tierra me tragara.
—B-bueno... yo... —suspiré lentamente— quería agradecerte antes que nada por todo lo que hiciste por mí. De verdad, muchas gracias por estar presente a pesar de todo lo que pasó. Y también... lo siento —dije despacio, con la mirada baja.
—Sé que no tengo ni derecho a decir esto después de todo, pero aún así, estoy muy agradecida. Porque, donde muchos no estuvieron, tú, Esteban, Esther, y principalmente Dios, fueron quienes estuvieron presentes en mi momento de angustia. De verdad, nunca voy a olvidar eso que hicieron por mí. Y aunque no me consideres tu amiga... yo sí te considero como uno.
Apenas terminé de decir eso, me puse de pie, di la vuelta y comencé a alejarme. Básicamente se podría decir que estaba huyendo. Pero entonces lo escuché decir inmediatamente:
—¿Eso es todo? ¿Solo hablas y te vas? Cuando una persona pide disculpas por algo, debe quedarse hasta el final y escuchar la respuesta. ¿O consideras eso como una simple conversación donde solo hablas y te vas?
Dijo esto mientras se ponía de pie... y, para mi sorpresa, se paró justo frente a mí, más cerca que nunca, mirándome fijamente a los ojos.
CONTINUARÁ...
ESTÁS LEYENDO
Somos tres
Teen FictionHola, soy Rous Smitt. Toda mi vida he sido "cristiana". Participo en los cultos de jóvenes, en las actividades de la iglesia... siempre sonriente, siempre activa. Pero detrás de esa sonrisa hay un vacío que me consume. Un peso que escondo cada noche...
