Somos tres Capitulo 46 Final

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Simpre hemos sido tres

—¡Veo tu dolor! Veo las heridas de tu corazón. Estoy viendo tu proceso, ese proceso que estás pasando con tus padres lo estoy viendo —te dice el Señor—. Todo ese dolor en las madrugadas lo noto. Cada lágrima la veo. Estoy permitiendo ese proceso en tu vida porque contigo haré grandes cosas que ni te imaginas. ¡Aguanta un poco más! —te dice el Señor—. Viniste hoy en busca de una palabra, y el Señor te escuchó.

Cuando terminé de decir todo eso... no sé qué fue lo que pasó. Por primera vez, el Señor me usó como su vasija para ministrar a alguien. Fue una sensación hermosa.

Todo ya había pasado. El predicador tomó su parte, y puedo decir con certeza que el Señor verdaderamente se derramó de una manera como nunca antes lo había visto. Fue algo hermoso.

Cuando el culto terminó —un poco tarde—, Williams nos llevó a mi abuela y a mí a casa. Al llegar, Nana se fue a recostar un poco. Estaba físicamente cansada, pero su espíritu estaba lleno.

—Williams, si gustas, puedes pasar —le dijo mi Nana.

—Yo estaré en la habitación. Hablen tranquilos.

—Está bien, señora. Muchas gracias. Supongo que hablaré con Rous cinco minutos antes de irme.

—Perfecto, estás en tu casa. Pero no se tarden mucho.

Me sentí bien al ver toda la confianza y cariño que mi abuela tenía hacia Williams. Mientras ella se dirigía a su habitación, él y yo fuimos al jardín de atrás. La enramada tenía luces alrededor de cada columna de madera, y las estrellas estaban hermosas, brillando con un máximo resplandor junto a la luna.

—Rous —dijo Williams mientras nos mirábamos frente a frente, sentados en la enramada—. Fue muy lindo cómo el Señor te usó hoy. De verdad te lo digo.

—Jajaja, aún no puedo creer cómo sucedió todo eso. Fue algo que no esperaba, algo completamente inexplicable. Es algo que antes anhelaba sentir... y ahora que sucedió, solo puedo decirle al Señor: gracias.

—Te entiendo totalmente, porque cuando vemos el resultado, nos damos cuenta de que valió la pena el proceso. A pesar de todo lo que hemos pasado, estamos aquí, juntos: tú, yo... y el Señor. Él está con nosotros. Solo puedo agradecerle, porque mucho antes de que sintiéramos todo esto, ya éramos tres. Somos y seremos tres hasta que el Señor diga lo contrario. Por eso, quiero aprovechar este momento para darte esto.

Mientras hablaba, sentí nervios. Entonces, llevó su mano a su traje, sacó una cajita... y me hizo una pregunta:

—¿Sabes cuáles son los tres anillos que se usan en una pareja? —dijo mirándome nervioso, pero serio, con una leve sonrisa.

—No —le respondí, mirándole a los ojos. Realmente pensé que era un presente o algo sencillo. No sabía qué había dentro de esa caja.

—Primero, está el anillo de promesa: cuando se promete a la pareja que su amor será eterno y duradero. Luego, el anillo de compromiso: es prometer que un día se unirán en una sola carne. Y finalmente, el de boda, que es cumplir todo eso desde el principio que nos prometimos.
Por eso quiero regalarte esto. Pero ten algo en cuenta, Rous: no lo haré solo dándote esto ahora, sino con hechos. Esa será mi manera de demostrarte todas las promesas que, desde ahora, haré. Quiero demostrarte cada día que no son solo palabras.
La primera promesa se cumplió desde el día en que Dios nos confirmó que somos el uno para el otro. Seguiremos adelante, esperando el tiempo de Dios, porque su tiempo es perfecto. Y lo más importante, que nunca debemos olvidar, es que Dios es la base de todo: de nuestro amor, de nuestra vida, y de nuestra relación.
Mucho antes de conocernos, ya éramos tres, Rous Smitt: tú, yo y Dios. Porque sin darnos cuenta, el Señor ya había hecho de nuestros caminos... uno solo.

No pude evitar llorar cuando me dijo todo eso. Fue algo que no puedo entender.

—¿Sabes? Cuando era pequeña, soñaba e imaginaba todo esto: que Dios me mandaría a una persona que siempre lo tuviera presente, incluso en los más mínimos detalles. Que cada día, más que palabras, me mostrara el amor con hechos.
Realmente nunca pensé que este momento llegaría, y menos así: en la noche, con Dios y las estrellas como testigos. Muchas gracias —le dije a Williams, mirándole a los ojos y dándole un abrazo.
Porque esas eran las palabras que un día anhelaba escuchar.

El año terminó rápidamente. Williams y yo seguimos firmes en los caminos del Señor. Mi abuela sigue con mucha salud. Esteban y Esther se comprometieron, y su boda está muy cerca.
Yo casi no danzo ya, pero ahora estoy en el grupo de adoración. El Señor nos ha usado de una manera maravillosa. Usa a Williams como evangelista para llevar Su verdad a las naciones, según el Espíritu le guía.

Fin

A cada querido lector:

Primero, le doy las gracias a Dios, y luego a cada uno de ustedes. De verdad, esto ha sido algo sorprendente. Espero de todo corazón que, con cada letra y palabra, el Señor haya tocado sus corazones.

Espero que puedan ver que, a pesar de lo fuerte o doloroso que sea el proceso, aunque sintamos que no podemos más, y en medio del dolor pensemos que estamos solos y que Dios no está... ¡Él sí está!
Dios también trabaja en el silencio. Y mientras más fuerte es el proceso, más grande será la victoria.
¡No desmayes!

Ahora continuaré trabajando en mi siguiente libro: Me enamoré de una chica cristiana.

Dios les bendiga, y gracias por acompañarme en este viaje. ¡Dios les bendiga mucho!

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