Decepción
Mientras pensaba, de camino a casa, no me di cuenta de que ya habíamos llegado. Sentía un nudo en el estómago. Tenía miedo de lo que diría mi abuela.
—¿Es aquí? —preguntó Williams, mirándome a través del retrovisor. Yo estaba tan perdida en mis pensamientos, mirando por la ventana, que no lo escuché. En su lugar, respondió Esther:
—Sí, es aquí. Es muy tarde, Rous... ¿quieres que entre contigo?
Fue ahí cuando me di cuenta de que ya habíamos llegado. Estábamos en mi casa. Me sentía nerviosa. La luz de la cocina estaba encendida... ¿Será que mi abuela está allí, esperándome?
—Gracias por traerme, Esther... Williams... lo siento. Es muy tarde y aun así ustedes están aquí... por mi culpa. Realmente lo siento —dije avergonzada, con la cabeza inclinada. No tenía el valor de mirarlos a los ojos. Esther se volteó para mirarme, mientras Williams se mantenía en silencio, observándome desde el retrovisor.
—Bueno... ya me voy. Nuevamente, gracias. Nos vemos después. Escríbanme cuando lleguen a casa —les dije mientras me bajaba del carro.
Williams encendió el auto. Esther me seguía con la mirada desde la ventana mientras el carro se alejaba y doblaba en la esquina.
"Bueno, Rous... es hora. Que sea lo que Dios quiera."
Saqué mis llaves con las manos temblorosas. Se me cayeron una vez por los nervios. Abrí la puerta con cuidado, entrando de puntillas, esperando que mi abuela no notara que había llegado. Crucé por la cocina para subir a mi habitación, pero la vi allí, sentada en el mostrador, con la cabeza inclinada. Creí que estaba dormida, así que suspiré con alivio y seguí caminando.
Justo cuando iba a subir el primer escalón, escuché su voz:
—¿Ya llegaste?
Un escalofrío me recorrió la espalda. Me asusté. No me lo esperaba.
—Rous... ven y siéntate aquí.
—S-sí, abuela...
Me acerqué despacio y me senté, tratando de evitar su mirada.
—¿Dónde estabas? —preguntó con un tono frío, áspero.
—En una fiesta —respondí sin rodeos. Ya había causado suficientes problemas como para sumar una mentira más.
—¿Dejaste de ir a la iglesia para irte a una fiesta?
Asentí con la cabeza.
—¿Tomaste? ¿Bebiste alcohol?
—Sí... —respondí con la voz baja, sintiéndome profundamente avergonzada. "Por Dios... ¿qué estoy haciendo?", pensé.
—Siempre tienes excusas para no ir a la iglesia. Ya no vas a las reuniones de jóvenes, ni a los ensayos de danza. Siempre dices que no tienes tiempo... ¿pero sí tienes tiempo para una fiesta?
Su voz era suave, pero sus palabras me golpeaban como cuchillas.
—Rous... dime, ¿qué te está pasando? Tú no eres así. Siempre has sido una chica alegre, respetuosa, inteligente...
Suspiró.
—Vete a dormir. Es muy tarde. Mañana, cuando regreses de la universidad, hablamos. No te voy a decir más... ya eres mayor de edad. Puedes tomar tus propias decisiones. Pero, ¿sabes? Me has decepcionado esta noche —dijo, mientras se levantaba con una expresión en el rostro que mezclaba tristeza, cansancio y decepción.
Mientras la veía subir las escaleras, sentí cómo mis ojos se iban llenando de lágrimas. Como un vaso al que se le añade agua poco a poco... hasta desbordarse. Sentía un nudo en la garganta. No podía hablar. Solo quería llorar.
Me quedé allí, sentada unos cinco minutos, sin decir una palabra, dejando que las lágrimas recorrieran mi rostro. Luego subí a mi habitación, me quité la ropa que olía a alcohol, me puse el pijama y fui al baño a cepillarme los dientes. Intentaba borrar lo que había pasado con Dereck en la alberca. Me miré al espejo... llorando, limpiando mis labios una y otra vez. Solo podía recordar su beso.
No podía creer que yo hubiera hecho algo así. Nunca imaginé estar en esa situación. Me arrepiento tanto... pero lamentablemente, ya pasó. No hay vuelta atrás. Lo único que puedo hacer es pedirle perdón a Dios.
Y así, me quedé llorando en mi habitación toda la noche, hasta que, sin darme cuenta, me quedé dormida. El único desahogo que tenía era llorar... así que simplemente lo dejé fluir.
// Continuará //
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Somos tres
Teen FictionHola, soy Rous Smitt. Toda mi vida he sido "cristiana". Participo en los cultos de jóvenes, en las actividades de la iglesia... siempre sonriente, siempre activa. Pero detrás de esa sonrisa hay un vacío que me consume. Un peso que escondo cada noche...
