Misma palabras, mismo sentimiento
Después de todo eso no podía creer lo que acababa de ocurrir, o más bien, lo que él hizo. Mientras ya estábamos de camino, le reclamé:
—¿Por qué hiciste eso? —le pregunté, exclamando avergonzada.
—¿Por qué hice qué cosa? —preguntó Williams en un tono pasivo, mirándome de reojo pero sin apartar la vista del camino.
—E-e-s-o —le dije avergonzada, apartando la mirada.
—Solo hice lo que sentía, no sé por qué lo hice, pero me gustó. ¿Te molestó? —preguntó Williams mientras bajaba la velocidad a cero millas y me miró fijamente a los ojos.
Me miró completamente a los ojos, y no pude evitar ponerme nerviosa. Solo pude desviar la mirada, inconscientemente, mientras él solo sonrió y siguió manejando.
Después de unos minutos, llegamos a un lugar hermoso. Era un lugar que tenía un pequeño lago al lado. Había muchas personas allí, sin embargo, cuando llegamos caminamos hacia un lugar donde casi no había gente. Fuimos al otro lado del lago pequeño. No sabía nada de lo que Williams tenía planeado, pero me sentía segura con él.
Hicimos un pequeño picnic; él ya tenía todo preparado. Nos sentamos bajo un árbol que tenía pequeñas pero abundantes flores. Había comida, y me di cuenta de que la mayoría eran cosas que me gustaban, así que solo pensé que teníamos gustos similares.
Al principio, ninguno de los dos dijo nada, solo nos quedamos observando todo lo que pasaba a nuestro alrededor. Después rompí el hielo mientras decía:
—¿No es bello? —me respondí a mí misma—. Todo lo que Dios creó. No sé por qué, pero no me canso de observar todas las maravillas que Él hizo.
A lo que Williams me miró, y con una mirada profunda y hermosa dijo, observándome:
—Sí, tienes razón, es hermoso —con un tono de voz suave y pasivo.
Sin embargo, su mirada habló más que sus palabras.
Luego pasó un poco de tiempo. Tomamos muchas fotos, comimos y descansamos. Pero de repente surgió una conversación que realmente no paraba de su parte.
—¿Te puedo hacer una pregunta? —dijo Williams mirándome fijamente a los ojos. No pude evitar ponerme nerviosa. ¡¿Qué debo hacer?! Pensaba dentro de mí mientras lo miraba.
—¿Por qué te importa tanto lo que otros piensen de ti? O sea, ¿por qué al principio no eras tú misma?
Su pregunta me sorprendió un poco. Con todas las emociones que había sentido en mi corazón a causa de él... Por un momento pensé que se iba a declarar.
Pero con esa pregunta me hizo pensar, así que, mientras desviaba la mirada hacia el cielo, le respondí:
—Realmente... no lo sé. Simplemente tenía miedo de no ser aceptada, de que no le gustara a mis amigos o a las personas de mi alrededor mi forma de ser o de ser yo misma. Tenía miedo de ser rechazada y que, de repente, se alejaran. Me pasó lo mismo una vez y eso me dolió tanto que me dije a mí misma que no volvería a hacer eso. Pero al pensar así, hice todo mal —le dije con un tono de voz bajo y sincero, mirándolo nuevamente.
—Rous, si una persona no te puede aceptar tal y como eres, entonces nunca fue un amigo. Porque una amistad no se trata de eso. Siempre sé tú misma. No importa lo que los demás digan, sé tú misma, vive tu vida para ti y para Dios, no para los demás —dijo mirándome fijamente sin apartar su mirada de mí. Su tono de voz fue tan sincero y diferente al de la primera vez que hablamos—. Sé tú misma, Rous —dijo Williams nuevamente.
—Ya lo estoy haciendo, y no me arrepiento —le dije con una sonrisa.
—Además, ¿quién es loco de alejarse de una chica como tú? Eres genial, así que no veo por qué —dijo Williams mientras se acostaba para ver el cielo.
Él es experto en buscar las palabras que hacen que me ponga nerviosa.
De repente tomé una decisión... Seré sincera y directa con lo que siento. ¿Quién dice que un hombre es el que se debe declarar primero? Así que le pregunté:
—¿No te ha pasado que hablas con una persona y sientes que tu corazón se pone feliz? O que al ver a alguien te pones nervioso sin saber qué hacer; que con cada cosa que hace no puedes evitar estar pendiente; o que si sucede algo, de repente te preocupas y ya estás haciendo algo para ayudar a esa persona antes de darte cuenta?
Le pregunté mientras él estaba recostado con los ojos cerrados. Entonces, se sentó de repente, se acercó a mí y me dijo:
—Sí, así es. Todas esas cosas son las que tú me haces sentir en cada momento —dijo mirándome a los ojos.
Cuando escuché eso, sentí como si todo a nuestro alrededor se moviera y que solo éramos él y yo.
Continuará...
ESTÁS LEYENDO
Somos tres
Ficção AdolescenteHola, soy Rous Smitt. Toda mi vida he sido "cristiana". Participo en los cultos de jóvenes, en las actividades de la iglesia... siempre sonriente, siempre activa. Pero detrás de esa sonrisa hay un vacío que me consume. Un peso que escondo cada noche...
