Somos Tres Capítulo 20

598 53 0
                                        

Una segunda oportunidad

—Lo siento, pero tengo que devolverme.

—¿Por qué? ¿Qué pasó? ¿Quién necesita una ambulancia?

—Es la abuela de mi amiga... no sé bien lo que pasó, pero está muy mal. Tengo que estar con ella en este momento.

—No pasa nada, entiendo la situación. ¿En qué hospital está? Vamos para allá.

—¿Irás también?

—Claro, Esther. Ni modo que vaya a dejarte sola a esta hora de la noche. Estamos juntos ahora mismo, así que es normal que te acompañe.

—Gracias, Esteban. Entonces, vamos.

—No hay de qué. Tú espérame aquí, yo iré a buscar mi auto al parqueo.

—Está bien.

Con Esteban

Ring, ring, ring.

—Hola.

—¿Williams, qué pasa? —le dije mientras iba caminando, buscando mi auto.

—¿Estás ocupado? Estoy en tu casa.

—Voy para el hospital ahora mismo.

—¿Qué pasó?

—No sé muy bien los hechos. Iré con Esther. Rous ya está allá con su abuela... o eso creo.

—¿¡Qué!? ¿En qué hospital están?

—Están en el hospital *****.

—Okey, nos vemos allá.

Con Rous, en el hospital

Y así fue... me encontraba sola en ese pasillo que tan solo de mirarlo se sentía triste. Estaba sola totalmente, no había nadie. Estaba asustada y desesperada, solo podía sentir las lágrimas caer como en un charco. Cuando de repente vi que salió un doctor leyendo unos exámenes. Supuse que eran los de mi abuela.

—¡Doctor! ¿Qué tiene mi abuela? —le pregunté entre lágrimas.

Lo notaba un poco preocupado, y eso me asustó aún más.

—Aún no estamos seguros del todo, estamos haciendo más exámenes —me dijo el doctor.

—¿No hay algún otro pariente de la señora?

—No, solo somos ella y yo.

—Oh, lo entiendo. Está bien, no hay problema.

Me dijo eso... y tan solo fue. ¿Qué le estaba pasando a mi abuela? No entendía nada de lo que pasaba. Estaba desesperada. Sentía que mi corazón iba a explotar. Con lágrimas en los ojos, me resbalé poco a poco hacia el suelo. Creo que nunca en mi vida había llorado tanto. Realmente necesitaba un abrazo. De quien sea... aunque fuera un desconocido.

Luego de eso, pasaron los minutos, los segundos... y solo miraba cómo los doctores entraban y salían. Me sentía tan afligida que no podía siquiera procesar bien la situación.

Subí a la azotea del hospital. Sentía que, con cada paso que daba, mis piernas perdían fuerza. Estaban débiles.

Subí hacia la azotea. Veía un cielo sin estrellas. Hasta la luna se estaba ocultando... ¿Qué es esto? El cielo estaba totalmente vacío. Y ahí fue cuando no aguanté más el llanto y rompí a llorar como una bebé que anhela un beso de mamá. Sentía cómo me invadían todos esos recuerdos junto a mi abuela, y yo solo clamaba y le pedía a Dios:

—¡POR FAVOR... NO TE LA LLEVES AÚN! TE LO PIDO, POR FAVOR...

Solo eso salía de mi corazón. Entre lágrimas, pedía eso mirando ese cielo oscuro y vacío. Realmente era una noche fría.

—Señor... te necesito ahora más que nunca. Te necesito tanto. Por favor, no me vayas a abandonar. Quédate a mi lado. Sé que te he fallado muchas veces. Perdóname por no ser la persona que tú quieres que sea. Perdóname por todo. Ayúdame a cambiar para hacer tu voluntad y así poder ser de tu agrado. Ayúdame a solo poder hacer lo que tú quieres que yo haga. Te anhelo tanto. Te necesito hoy más que nunca. Te he fallado tantas veces... ¿por qué me elegiste a mí, de tantas personas? Lo siento mucho por no ser quien tú quieres que yo sea. Solo te pido una segunda oportunidad. Por favor... salva a mi abuela. Te lo pido.

Le dije a Dios con lágrimas en el rostro y con el corazón roto.

Continuará

Somos tresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora