Un suceso inesperado
Mientras iba de camino a la parada del autobús, me vino a la mente Williams. Aunque es raro, y casi no hablamos, y básicamente somos compañeros de clase y no amigos, siempre pasa por mi mente sin yo darme cuenta. ¿Qué está pasándome? ¿Será que es por lo de la otra vez?—pensaba mientras recodaba lo que había sucedido en la reunión.
—Sí, debe ser eso —susurré mientras veía un cielo azul y estrellado.
Ya cuando iba en el bus, a través de mi ventana, continuaba viendo ese hermoso cielo azul, las estrellas... Veía todos esos árboles, y mediante la noche todas esas lámparas encendidas. Se veía hermoso, más aún reflejado en las aguas. No tenía palabras para explicar lo lindo y hermoso que se veía todo lo que Dios había creado. No sé cómo algunas personas pueden discriminar una bella creación. Todo se veía tan perfecto, hecho por el Creador. Y así me fui pensativa todo el camino.
Cuando llegué a mi casa y abrí la puerta, mi Naná no estaba ni en la sala ni en la cocina.
—¿Naná?
¿Será que habrá salido? Luego de eso fui a mi habitación a dejar mis cosas. Estaba preparando todo para, de una vez, meterme a bañar y así poder refrescarme. Luego haría mi trabajo práctico digital. Cuando iba hacia el baño, pude ver que al lado estaba la habitación de Naná. Vi que su puerta estaba entreabierta. Cuando miré un poco, pude ver a mi Naná acostada en la cama.
—Quizás está cansada.
Después de eso me tomé un baño. Noté que mi abuela aún estaba acostada, así que fui a preparar algo para cenar. Mientras preparaba algo sencillo para nosotras, puse una alabanza y me creí totalmente una cantante como Christine D'Clario o Marcela Gándara. Se siente bien adorar a Dios en tu casa, en pijamas, haciendo quehaceres y hacerlo con ganas y con amor a Dios.
Luego de que terminé de hacer todo eso, me puse a lavar los platos. Estaba yo, agarrando un cucharón y cantando alegremente en la cocina. Me sentía de maravilla. Ya que había terminado, decidí llevarle la cena a Naná. Mientras subía las escaleras con una bandeja en las manos, iba cantando. Finalmente había subido. No se escuchaba ningún movimiento ni nada por el estilo.
—¿Aún estará durmiendo? —pensé.
Mientras ya estaba abriendo su habitación, vi a mi abuela allí acostada nuevamente, así que entré y, mientras ponía la bandeja en la mesa, le comentaba:
—Naná, hice la cena y ya lavé los platos. ¿Cómo te sientes? Cuando llegué te vi acostada y no te has levantado hasta ahora. No quise despertarte, ya que supuse que estabas cansada, pero tienes que cenar. Hoy ha sido un buen día, ¿verdad?
Mientras terminaba de arreglar la cena de mi abuela, hablaba y hablaba, pero no había respuesta. ¿Estaba aún durmiendo? Di la vuelta y me acerqué a ella. Noté que estaba pálida y sudando frío. ¡Me puse muy nerviosa!
—¿Naná? ¡Naná, despierta! ¿Qué pasa? —la llamaba desesperadamente con lágrimas en los ojos.
Estaba muy asustada, no sabía qué hacer. Fui inmediatamente a buscar un poco de alcohol para ponérselo en la nariz y, aun así, no me respondía.
—¿Naná? ¿Qué tienes? —decía entre lágrimas—. Por favor, Dios, ¿qué está pasando?
Revisé su pulso y apenas lo sentía. Revisé sus signos vitales. Estoy estudiando medicina, pero estaba tan asustada que no sabía qué hacer. Así que pensé en Esther. Fui rápidamente a la cocina en busca de mi celular para poder llamarla. Estaba nerviosa y desesperada, totalmente. Y cuando por fin contestó, le dije entre lágrimas:
—E-Esther, es mi abuela... está muy mal... no sé qué le pasó, estoy muy asustada... está muy p-pálida, y su p-pulso apenas se siente. No sé qué hacer, estoy muy n-nerviosa...
Hablaba sin control y apenas me entendía.
—Espera, espera, Rous, escúchame. Respira, cálmate. Escúchame... ¿ya llamaste a una ambulancia?
—N-no...
—Ok, llama a una ambulancia, llévala al hospital. No estoy en mi casa ahora mismo, así que ve, yo iré ahora, ¿okey?
—Está bien.
—Rous, deja todo en manos de Dios, no te angusties. Cálmate, ¿está bien?
—Okey...
—Muy bien, vamos, llama a la ambulancia. Yo iré en camino al hospital. Cuando estén allá, mándame la ubicación para saber cuál hospital es.
—Está bien...
Dios mío, pongo todo bajo tu control y en tus manos —le pedía a Dios en mi mente mientras llamaba a la ambulancia.
Continúara
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Somos tres
Ficção AdolescenteHola, soy Rous Smitt. Toda mi vida he sido "cristiana". Participo en los cultos de jóvenes, en las actividades de la iglesia... siempre sonriente, siempre activa. Pero detrás de esa sonrisa hay un vacío que me consume. Un peso que escondo cada noche...
