Somos Tres Capítulo 21

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No estas sola.

Después de un rato, volví a la sala de espera. Aún no sabía nada de mi abuela. Estoy tan asustada que solo me queda orar... pero no sabía ni por dónde empezar. Estoy tan nerviosa, tengo miedo de perder a mi abuela. Incliné mi cabeza hacia abajo, llorando, hasta que escuché unos pasos...
¿Una voz conocida desde recepción?

Escuché cómo esos pasos se acercaban cada vez más a mí, más y más. Con la cabeza aún inclinada, vi unos pies. Mientras levantaba la mirada levemente para ver quién era, escuché:

—Rous, ¿estás bien? —preguntó.

Era Williams. Me quedé pasmada. ¿Cómo sabía él que estaba aquí? Se veía agitado y un poco sudado. ¿Acaso vino corriendo?
Quería preguntarle, pero no podía... solo quería llorar. Mis lágrimas aún recorrían mi rostro mientras yo aguantaba el llanto.

Luego de un minuto de silencio, él dijo:

—Rous... —dijo Williams mientras se puso de rodillas en el suelo y tomaba mi mano—.
Cuéntame, ¿qué pasó? ¿Qué tienes? ¿Por qué estás en el hospital?

Realmente no sabía qué responder. En estos momentos no sabía qué hacer. Tenía la mente nublada, no podía procesar bien las cosas. ¿Cómo puedo sacar lo que aún está guardado en mi corazón?

—¿Rous? Mírame, no sé qué está pasando, pero si quieres llorar, llora. No pasa nada, escúchame, mírame —dijo él mientras, con una de sus manos, levantó mi mirada—.
Eres humana, y sientes. Demuestra cómo eres realmente. No finjas que estás bien si no lo estás. Tú tienes emociones. Llora, tranquila.

Me dijo eso mientras se sentó a mi lado y me consolaba.

—Rous, Dios aún no te ha abandonado. Tranquila. Todo estará bien. Dios está aquí, a tu lado.

Cuando escuché esas palabras, me quebranté. Lloré y lloré, solo pensando: Gracias, Dios, porque aún estás conmigo, a pesar de todos mis errores. Mientras Williams me abrazaba, sentí cómo Dios estaba conmigo.
A pesar de haberle fallado tantas veces... tu amor por mí sigue intacto. Señor, gracias, Padre, porque estás conmigo.

Y mientras todos esos pensamientos recorrían mi mente, sentía cómo lloraba como un bebé recién nacido en los brazos de sus padres al nacer, buscando el calor... y un lugar seguro.

Ya después de un rato, dejé de llorar. Lloré tanto que me quedé dormida.
Cuando me desperté, estaba acostada en uno de los bancos de la sala de espera. Vi la hora: eran exactamente las 3 de la mañana.
Vi a Esther... y a un chico a su lado. ¿Esteban?

—Rous, ¿cómo estás? ¿Estás más calmada?

¿Eh? ¿Cuándo llegó Esther aquí? ¿Cuándo me quedé dormida? ¿Williams estaba aquí...? ¿Cuánto tiempo he estado dormida?

—Esther... mi abuela... no sé qué le pasó. Cuando llegué, ya estaba inconsciente en su habitación —le decía, tomándola de los brazos, desesperada. Mis ojos nuevamente se aguaron. Estaba muy nerviosa y asustada.

—Shhhh —dijo Esther, tocando mi cabeza con una voz relajante—. Todo estará bien, ya verás. No estás sola. Me tienes aquí, a Esteban, a Williams... y, sobre todo, a Dios. Así que tranquila, no llores.
Cuando la Nana se despierte, se va a poner triste si te ve llorando mucho... y luego me va a regañar, así que no llores. ¿Okey?

Mientras escuchaba las palabras de Esther, de repente apareció Williams con unas bolsas.
Pensé que ya se había ido.
Vino, le dio una bolsa a Esteban y luego se sentó a mi lado. Me miró y dijo:

—¿Quieres jugo o café?

Mientras me miraba fijamente a los ojos... veía cómo su mirada se quedaba fija en mí.

—Jugo está bien —le dije, apartando la mirada.

Luego de un rato, vino el doctor y dijo:

—Por favor, que venga el familiar de la señora que está en la habitación 040.

Me puse de pie, nerviosa y asustada.

—S-sí, doctor. ¿Cómo está mi abuela?

—Acompáñame, por favor.

CONTINUARÁ

CHIC@S, DIOS LES BENDIGA EN ESTE NUEVO AÑO QUE DIOS NOS HA PERMITIDO VIVIR.
¡FELIZ AÑO NUEVO! ❤️

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