Creer, de y añadiduras
Y así, me quedé llorando en mi habitación toda la noche, hasta que, sin darme cuenta, me quedé dormida. El único desahogo que tenía era llorar... así que simplemente lo dejé fluir.
Cuando me desperté, ya era tarde para ir a la universidad. Me sentía nerviosa, asustada y desanimada. No sabía cómo enfrentar a mi abuela después de lo ocurrido anoche. Mientras me cepillaba los dientes, mis ojos ardían. Me dolían mucho y estaban hinchados. Mientras recogía mis cosas, sentía como si no hubiera un mañana.
¿Qué expresión tendría mi abuela? ¿Qué me iba a decir?
¿Cómo me iba a tratar?
¿En qué tono de voz me hablaría?
¿Estaría decepcionada de verme?
No sabía qué pensar. Sentía que este era un día vacío, sin propósito. Como si todo perdiera sentido. Bajé las escaleras despacio. Cada paso que daba era más pesado que el anterior. Mis manos temblaban, y el nudo en mi garganta crecía con cada escalón.
Finalmente bajé. Vi a mi abuela de espaldas en la cocina. Me detuve. No sabía qué hacer ni qué decir. Tenía miedo... hasta que, de repente, la escuché decir:
—Buenos días —con un tono pasivo, como cualquier otra mañana.
—B-bendición, a-abue...ela —le dije con nerviosismo. No podía descifrar el ambiente... ¿qué estaba pasando?
—Toma asiento. El desayuno está listo. Come antes de que se enfríe.
Me senté, aún confundida. No entendía qué pasaba por la mente de Nana. Las dos comenzamos a desayunar. Ninguna decía nada. El silencio entre nosotras pesaba más que mil palabras.
No quería estar así con ella. Es mi abuela... y me arrepiento tanto de lo que hice. Sé que estuvo mal. Hice todo mal, ante los ojos de Dios. Hice cosas que jamás imaginé hacer.
Para otros tal vez no sea nada. Puede que piensen que exagero... pero no es así. No hay peor angustia para un cristiano que cuando ha fallado, por más pequeño que sea el error. Parece una montaña, algo enorme... porque tememos decepcionar a Dios. Tememos que nos aparte, que ya no nos ame igual. Que nos deje solos.
Mientras todos esos pensamientos inundaban mi mente, mis lágrimas comenzaron a brotar. Sentía el nudo en mi garganta crecer hasta hacerme perder el control. Y, sin poder detenerme, las palabras salieron de mi boca, con una voz totalmente quebrada:
—A-abu...ela... —sollozando— lo sie-ento mu-chho... no era mi inten-ci–...
No pude terminar la frase. Solo lloré. Lloré y lloré. Lo dejé salir todo.
Mi abuela me miró, se acercó con ternura y me dijo:
—Ya, ya... déjalo salir. No te preocupes. Estoy aquí. Llora, si es necesario. Llóralo todo.
Y así lo hice. Lloré mucho. Bastante. Hasta que poco a poco me fui calmando. Entonces, mi abuela me tomó del brazo y me preguntó:
—¿Qué pasa, mi niña? ¿Qué te ha pasado en estos días?
Me quedé en silencio. No sabía cómo empezar ni qué decir.
—No te voy a regañar —continuó—. Pero si quieres que te ayude, tienes que hablar. Tienes que decirme lo que llevas dentro.
—Nana... no lo sé. Yo lo intenté, ¿sabes? —sollozaba—. Lo intenté. Lo buscaba y lo buscaba, pero Él nunca aparecía. Le pedía que viniera a mí, que lo quería en mi vida. Que necesitaba sentir su presencia... lo anhelaba de verdad. Pero Él nunca llegaba. Y yo... ya no sabía qué hacer.
Levanté la mirada hacia mi abuela, con los ojos llenos de lágrimas, y con voz quebrada le pregunté:
—¿Qué puedo hacer para que Él venga a mí de nuevo?
Yo solo... solo estaba tratando de llenar este vacío tan grande que siento.
Le dije esto llorando, y ella se puso de pie, se sentó a mi lado, me tomó de las manos con firmeza y me respondió:
—Mi amor... no te preocupes. Dios te escogió desde el vientre de tu madre. Mucho antes de que nacieras, Él ya sabía que tú le ibas a fallar. Él sabía todo esto... y aun así te llamó hija. Este proceso que estás viviendo tiene un propósito. Después de la lluvia... siempre sale el sol. Así mismo, después de este proceso, vendrá tu bendición.
—No creo poder aguantarlo, Nana. Es muy difícil... no voy a poder pasar esta prueba —le dije, entre lágrimas.
Y entonces, mi abuela me abrazó con fuerza. Con una sonrisa llena de amor me susurró al oído:
—Si Dios permitió que pasaras por todo esto... es porque sabía que tú, hija mía, ibas a ser capaz de superarlo. Solo tienes que creer... y ya.
// CONTINUARÁ //
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Somos tres
Genç KurguHola, soy Rous Smitt. Toda mi vida he sido "cristiana". Participo en los cultos de jóvenes, en las actividades de la iglesia... siempre sonriente, siempre activa. Pero detrás de esa sonrisa hay un vacío que me consume. Un peso que escondo cada noche...
