De vuelta a casa
Después de todo, llegó el día. Ya le tocaba el alta a mi abuela. Nos habíamos encariñado mucho con los niños; eran realmente adorables. Al final, mi Nana conoció a Williams, y le agradó... o al menos eso creo.
Sin que ella lo supiera, decidimos prepararle una sorpresa de bienvenida en casa. Los chicos nos ayudaron mucho, junto con algunas personas muy cercanas de la iglesia.
Mientras Williams y yo íbamos a buscar a mi abuela, ellos estaban preparando todo. Claro, teníamos que retrasar un poco la salida para que pudieran terminar a tiempo. Cuando llegamos al hospital, fuimos primero a ver a los niños. Estaban tristes, al igual que nosotros. Pero lo que ellos no sabían era que planeábamos visitarlos cada dos semanas.
Luego fuimos a ver al doctor. Aún teníamos que firmar algunos documentos y papeles. Después de eso, fuimos a la habitación de mi abuela. Ella nos esperaba con entusiasmo.
—Abuela, ya estamos aquí —le dije mientras entraba a la habitación tocando la puerta suavemente.
—¡Ya están aquí! Qué bueno —respondió ella mientras cerraba la Biblia que estaba leyendo.
—Sí, ya está todo preparado. Es hora de volver a casa. Todos te están esperando —le dije con una sonrisa, tomándola de la mano.
Momentos después, ya estábamos fuera del hospital. Nana se despidió de una amiga que había hecho en tan poco tiempo, así como de las enfermeras y el doctor que se encargaron de cuidarla durante su estadía.
Mientras Williams colocaba la maleta y la silla de ruedas en el maletero del carro, mi abuela, que no podía estar mucho tiempo de pie, me tomó de la mano, se quedó mirando el hospital por un momento y dijo:
—Hija mía, no importa la dificultad o los procesos que Dios nos mande. Si esperas pacientemente en Él, todo saldrá bien. Esta fue una prueba que el Señor puso para todos nosotros. Y así como tiene un principio, también tiene un final. Ayer estaba triste... pero hoy estoy feliz. Los caminos del Señor no son fáciles, pero valen la pena, porque lo bueno cuesta, y mucho.
En cuanto terminó de decir eso, me miró de una manera peculiar y se sentó en la parte de atrás del carro. Williams ya había terminado de guardar todo y me dijo que subiera. Él ya le había escrito a los chicos para avisar que íbamos de camino. Tal parecía que todo estaba listo.
Mi abuela fue todo el camino mirando a través del cristal, contemplando las maravillas que el Señor había hecho.
Finalmente, llegamos. Todo se veía normal. Williams y yo nos bajamos primero. Mientras él buscaba la silla de ruedas, yo ayudaba a mi abuela a salir del carro.
Ya íbamos de camino hacia la puerta.
Cuando abrí la puerta, justo en ese momento, todos estaban ahí: los chicos, nuestros amigos más cercanos, las amistades de mi abuela de la iglesia... Todos, con una enorme alegría en sus rostros, gritaron al unísono:
—¡BIENVENIDA A CASA!
Mi abuela, al verlos, se llenó de tanta felicidad que no pudo evitar llorar.
CONTINUARÁ...
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Somos tres
Dla nastolatkówHola, soy Rous Smitt. Toda mi vida he sido "cristiana". Participo en los cultos de jóvenes, en las actividades de la iglesia... siempre sonriente, siempre activa. Pero detrás de esa sonrisa hay un vacío que me consume. Un peso que escondo cada noche...
