Una oración de corazón
Rápidamente pasó el tiempo. Williams y yo ya no nos ponemos nerviosos; tenemos una confianza buena y estable. Cada quien respeta su espacio, pero estamos cuando más nos necesitamos. Gracias a Dios, ambos pasamos todas las materias de la universidad y tenemos una conexión increíble con el Señor. Williams ahora es parte de los músicos de la iglesia, toca guitarra y está aprendiendo a tocar batería. Yo volví a ser parte del grupo de danza y también un poco en el equipo de adoración.
Hoy todos los jóvenes de la iglesia tenemos un culto especial. Preparamos todo, y finalmente, hoy es el día. Williams pasará por mí y por mi nana en una hora y media. Mi abuela se recuperó súper rápido, incluso parece más joven que yo.
Mientras me preparaba, puse una adoración que me conecta con Dios de inmediato; esta es mi oración.
Cuando me estaba bañando y escuchaba esa adoración, no pude evitar llorar. A pesar de que todo lo que pasé fue muy doloroso, era necesario. Estoy tan agradecida con Dios por salvar a mi abuela, por poner en mi camino a Williams y también a mis amigos. Por fin pude perdonar a Clara y a quienes antes consideraba mis amigos.
Ya no tengo esa raíz de amargura que me perseguía día y noche. Soy nueva criatura en Cristo Jesús.
Y aunque trato, no encuentro la manera de agradecerle a Él cada día por todo lo que ha hecho conmigo.
Finalmente, Williams llegó a casa; vino una hora antes para poder hablar un rato.
—Hola, ¿cómo estás? —le dije mientras bajaba la escalera. Él se puso de pie en el último escalón y me miró de una manera poco usual. Cuando llegué al mismo escalón que él, lo miré a los ojos.
—¿Qué pasa? —le pregunté.
—No es nada —dijo desviando la mirada.
—Oh, vamos, dime qué pasa.
—Es que... estaba pensando en lo bella que estás —dijo mirándome a los ojos y, al mismo tiempo, tomando mi mano.
—Le doy gracias a Dios por la bella mujer que me ha puesto en el camino. De verdad, cuando te veo, solo puedo pensar en eso.
Cuando escuché a Williams decirme eso tan sinceramente, lo abracé. Yo estaba un escalón más arriba que él, así que estaba un poco más arriba. Mirándolo a los ojos, lo abracé. Sentí cómo su corazón latía tan rápido como la luz. Sentí cosas tan lindas cuando me decía todo eso que solo pude hacer eso.
Mientras nos tomábamos de la mano sentados, seguimos hablando, hasta que las horas pasaron rápido y ya era hora de irnos al culto.
—¡Nana, ya vámonos, es hora de irnos! —exclamé en voz alta.
En la iglesia
Llegamos temprano, por lo que el culto aún no había iniciado. Williams y yo nos sentamos al lado, mientras mi abuela fue en dirección a donde sus amigas.
Williams y yo nos postramos a orar mientras el culto empezaba. Había una melodía instrumental de fondo y, mientras orábamos, no sé cómo, pero sentí cómo mi espíritu se conmovió y empecé a darle tantas gracias al Señor que las lágrimas comenzaron a recorrer mi rostro. En ese momento, Williams tomó mi mano. Aún no podía creer lo bondadoso y misericordioso que es Dios, no solo conmigo, sino con todos.
Le fallé tanto a Dios, pero en mi peor momento Él me dijo:
—Levántate, porque yo te he escogido.
Esa sensación, esa voz que me habló en mi habitación en medio de mi dolor, fue mi consuelo.
San Mateo 5:4
"Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación."
Continuará
ESTÁS LEYENDO
Somos tres
Teen FictionHola, soy Rous Smitt. Toda mi vida he sido "cristiana". Participo en los cultos de jóvenes, en las actividades de la iglesia... siempre sonriente, siempre activa. Pero detrás de esa sonrisa hay un vacío que me consume. Un peso que escondo cada noche...
