Yo os haré descansar
—Acompáñame, por favor.
Mientras seguía los pasos del doctor, sentía que tenía el corazón en la mano. Estaba tan nerviosa y asustada de lo que pudiera decirme... ¿Él también estaba algo nervioso? ¿Incómodo? No sé cómo explicarlo... ¿Y si era algo malo?
Lo único que podía hacer era poner todo en manos de Dios.
—Doctor... ¿cómo está mi abuela?
—Ella está mejor. Ya pudimos revisar bien todas las pruebas que le hicimos. Los resultados aún no están completos, por lo que se tiene que quedar aquí hasta que salgan, ya sería la próxima semana —dijo el doctor, mirándome con una expresión seria y algo lamentable.
—¿La próxima semana?
—Sí. Ella ya está estable, solo estamos esperando los resultados. Cuando estén listos, veremos cómo proceder.
—¿Y puedo pasar a verla? —le pregunté con intriga, esperando un "sí" como respuesta.
—Aún no. Ella debe guardar reposo. Además, ahora está dormida. Tuvimos que sedarla para poder realizar algunos exámenes.
Pero tú, pequeña, puedes ir a tu casa, dormir un rato, descansar y comer, para que cuando despierte estés aquí, y no te vea preocupada. ¿Okey?
—No... quiero quedarme aquí, doctor. Por favor —le dije con una mirada caída, casi suplicante.
—Sabes... te entiendo muy bien. Yo tengo a mi madre aquí en el hospital por una enfermedad, y es doloroso no poder estar todo el tiempo con alguien que amas tanto.
Pero gracias a un amigo comprendí que, a veces, es lo mejor. Así mejora más rápido mientras descansa. Es justo lo que ella necesita.
—Está bien... ¿pero a qué hora puedo venir?
—Tú descansa bien. Ella se va a despertar, máximo, en unas tres o cuatro horas. Así que no te preocupes, ¿de acuerdo?
Aún estaba algo dudosa. No sabía qué decir ni qué hacer. Quería quedarme con mi nana... pero el doctor tenía razón.
Debía descansar para que, cuando ella despertara, me viera bien y no se preocupara si me notaba cansada.
—Está bien, doctor. Gracias. Pero... no quiero dejarla sola.
—No te preocupes, nosotros la vamos a cuidar muy bien. Así que tranquila.
—Está bien... muchas gracias, doctor.
Luego de eso, fui a la sala de espera, donde estaban mis amigos. Les conté la situación y simplemente me abrazaron. Fue un abrazo grupal... y se sintió cálido. Esther me dijo que ella se iba a quedar en el hospital con Esteban, y que yo fuera con Williams a mi casa a descansar y buscar ropa.
No creía que fuera una buena idea... ya era muy tarde. No podíamos andar nosotros dos solas a esa hora de la madrugada. Podía pasarnos algo. No sabía qué hacer.
Sentía que no era correcto que dos personas estén solas en una casa sin un adulto presente, y menos a esa hora.
—No es buena idea que vayamos solo nosotros dos a su casa si no hay un adulto presente, y más a esta hora de la noche —dijo Williams.
Entonces no era la única que pensaba eso... me sorprendió.
A lo que Esther agregó:
—Tienes razón. Si alguien los ve, también podría malinterpretar la situación. Es mejor no dar motivos para que otra persona peque sin conocimiento.
—Si quieren, puedo ir a mi casa y buscar ropa y algo de comida para ustedes, chicas. No vivo tan lejos. Pueden venir las dos conmigo en el carro. Mis padres están en casa, así que no pasa nada —dijo Esteban.
—Sí, es lo mejor. Ustedes vayan. Yo me voy a quedar con la abuela de Rous, y cualquier cosa, nos mantenemos comunicados —dijo Williams.
—¿De verdad? —pregunté un poco impactada.
—Sí. Así que ve tranquila. Todo estará bien. Recuerda que la Biblia dice que le demos nuestra carga a Él (Jesús) y Él nos hará descansar. Así que ve tranquila... y con Dios.
—Está bien, muchas gracias, Williams —le dije sinceramente, mientras lo abrazaba con gratitud.
Continuará...
ESTÁS LEYENDO
Somos tres
Teen FictionHola, soy Rous Smitt. Toda mi vida he sido "cristiana". Participo en los cultos de jóvenes, en las actividades de la iglesia... siempre sonriente, siempre activa. Pero detrás de esa sonrisa hay un vacío que me consume. Un peso que escondo cada noche...
