Evacuando I

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—¡Qué significa eso! ¡¿Etapa final?! ¡No entiendo una nada!

Silvia alzó la voz por el sorpresivo mensaje del Divino Espejo. A pesar de haber dicho que no entendía, ella después pudo teorizar cuáles serían esos nuevos cambios, debido a que había palabras muy explícitas y contundentes, pero fue Gunnar quien explicó sus pensamientos.

—Al parecer el acceso de esas Pesadillas a la Tierra ha estado siendo obstaculizada por el Divino Espejo cierto tiempo, caso que ahora no se va a poder... Esto explica por qué aparecieron los monstruos y nos están atacando.

Silvia, sin darse cuenta, convirtió sus pensamientos en palabras al sintetizar el mensaje implícito expuesto por Gunnar. —Es decir, vamos a ser invadidos por las Pesadillas hasta que, según palabras del Divino Espejo, el planeta sea destruido.

El hombre asintió muy serio, más de lo habitual. Entendió que, aunque fuera difícil de procesar, dudar de esa afirmación podría ser más negativo que positivo para ellos. No obstante, aceptar el hecho todavía era un desafío y más para Silvia. Él dedujo eso y no se equivocó.

—¡Gunnar, dime que es falso! —gritó con una pizca de ansiedad.

Era raro ver tal comportamiento en una mujer tan preparada como ella, pero Gunnar ni siquiera se sorprendió por eso. Las razones eran absolutamente válidas. Incluso en él todavía existían dudas, si no que actuó en pos de un pensamiento más factible para esta terrible realidad y su futuro.

—Calma, Silvia —Soltó de su boca. Fueron unas cortas palabras que tuvieron un efecto inmediato en ella—. Primero manejemos las cosas por partes. Antes de matarte la mente en el futuro, enfócate en el presente. Estamos siendo atacados y hay que defendernos.

El corazón, que paulatinamente se aceleraba, pronto fue recobrando su ritmo normal cuando Silvia se autoevaluó y se dio cuenta de que su comportamiento estaba siendo vergonzoso.

El sonido de dos cachetadas simultáneas se escuchó cuando ella se pegó así misma para recomponerse su estado mental.

—He parecido una mujer muy frágil últimamente. Qué decepción.

Gunnar no respondió, no obstante, estuvo satisfecho por el accionar de su compañera.

—Verificaré el lugar. Mantente alerta —avisó. Él dio pasos cautelosos hacia la ventana ahora destrozada.

La atmósfera silenciosa agregó mucho suspenso y desarrolló un instante de tensión.

Cuando estuvo allí y no hubo un choque brutal con monstruos, ninguno se alegró, más bien sus rostros se fruncieron, ya que no descubrieron cómo las Pesadillas ingresaron desde la ventana. El miedo a lo desconocido era el sentimiento más desagradable que las personas estaban dispuestas a experimentar. Sin embargo, ellos esta vez sí resolvieron el misterio.

Precisamente a medio metro de Silvia, una distorsión del espacio en forma de pequeño círculo se originó. El círculo rotó cada vez más rápido como si cogiera impulso y creció hasta lograr 13 centímetros, entonces apareció un espejo color.

Asimismo, apenas salió ese, 6 círculos en diferentes lugares se crearon y las expresiones del grupo se oscurecen todavía más, en especial Gunnar, porque tenía conocimiento que el resto no.

—¡Silvia, son ellos, los monstruos! ¡Vamos a matarlos sin correr! —Ordenó y despertó a rubia, que sacudió la cabeza otra vez y asintió.

—Caesar, deja de comerte a esas Pesadillas —aconsejó al chimpancé para que no se descuidara. Su crisis se había desvanecido en gran manera, también porque a pesar de todo, entendía que necesitaba de su ayuda por lo que pasaban actualmente, en vez de ser una carga.

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