Pelea por el territorio I

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—¡Demonios! ¡Duele! —Ryan se agarraba la herida y aullaba por el dolor.

—Esto definitivamente no es como imaginé... —susurró Jayden, que ignoraba a su compañero, arrugando la frente y las cejas en señal de mal humor.

—¡¿Esa cosa blanca que golpeó a Emma es en verdad un chimpancé?! ¡¿Ella está bien?!

Como si el poder de Silvia no fuera ya un problema, un animal extraño poseía una fuerza de otro mundo. Bastó con un golpe para entender que no estaba ni cerca de ser ordinario. Tenían que manejar las cosas lo mejor posible.

Mientras ellos dos intentaban canalizar las cosas, no muy lejos, justo en una montaña de escombros, Emma se puso de pie y expuso ver su condición. Portaba una expresión oscura y apodera de rencor. Varias lesiones leves eran ahora visibles en el cuerpo, debido al fuerte golpe, sin embargo, su brazo izquierdo se veía muerto.

Ahí fue donde recibió la totalidad del impacto. Esto causó una fractura en la parte superior del brazo (Húmero). Emma, a pesar de no demostrar el dolor, su cuerpo hablaba un idioma diferente.

—¿Qué carajos es esa cosa? —Susurró la misma pregunta de sus compañeros.

Jamás imaginaron presenciar la exhibición de un animal igual a ese. Además, ni sabían que los animales estaban desarrollándose incluso más rápido que los humanos. Fue una completa locura.

Jayden, como líder del grupo, tenía que hallar la manera de evitar una confrontación que pusiera en juego la vida de todos. Pelear por una razón tan irrelevante no valía la pena, más si los oponentes eran dignos de cuidado. Para calmar las aguas, habló en dirección a Silvia.

—Parece que hemos cometido un error al invadir tu propiedad. No queremos tener una pelea innecesaria. ¿Podemos concretar acuerdo sensato?

—¡¿Qué estás diciendo Jayden?! ¡¿Acaso tienes miedo?! —Ryan protestó.

—¡Cállate y déjame hacer las cosas a mí!

De inmediato, el joven herido tragó sus quejas y orgullo para permanecer mudo, no sin expresar su molestia mediante el gesto facial. Emma, allá en los escombros, no dio su opinión y esperó la conclusión.

Los ojos de Jayden se dirigieron en Silvia, que estaba tranquila mirando la escena de los invasores. Ella notó quién era el jefe de los 3 y cuando vio su mirada, algo le dio gracia.

—¿Conmigo? Creo que te equivocas de persona.

Las palabras de Silvia causaron una desviación de enfoque en los canadienses y se posaron precisamente en el hombre de cabello negro y buen aspecto: Gunnar.

Lo pasaron por alto porque no había hecho nada que lo hiciera destacar, así como la rubia o la reciente acción del primate. Este descubrimiento subió el termómetro de peligro. Nadie era líder porque sí de semejantes Liberados.

—No. Ustedes morirán aquí hoy —sentenció Gunnar, sin contemplación.

Jayden oscureció su rostro. El peor resultado tomó forma, no obstante, no se rindió.

—¿Por qué? Estos dos recibieron su merecido. Repito, no queremos tener un enfrentamiento con ustedes.

—No han recibido nada. Quisieron matarnos... Enfrenten las consecuencias —expresó mientras desenfunda las dos espadas relucientes y se acercaba en medio de Silvia y Caesar.

—Tú lo pediste —Jayden, un poco decepcionado, se rindió en buscar la paz.

Sucedió lo que tenía que suceder. Los canadienses se prepararon y esta vez no iban a ser tan descuidados.

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