Llegada impactante

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El deterioro de la neblina roja había alcanzado el estado donde ya era casi inexistente, por tal motivo, Silvia y Gunnar veían sin esfuerzo a la pareja de hombres, quienes parecían estar buscando algo en específico.

—Mira, allí está Gunnar y su equipo —señaló Marcus, a pasos veloces junto a su colega—. ¿Desviamos nuestro camino?

Robert frunció las cejas ahora que se presentaba el asunto destinado a suceder.

—El capitán Malcom fue claro con sus órdenes. Ahora no son enemigos, no hasta que hagan algo para merecerlo —dijo—. Vamos a saber cómo serán las cosas. Sígueme.

Dicho esto, se movilizaron hacia Gunnar y los demás; sin embargo, antes de llegar, hallaron a los dos últimos integrantes de la pandilla.

A docenas de metros, Mark se visualizaba al lado de un cadáver, el cual traía puesto el uniforme de agente. James estaba en otro sector, moribundo y escondido en el mismo muro de antes. De manera milagrosa las Pesadillas los habían omitido hasta entonces.

—El único idiota que está recolectando Origen cuantificado en estas circunstancias —comentó Marcus—. Un tipo como él, deambulando sin ser embestido y a nosotros en el primer intento ya nos obligaron a huir.

—Así es la vida —le respondió el otro agente—. Continuemos.

Acatando el comando, el agente pecoso avanzó primero saltando 80 metros de distancia, y cuando Robert se dispuso a correr, alguien lo llamó.

—¡Espera un minuto, agente Robert!

Él cortó el impulso de moverse y se mantuvo congelado medio segundo, luego se volteó y miró a Mark, la persona que había mencionado su nombre.

—¿Qué quieres? Habla rápido que el tiempo es preciado para mí —le informó con severidad, casi indispuesto a escucharlo.

—¿Todavía está disponible el reclutamiento? Deseo entrar.

El soldado quedó en silencio al escuchar las palabras del pandillero. El semblante serio le dio a entender lo decidido que estaba. “Maldito zorro”, pensó, brotando en Robert una sonrisa aguda.

—Es tarde. En estos momentos es imposible que te cuide el trasero, además, eres muy débil. Te falta completar la Liberación —rechazó, pero no del todo—. Pregúntale al capitán Malcom más adelante. Por supuesto, siendo más fuerte.

Mark escuchó en silencio mientras Robert se alejaba sin mirar atrás. Se molestó por la respuesta, no obstante, entendía lo disparatado que era al decirle su solicitud. De todos modos, lo intentó. “Al menos existe una oportunidad. Bien, manos a la obra”, reanudó su trabajo.

En otro lado… 

—¿Son muy valientes o demasiado estúpidos? —Silvia se preguntó, imbuyendo una dosis de burla en su tono de voz. Cerca de ella, el agente Marcus se situó callado y muy cauteloso.

—Venimos en son de paz —respondió. Agarraba una daga extraviada del suelo y la dominaba con la mano derecha. Sus ojos permanecían fijos en el arma—. Aquí una muestra.

El objeto filoso fue lanzado teniendo a Gunnar como obstáculo. La hoja pasó sobre su sien, a un centímetro de distancia. Desde que Marcus lo tiró, él jamás movió una pulgada de cuerpo, ni se detuvo a observar el destino de la daga, nada más mantuvo sus ojos tranquilos en el visitante no deseado.

El arma cortó el viento hasta alcanzar el objetivo. La Pesadilla, la cual combatía con Sophia y Benjamín, percibió un ataque furtivo y fue forzado a esquivarlo, desliándolo con sus garras.

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