Maldito 14 de febrero.
Es curioso cómo pueden cambiar las cosas en una abrir y cerrar de ojos. Esa mañana, cuando me despertó el sonido de mi teléfono, no podía ni imaginarme lo que se me venía encima.
-Dime que estás en casa.
-Buenos días para ti también-respondí con voz de ultratumba.
-No estoy para necedades, Juliana. ¿Estás en casa o no?
-Mariana, es domingo y ...-aparté el teléfono para ver la hora en la pantalla- no son ni las diez de la mañana, ¿dónde esperas que esté?, ¿corriendo un maratón?
Trabajo en un local de copas, ¡por el amor de un Dios! ¿De verdad no podía dormir a pierna suelta ni siquiera en mi día libre?
-¡Genial! Llego en cinco minutos.
Me quedaría corta si dijese que desperté de golpe en cuanto asimilé la información. Menos mal que seguía tumbada porque me hubiera caído de espaldas.
-Mariana, ahora soy yo la que no está para mamadas.
-Mejor, porque hablo muy en serio, cuando llegue te lo explico. ¡Te quierooo!
-Mariana... -«Mierda...», pensé mirando a Deborah, la chica que dormía a mi lado, ajena a la conversación que mantenía con Mariana-, ahora no es buen momento.
-Juliana, hermanita querida -respondió con su dulzura habitual-, te voy a decir lo que vamos a hacer. Vas a despertar a esa chica para decirle que te surgió un contratiempo ineludible con tu hermana, o sea yo, por lo tanto, tiene que marcharse. Vas a acompañarla a la puerta y, en el hipotético caso de que te sientas un poquito culpable por despacharla de mala manera, le pedirás su número de teléfono, aunque las dos sabemos que no lo vas a necesitar porque no tienes la más mínima intención de llamarla. -Hizo una pausa, imagino que para coger aire después del discurso que acababa de soltarme-. ¿Lo tienes claro?
-No mames, Mariana...
-Cinco minutos. -Y colgó sin darme opción a réplica.
«Pues sí que empezamos bien».
Tal y como dijo, minutos después aporreaba la puerta de mi apartamento. De haber sabido lo que me esperaba, me hubiera hecho la muerta; a fin de cuentas, mi vida, tal y como la conocía hasta ese momento, estaba a punto de llegar a su fin.
«La culpa es tuya por coger el teléfono, tontis».
-Traje el desayuno. -Levantó la bolsa de la pastelería que llevaba en la mano mientras me miraba con cara de perrito abandonado.
Conocía esa cara demasiado bien, y solo podía significar una cosa: o me había enredado o me iba a enredar.
-¿Qué hiciste? -pregunté con miedo.
-¿No piensas invitarme a un café? -Ignoró mi pregunta mientras se encaminaba hacia la cocina-. ¿Dónde guardas el azúcar? -Abría y cerraba los armarios sin ton ni son, y ahí empecé a incomodarme de verdad, estaba nerviosa. Me fijé en su aspecto y se dispararon todas mis alarmas internas. La chica que rebuscaba en los armarios de mi cocina, vestida con unas yogypant, un moño mal hecho y la cara lavada, estaba muy lejos de parecerse a mi hermanita, siempre perfecta, impoluta y arreglada.
-Mariana, por el amor de un Dios... -Me estaba poniendo nerviosa-. ¿Qué hiciste ? -insistí.
-¿Por el amor de un Dios? -repitió-. ¿De qué Dios?
-Del que sea. -Como si todos creyesen en el mismo... O en alguno...
Siguió ignorándome mientras preparaba dos tazas de café y colocaba en un plato los pastelitos que había traído. Estaba claro que no iba a sacarle nada hasta que ella quisiera, así que di la batalla por perdida y me senté a su lado a desayunar, aunque al primer bocado ya me había atragantado.
-Serch me pidió que me case con él -soltó de repente.
-¿Y no podías esperar para darme la exclusiva de la boda? -Me quejé, aunque a la vez respiré tranquila. Por poco tiempo...
-Le dije que no.
Enmudecí.
Palidecí.
Y puedo asegurar que me faltó poco para el infarto.
-¿Me lo estás diciendo en serio? -Puso los ojos en blanco como respuesta-. Pero... ¡¿por qué?!
-Porque no estoy enamorada de él.
El trozo de pastelito de ricota y espinaca que estaba a punto de comerme se quedó a medio camino entre la taza y mi boca abierta de par en par, chorreando sobre la mesa el café en el que acababa de mojarlo. Mariana me miraba con verdadero espanto.
-¿Cómo que no estás enamorada de él? -pregunté-. ¿Desde cuándo?
Mariana llevaba enamorada de Sergio desde... desde ... ¡Desde toda la vida! Aunque yo nunca entendiera por qué. ¿En qué momento se le había acabado el amor? Y, lo que era más importante, ¿en qué momento decidió presentarse en mi casa y contármelo en primicia? Cuando até cabos ya era demasiado tarde.
Podía imaginarme la escena.
Sergio llevándole el desayuno a la cama en una de esas bandejas con patas de color blanco, tan lujosas como él.
Sergio sacando la típica caja de terciopelo rojo con solemnidad.
Sergio formulando la pregunta del millón.
Mariana viendo toda su vida pasar por delante de sus ojos y saliendo apresurada después en dirección a mi casa, con lo que traía puesto sin cambiarse ni arreglarse.
«La culpa es tuya por coger el teléfono, corazón».
Repetí por enésima vez. Pero repetírmelo no cambiaba las cosas. Mariana no se iba a evaporar. Mariana, mi adorable hermana, como predije, me había jodido.
-Mariana, no puedes quedarte conmigo -repliqué. Aunque lo que, en realidad, pensaba era que no quería que se quedara-. ¿Por qué no vuelves a casa? Estoy segura de que mamá estaría encantada de que volvieras al nido.
-Sabes tan bien como yo que mamá cuestionaría mi decisión e intentaría convencerme de que volviera con Sergio -rebatió. Y tuve que reconocer, muy a mi pesar, que tenía razón, Lupe le diría eso-. De que solo estoy asustada, o confusa, pero no lo estoy, Juls. Me ha costado mucho tomar esta decisión. Sabes que no soy una persona impulsiva, la irracional de la familia eres tú. -Llámenme quisquillosa, pero si van a comparar, impulsiva me parecía menos ofensivo que irracional-. No te lo pediría si tuviera otra opción -argumentó-. Solo serán un par de semanas, hasta que me organice y encuentre un depa que pueda pagar. -Hizo un puchero, la muy manipuladora.
Pero manipuladora o no tenía razón en todo lo que había dicho, ella no actuaba por impulsos. Mariana era la persona más cauta y reflexiva que conocía, si ella estaba segura de su decisión, no sería yo quien la cuestionase. Se equivocan los que dicen que huir es de cobardes, porque no lo es. Hay que ser muy valiente para renunciar al futuro que habías imaginado, a la opción segura, cómoda y estable, aunque cada día se desdibuje un poco más. Lo cobarde es quedarse y conformarse, aunque eso no te haga feliz.
-No vamos a aguantar ni dos días viviendo juntas, Mariana, somos demasiado diferentes.
Ese dulce personaje era mi hermana y la quería, pero en la distancia y en pequeñas dosis. Siempre hemos sido dos polos opuestos, y en nuestro caso, la física no funcionaba, nos repelíamos mucho y muy fuerte. Vivir bajo el mismo techo no era una buena idea. Mariana es un ser de luz, y yo soy un alma oscura.
-Te prometo que no notarás que estoy aquí.
«Mentira la muy teatrera me estaba mintiendo y yo lo sabía».
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Like i loviu (TERMINADA)
RomanceJuliana quiere a su hermana, pero prefiere que sea feliz en otro sitio que no sea en su casa. Quiere recuperar su espacio por eso idea un plan. Con lo que no cuenta es, en que si pides ayuda al universo, este se atreve a cobrarse el favor, pero a su...
