¿Han visto alguna vez en una película la típica escena en la que una pareja entra a trompicones en un apartamento mientras se besan con la pasión que requiere el momento, chocan contra todas las superficies que encuentran a su paso —lo que, por supuesto, incluye el mueble del recibidor y que el cuenco de las llaves salga volando—, rompen dos lámparas y un jarrón de camino al dormitorio mientras se arrancan la ropa el uno al otro y todo ello sin recaer en la presencia de una tercera persona que mira la escena, escandalizada, desde el sofá? Seguro que sí. Y seguro que han pensado: «Pero ¿cómo no se van a dar cuenta de que no están solos? Eso es imposible.
Pues damas y caballeros, puedo confirmar y confirmo que es posible. También que sigo en shock y que estoy segura de que voy a tener pesadillas, a pesar de que abandoné la escena del crimen lo más rápido que pude para refugiarme en casa de Camilo.
—¡Mariana, qué alegría verte! —Me mira de arriba abajo—. ¿Eso es un pijama?
He huido con lo puesto, o sea, mi pijama de unicornios. Por lo menos es bonito, nada sexi y calentito.
—Es una larga historia.
—Tengo todo el tiempo del mundo. —Sonríe encantado—. Y dos cajas de galletas, ¿crees que será suficiente?
—Me estás arruinando la «operación bikini», Camilo.
—Necedades. —Sacude la mano mostrando su desacuerdo y me invita a entrar—. ¿Qué pasó esta vez?
En cuanto formula la pregunta caigo en la cuenta de algo. Cada vez que me pasa algo, corro a refugiarme en casa de Camilo en busca de consuelo y puede que esté abusando de su amabilidad, que el hombre esté hasta el tope de mí y que no sepa cómo decírmelo sin parecer grosero.
—No debería presentarme así en tu casa, seguro que tienes cosas más importantes que hacer que escuchar mis tonterías...
Por un momento pienso en marcharme, pero salir a la calle un domingo por la tarde en pijama no me parece la mejor opción. Tendría que volver a casa, aunque fuera para vestirme, y solo de pensarlo me entra angustia. ¿Y si escucho gemidos? O aún peor, ¿y si me las encuentro en mitad del pasillo dale que te pego?
Menos mal que Camilo me rescata del pozo en el que me estoy hundiendo.
—¿Tienes la menor idea de lo aburrida que era mi vida antes de que tú llegaras? Tus «tonterías» son lo más interesante que me ha pasado en los últimos años.
—¡Ay, Camilo! Si es que te tengo que querer. —Lo abrazo tan fuerte que el hombre termina por quejarse. Un poquito. Pero a la vez encantado.
—Y ahora cuéntame qué pasó.
—Podemos resumirlo en que no escogí el mejor momento para volver a casa.
Me había marchado de casa de Valentina poco antes de su cita con mi hermana con la excusa de ir a tomar algo con mi compañera Paula, aunque en realidad no había quedado con ella. Ni con ella ni con nadie, pero pensé que, si las cosas salían bien, lo mejor sería que tuvieran el piso más cercano vacío, por si acaso.
—¡Ah, no, querida!, ahora quiero la versión extendida.
—La versión extendida tiene detalles para adultos, Camilo, y yo soy una señorita —Camilo finge escandalizarse y yo finjo que me lo creo—, así que solo te diré que al otro lado del pasillo acaba de desencadenarse .
Al final, recreo —eso sí, con mucha elegancia— la escena que acabo de presenciar y los dos nos meamos de la risa mientras nos terminamos la primera caja de galletas.
*
Vuelvo a casa en cuanto escucho la puerta y compruebo por la mirilla que Valentina se marcha. Me encuentro a mi hermana en la cocina, está sacando una cerveza de la nevera cuando me ve aparecer en pijama.
—Dime que no estabas en casa. —Se le atraganta el primer sorbo.
—No estaba en casa —miento. Mi hermana respira tranquila y vuelve a beber—. Bueno, es mentira, sí estaba en casa. —Escupe la cerveza y ensucia todo el suelo.
—Pero ¿tú no estabas en casa de Valentina?
¡Esto es divertidísimo! Todavía la hago sufrir un poco más hasta contarle la verdad sobre mi huida, y tengo que reconocer que disfruto muchísimo haciéndole pasar un mal rato. Esa cara de angustia que puso no se me va a olvidar en la vida.
—Supongo que esto significa que la próxima semana iré sola al Speed Dating —medito en voz alta. Dadas las circunstancias, me parece obvio que Valentina no va a acompañarme.
—¿Vas a apuntarte? —Se sorprende mi hermana .
—Sí, y te agradecería que esta vez te mantuvieras al margen.
—¿Ya le hablaste a Lucas?
—Todavía no.
Me mira en silencio, pero su expresión me dice que se está conteniendo.
—Si tienes algo que decir, ahora es el momento. Le digo
—No iba a decir nada.
—¿Seguro?
—Segurísima. —Se termina la cerveza casi de tres tragos—. Confío en tu criterio.
¿Y por qué demonios eso no ha sonado a cumplido?
*
Los días se pasan tan deprisa que cuando me quiero dar cuenta estamos a sábado. He quedado con Valentina para ir juntas al Hangar. Una cosa es que no vaya a participar porque tiene todas sus necesidades cubiertas con mi hermana y otra que sea la peor amiga del mundo dejándome sola en semejante situación.
—¿Tú estás segura de querer hacer esto?
—Segurísima.
Puede parecer una tontería, pero, para mí, esto es algo simbólico, algo así como cerrar el círculo volviendo a empezar en el mismo punto. Me siento en la misma mesa que en la ocasión anterior y espero a que el primer candidato ocupe la silla vacía que tengo frente a mí, con todos los dedos cruzados para que sea el hombre de mi vida, hasta que alguien se sienta.
—¿Tú? —Es la última persona a la que esperaba ver.
¿Les cuento un secreto?
El universo tiene un sentido del humor de lo más macabro.
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Like i loviu (TERMINADA)
RomansaJuliana quiere a su hermana, pero prefiere que sea feliz en otro sitio que no sea en su casa. Quiere recuperar su espacio por eso idea un plan. Con lo que no cuenta es, en que si pides ayuda al universo, este se atreve a cobrarse el favor, pero a su...
