47 Al verte - Mariana

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Ahora entiendo a Alejandro Sanz cuando decía aquello de «Se me olvido todo al verte».

Se me olvidó

que me juré olvidarte para siempre. Se me olvidó que prometí por una vez ser fuerte.

Acabo de dejar plantado al segundo candidato del Speed Dating con la excusa de ir al baño y la esperanza de que sea lo bastante listo como para darse cuenta de que no tengo la menor intención de volver.

«Maldito Lucas». Todo esto es culpa suya. Me digo.

¿Por qué ha tenido que apuntarse?

Pues porque, como les decía, el universo tiene un sentido del humor de lo más macabro, algo que me ha quedado claro en cuanto veo a Teo —al que he acorralado en la barra para someterlo a un exhaustivo interrogatorio sobre la aparición de Lucas, antes de encerrarme en el baño— me confirmó que, esta vez, mi hermana no ha tenido nada que ver en el asunto y Lucas se ha inscrito en el evento por iniciativa propia.

Todavía me parece escuchar su voz en el interior del cubículo en el que estoy encerrada mientras repaso la conversación una y otra vez.

—¿Qué habrá querido decir con algo estúpido?

—Algo tan estúpido como un «te quiero».

—Perdona, ¿qué acabas de decir?

—No me hagas repetirlo.

—No estoy segura de haberte entendido

—He dicho que te quiero.

—¿Del verbo querer? —«si soy ridícula». Todavía no puedo creer que haya preguntado algo tan absurdo. ¿Por qué mis malditas neuronas se atrofian en el momento menos indicado? ¿Eh? ¿Por qué? No es justo, pero... ¿Qué iba a decirle? «¿No me mientas que te creo?».

—¿De qué otro verbo va a ser?

—Comprendo.

Sí, lo sé, eso ha sido más absurdo que lo del verbo querer, tanto que, aunque no se lo crean ahora mismo me estoy dedicando a mí misma, a través de ondas mentales, un montón de palabras malsonantes, pero es que, ¡chigaa!, ya quedó claro que yo bajo presión tengo el mismo nivel de raciocinio que una ameba. A Valentina le da por hacer chistes malos y a mí por decir tonterías.

Por suerte, llevaba el teléfono en el bolsillo cuando salí huyendo y puedo pedir auxilio en vista de que no consigo hacer acopio de valor para abandonar mi escondite. Estoy a punto de desbloquear el teléfono cuando empieza a pitar.

Valentina📲

Mariana, ¿dónde demonios estás?

¡Llevo media hora buscándote!

Media hora, dice... ¡Si es exagerada! ¡Si no llevo ni cinco minutos en el baño!

Que, dicho sea de paso, sería el primer sitio por el que yo hubiera empezado a buscar.

Mariana📲

Estoy en el baño.

Diez segundos después mi amiga está aporreando la puerta.

—Vamos —susurra tan bajo que casi ni la escucho, pero me quedan claras sus intenciones cuando tira de mi mano para arrastrarme fuera del baño, ignorando mis quejas.

Pasamos por delante de la barra a la velocidad de la luz, pero no tanto como para que no pueda ver el festín que tienen formado mi hermana , Lucas, Teo y el otro camarero del que no recuerdo el nombre.

Genial, soy la comidilla del local.

«Ahí va Mariana, la Ridícula».

Tierra, trágame. Lucas te odiooooo

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