¿Cuántos restaurantes hay en la ciudad? No tengo ni la menor idea. ¿Cuántas posibilidades había de que Mariana entrara en el que está justo debajo de mi oficina? Tampoco lo sé, pero creo que no muchas, sin embargo, allí estaba, después de una semana de silencio en la que no había contestado ni a uno de mis mensajes. ¿Destino o casualidad? Quizá el destino no es más que un cúmulo de casualidades.
Cuando salí del local, ya había decidido rendirme, respetar su decisión y retirarme del juego, pero entonces recibí un mensaje que lo cambió todo.
Mariana 📲
Tienes razón, te he estado evitando y lo siento.
Si todavía quieres que nos veamos,
estaré en el Hangar a eso de las diez y media,
pero entenderé que no vengas.
Volver a vernos me parecía una idea fantástica.
Caminé a casa para darme una ducha y cambiarme de ropa, llamé a Juls para ponerla al día de lo ocurrido. Media hora más tarde nos vimos en un local que hay cerca de su casa, lejos de oídos indiscretos.
—¿Sigues teniendo las entradas para el musical? —le pregunté nada más sentarme. Ella sonrió porque sabía lo que eso significaba—. Creo que voy a necesitarlas.
—¡Sí! —Celebró, levantando los puños y aplaudiendo.
Me había ofrecido aquellas entradas unos días antes, justo después del Speed Dating, y justo antes de que Teo descubriera nuestro plan.
—Tienes que invitarla al musical de Grease que hay el próximo fin de semana en el Auditorio. Se muere por ir —me aseguró Juls, apoyada en la barra.
—Las entradas están agotadas desde hace semanas.
—Lo sé, pero resulta que yo tengo dos entradas para el sábado por la noche.
—¿Por qué tienes dos entradas?
—Porque iba a llevar a Mariana, pero ella no lo sabe.
—¿Y por qué no vas tú con ella?
—¿A ver Grease? —preguntó con cara de espanto.
—¿Me estás diciendo que compraste dos entradas para un musical al que no quieres ir?
—Estaba dispuesta a sacrificarme por la causa.
—Y la causa es...
—Mariana —aclaró—. Es mi hermana, la quiero y me necesita.
«Increíble», pensé.
—¿Cuántas veces al día te repites eso a ti misma?
—Demasiadas —reconoció—. Y ahí es donde entras tú.
Aquello lo cambiaba todo. Mi plan inicial era llamar a Mariana el domingo, tomar algo con ella y, una vez la hubiese dejado en su casa, borrar su número y olvidarme del tema. Cumpliría con el trámite y terminaría con la farsa. Pero ese era mi plan, no el de mi amiga.
—Solo serán un par de veces, hasta que coja impulso. —Yo no lo veía tan claro—. O hasta que te conozca lo suficiente como para darse cuenta de que eres un idiota y te deje en visto. Lo que ocurra primero.
Mi amiguita lo tenía todo pensado y su lista de «actividades» no se limitaba a un simple café, tampoco al musical. Por si eso fuera poco, también quería que la llevara a un mercadillo de antigüedades, a una feria de libros de segunda mano y no recuerdo cuántas cosas más que me aseguró que le encantarían.
—A mi hermana le encantan los trastos viejos —continuó con su monólogo—. No le busques explicación, yo llevo años intentándolo y todavía no le encuentro sentido. Dice que le gusta imaginarse la historia que hay detrás de cada cosa, o algo así.
—A mí me gustan los tratos viejos. ¿Qué tiene de malo?
—¿Lo ves? Eres el acompañante perfecto.
Lo tenía todo tan pensado que era hasta maquiavélico.
—No sé si quiero que me organices la agenda como si fueras mi secretaria —protesté, pero ignoró mis quejas.
*
Cuando llego al Hangar, veo a Mariana sentada en la barra charlando con Valentina, está de espaldas, lo que aprovecho para acercarme sin que sea consciente de ello y susurrar en su oído.
—Hola. —Mariana da un brinco muy gracioso en la silla.
—Voy un momento al baño. —Escucho decir a Valentina mientras me indica con un gesto que ocupe su silla—. Vuelvo enseguida.
Valentina se escabulle entre la gente dejándonos toda la intimidad que se puede tener en un local atestado de gente un fin de semana. O sea, ninguna. Por si eso fuera poco, Juls nos observa de reojo desde la barra sin molestarse en disimular lo más mínimo.
Como ya dije, todo muy íntimo.
—Creía que no vendrías —dice Mariana.
—Y eso ¿por qué?
—No has respondido a mis mensajes.
—Tú tampoco respondías a los míos. —Vale, me he vengado un poquito, pero me parece lo justo—. Llevo una semana mendigando una segunda cita.
—Tuve suficiente con hacer el ridículo en la primera.
«¿Qué ridículo ni qué ridículo?».
Puede que aquella tarde estuviera un poco nerviosa, pero a mí me había parecido adorable.
—No hiciste el ridículo.
—Ya...
—Mariana, tú me gustas —me mira con la incredulidad reflejada en la cara—, si yo no te gusto, solo tienes que decirlo y desapareceré.
—No es eso —responde, escondiendo la mirada.
—¿Entonces?
—Es que no soy lo que buscas.
—No sabes lo que busco.
No lo sabía ni yo. ¿Cómo iba a saberlo ella?
—No te va a compensar el esfuerzo.
—Eso debería decidirlo yo.
Entiendo sus reticencias. No puedes reprocharle a nadie que levante un muro a su alrededor para protegerse de todo aquello que pueda hacerle daño. Aunque esa creencia solo se base en suposiciones. Yo puedo parecer un sinvergüenza, pero no lo soy. Simplemente, cada uno construye su propio muro.
Sé que Mariana me gusta. Y mientras mi conciencia me grita que sea sincero con ella, porque no puedo empezar algo a partir de una mentira y yo le doy cien excusas para no hacerlo, la miro a los ojos y lanzo los dados esperando que la suerte esté de mi parte.
—Quiero una segunda cita.
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Like i loviu (TERMINADA)
RomantikJuliana quiere a su hermana, pero prefiere que sea feliz en otro sitio que no sea en su casa. Quiere recuperar su espacio por eso idea un plan. Con lo que no cuenta es, en que si pides ayuda al universo, este se atreve a cobrarse el favor, pero a su...
