Ha pasado una semana desde el beso y estoy hecha un desastre, y no solo por el beso. Me cuesta horrores mirar a Mariana a la cara y no contárselo todo.
«Esto te pasa por meter las narices donde nadie te llama, pero claro, tú no podías dejarla estar... Con lo felices que vivíamos en la ignorancia».
Necesito sabiduría ancestral de manera urgente, así que voy a buscarla.
Mi tía me abre la puerta más contenta de lo habitual, al parecer, ayer tuvo una cita y la cosa fue mejor que bien. La interrumpo antes de que se le ocurra entrar en detalles, que no sería la primera vez. Y créeme cuando te digo que hay abismos a los que es mejor no asomarse.
—¿Qué tal le fue a tu amiga con aquel chico? —Se refiere a Mariana. Hay que ver lo que le gusta a esta mujer un chisme.
—No sé qué decirte.
Sirve el café en dos tazas y se queda con la cafetera a medio camino, a la espera de que continúe con mi explicación. Pero ¿Qué voy a decirle? ¿Qué descubrí que su hermana y «aquel chico» han trampeado el encuentro y que yo me estoy debatiendo entre quedarme callada o contárselo todo a Mariana? Porque no dejo de darle vueltas a que no tiene ningún sentido. A mí no me parecía tan grave, al contrario, si tuviera que ponerme cursi, diría que es hasta romántico. Por otro lado, está el intercambio de fluidos con Juls que me dejó con un hormigueo en el estómago, y no es hambre. ¿Me gusta más allá de la evidente atracción física? ¿Podemos obviar que ha sido una coqueta? ¿Merece la pena arriesgarse?
Termino contándoselo todo a mi tía —intercambio de fluidos incluido—, con la esperanza de que le reste importancia y me mande a la chingada por dramática.
—Necesitamos un café de emergencia. —les puedo asegurar que esa no es la respuesta que esperaba, pero la cosa está a punto de empeorar—. Vamos a casa de Renata.
Me arrastra a casa de su vecina, ignorando mi negativa de airear trapos sucios ajenos —y propios— gratuitamente. Y así es como termino una tarde cualquiera en el jardín de Renata, contándoles a ella, mi tía Evangelina, Carla y Nayeli, mis dudas existenciales, con un vaso de —veneno— café en la mano.
—Negaré haber dicho lo que voy a decir —interviene Carla cuando finalizo mi relato—. Pero Juls te metió la lengua?.
«Ya me gustaría». Me desvío del tema... «Pero con lengua y sin lengua, estuvo genial».
—Me voy a ahorrar el chiste —interviene Nayeli—, porque esto huele a drama que apesta, pero estoy segura de que le encantaría que se la metiera —«pues menos mal que se iba a ahorrar el chiste»— hasta el fondo.
—Explícate —le pido.
Carla nos cuenta lo que, de verdad, ocurrió aquella noche, algo que sabe de primera mano gracias a Teo. Cuando termina, mi cara de idiota podría batir un récord Guinness, pero la indignación es general.
—O sea, que Lucas se coló en el Speed Dating porque Juls se lo pidió —resume Nayeli.
—¡La odio! —exploto yo.
—¡Son unos sinvergüenzas! —Coinciden Renata y mi tía que han metido a Lucas en el mismo saco. A fin de cuentas, participó por voluntad propia, así que es tan culpable como Juls.
—Uno más que el otro —masculla Carla.
—¿Te importaría dejar de darnos la información a cuentagotas? —protesta Nayeli. Aunque yo no lo hubiera dicho mejor.
—Lucas quiere decirle la verdad.
Lucas se había presentado en el Hangar el lunes con la única intención de convencer a Juls para contarle la verdad a Mariana, pero no hubo manera de que la otra se bajara del burro. Terca nivel Dios.
—El arrepentimiento no te redime de la culpa —aporta Renata.
Y estoy de acuerdo con ella, al menos en parte, porque... , todos nos equivocamos alguna vez, errar es humano, y no sería yo quien tirase la primera piedra. Él por lo menos quería arreglarlo, mientras que su amiga no tenía la menor intención de hacerlo.
—Yo lo mato. —Es lo único que tengo claro—. Les juro que la mato.
—No puedes matarlo porque, oficialmente, tú no sabes nada de lo que te he contado —me recuerda Carla. Y es una putada.
Tiene suerte de que no sea una persona violenta. Intensita sí, demasiado pasional, también, pero violenta no.
—¡¿Y entonces qué chingados hago?!.
—Necesitamos un plan —expone Nayeli.
—¡Ni lo sueñes! —exclama Carla—. Pero ¿tú no has aprendido nada? ¡No mames, Nayeli! Que tus planes son un completo desastre.
—¡No es verdad! Mis planes son lo máximo. El problema era que me faltaba infraestructura para llevarlos a cabo, estaba sola ante el peligro, pero ahora somos un equipo. ¿Qué puede salir mal?
—¿Contigo de por medio? —tercia Carla—. Todo, Nayeli. Todo.
La aludida ignora la pulla de su amiga y sigue hablando como si nada.
—Tenemos que encontrar la manera de que la verdad salga a la luz, pero minimizando los daños —explica Nayeli.
—¿No vas a proponer engordar la mentira? —Carla la mira sorprendida.
—Aunque no te lo creas, he aprendido de mis errores, perra —le responde orgullosa—. Además, para eso ya tenemos a Juls.
Media hora con Nayeli y ya le hubiera fundado un club de fans.
—¿Y cómo vamos a hacerlo? —pregunto.
—Tenemos que hacer que la pajarilla cante.
—¿Y cómo vamos a hacer eso? —insisto.
—Poniéndole un cebo. —La sonrisa de hiena que acompaña a sus palabras promete mucho—. ¿Tienen plan para el viernes por la noche? —Hace un barrido entre las presentes, que negamos con la cabeza. Creo que algunas con miedo por lo que pueda salir de la mente de esta loca.
¿Alguien sabe cómo fundar un club de fans? Es para una amiga.
—Me das miedo... —murmura Carla, pero el pánico es generalizado.
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Like i loviu (TERMINADA)
RomanceJuliana quiere a su hermana, pero prefiere que sea feliz en otro sitio que no sea en su casa. Quiere recuperar su espacio por eso idea un plan. Con lo que no cuenta es, en que si pides ayuda al universo, este se atreve a cobrarse el favor, pero a su...
