33 Mi vida rosa - Valentina

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Mariana está en la ducha cuando recibo el primer mensaje de su hermana. ¿Debería decirle que su hermana está en mi casa? ¿Debería conmoverme su aparente preocupación?

«No seas malvada, coño, que ella puede ser una idiota, pero seguro que su preocupación es sincera».

Puedo entender este instinto de protección, aunque en el caso de Juls sea selectivo. Ojalá se hubiera preocupado de la misma manera por su hermana antes de montar este circo. ¿Por qué rayos ha tenido que escribirme a mí? Por su culpa ahora soy yo la que tiene problemas de conciencia por haberla dejado carcomiéndose.

«Maldita Morena y malditos hoyuelos».

Mi amiga entra en el salón con su pijama de ositos y una toalla enroscada a la cabeza.

—Deberías decirle a tu hermana que estás aquí —le digo en cuanto se sienta a mi lado.

—¿Pedimos una pizza para cenar? —Levanto una ceja ante su respuesta.

—Mariana, ¿escuchaste lo que te dije?

—Perfectamente, ¿pedimos una pizza?

—Ok —accedo, a la espera de que esté más receptiva una vez aclarado el asunto cena.

—¿De qué te gusta?

—De lo que sea mientras no lleve anchoas —advierto. Odio las anchoas con todo mi ser.

En cuanto pide la pizza y me informa del tiempo de espera vuelvo a la carga.

—Mariana, deberías decirle a tu hermana que estás aquí. —Resopla sin mirarme—. Está preocupada.

Le doy mi teléfono móvil para que pueda leer la conversación que acabo de tener con ella y que ha sido bastante escueta, dicho sea de paso.

—Me da igual —miente, haciéndose un ovillo en el sofá.

—No te da igual —rebato—. Ponte en su lugar, tú también estarías preocupada.

—¿Por qué debería ponerme en su lugar? ¿Acaso se ha puesto ella en el mío?

—Tú no eres igual que ella.

—No, yo soy una tonta.

—No eres una tonta, eres confiada, un poco ingenua...

—¿Intentas animarme o hundirme? —me dice de manera tajante.

—No me has dejado terminar.

—Ibas por un poco ingenua...

—Sí, pero también eres divertida, amable, considerada, alegre, entusiasta y una de las mejores personas que conozco. No podrías ser mala, aunque quisieras. Además, es tu hermana, es una idiota, pero es tu hermana, y las dos sabemos que no podrás estar enfadada mucho tiempo.

—Odiar es agotador, Val.

—¿Me lo dices o me lo cuentas?

—Está bien —cede—, encenderé el teléfono, le enviaré un mensaje y volveré a apagarlo. ¿Contenta?

—Perfecto, Mari.

Mientras ella lleva a cabo el proceso, yo busco la manera de abordar el segundo tema espinoso del día.

—¿Y qué vas a hacer con Lucas?... —Me pregunta

—Lo mismo que tú con mi hermana. Nada.

Tenía que haber incluido rencorosa entre sus virtudes.

—No es lo mismo...—Le respondo

—¿Por qué no?

—Porque tu hermana me mintió y me utilizó.

—Pues sigo sin ver la diferencia —responde con sarcasmo.

Y con un poco de razón.

—¡Pues seré bastante aclara! Si te soy sincera, ni siquiera tengo claro que se sienta atraída por mí, a lo mejor es bipolar, yo qué sé. Un día es encantadora y al siguiente, imbécil; y yo no estoy ya para estas tonterías de hoy sí, mañana no. O entras o sales, pero no molestes en mitad de la puerta.

—Mi hermana no es tan mala.

—Eres consciente de que la estás defendiendo, ¿verdad?..—Le digo

—¡Maldición! Tienes razón —patalea—, pero es que me gusta la idea de que seas mi cuñada..—Me dice.

—Pues siento decirte que eso no va a pasar.

—Nunca digas nunca.

—Lucas tampoco es tan malo —pruebo su táctica—, quería decirte la verdad.

—Pero no lo hizo —rebate.

—Errar es humano.

—Y perdonar, divino.—Me sentencia

—Entonces tiene suerte de que seas una diosa..—Le respondo

—¡Tontaaaa! —Me avienta con un cojín, entre risas.

—Consúltalo con la almohada, al menos, Mari, no dejes pasar eso tan bonito.

—Solo si tú haces lo mismo —me chantajea, la muy sinvergüenza.

Me encantaría decir que no reviso el teléfono en toda la noche y que mantengo la mente fría como el culo de un pingüino, pero sería mentira. En cuanto me meto en la cama releo la conversación con la «Idiota esa» dos veces y compruebo que está en línea. ¿Seguirá hablando con Mariana? Entonces tomo una decisión muy madura, como cuando dudas si comprarte ese par de zapatos tan bonitos que has visto en una tienda —a pesar de que no los necesitas porque tienes cincuenta pares y, al menos, cinco son casi iguales a esos— y piensas: «si el próximo coche que pase es rojo, me los compro», pues yo pienso: «si vuelvo a entrar y sigue en línea, le hablo».

Valentina📲

¿Hablaste con Mariana?

La pregunta es absurda, porque sé que ha hablado con ella, pero ella no sabe que yo lo sé, y no se me ha ocurrido nada mejor para romper el hielo.

Hoyuelos arrogante (Juls)📲

Sí, me envió un mensaje.

«Genial, Valentina, ahora que ya sabes lo que querías saber es cuando abandonas la conversación sigilosamente».

Pero aquí sigo, sin salir de la conversación, esperando «algo» que no llega, hasta que de repente...

Escribiendo...

En línea...

Escribiendo...

Y luego nada.

¡NADA!

¡¡¿Qué mierdas escribe y borra?!! 

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