26 Si tú no estás - Mariana

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Sé que estoy empezando a volverme loca cuando me da por cocinar, sin orden ni descanso, como si tuviera que preparar un banquete para la mismísima reina de Inglaterra que en paz descanse, su descendencia, su séquito y media nación. Y empieza a ser un problema porque en el congelador no cabe ni un solo táper más ni metiéndolo de ladito, y la nevera va por el mismo camino.

«¿A Camilo le gustarán las lentejas? Seguro que sí, le llevaré un táper», divago sin dejar de remover el contenido de la cacerola y no son ni las diez de la mañana. Esto no es normal. Tengo que encontrar otra manera de apaciguar mis nervios, lejos de la cocina. La báscula y mis vaqueros me lo agradecerán.

Llevo tres días sin saber nada de Lucas. Tres. Eternos. Días.

No ha dado señales de vida desde el sábado por la noche.

El domingo me envió un mensaje a última hora con, ahora lo sé, una excusa, aunque en aquel momento no me lo pareciera.

El lunes no respondió a mis mensajes.

El martes tampoco.

El miércoles hice acopio de orgullo y dejé de escribir.

Esa noche me hice un ovillo en la cama y me dejé engullir por los recuerdos al percibir su olor entre unas sábanas que fui incapaz de cambiar. Con un nudo en la garganta y las lágrimas a punto de desbordar, pensé que el universo había confabulado contra mí cuando aquella maldita lista de «descubrimiento semanal» de Spotify eligió aquella canción de Franco de Vita, Si tú no estás.

Si tu no estas
mi vida se me va
Ay se me va detras de ti
Si tu no estas mi vida
yo no se
Que hare, si tu no estas aqui

No podía obviar la ironía de que aquella lista había sido elaborada «especialmente para mí». Debería haberla quitado, pero tampoco lo hice. Lloré hasta vaciarme y me prometí que sería la primera y la última vez que lo haría.

Por si no tuviera suficiente con la estampida de Lucas, tengo que añadir a la lista que ni mi hermana ni Valentina me hayan contado que se han enrollado, o que se siguen enrollando, anda tú a saber. Llevo más de una semana esperando a que alguna de las dos saque el tema a colación, como quien no quiere la cosa, pero nada, ni mu, muteadas, calladas las dos, eso no se hace.

¿Por qué tuve que pasar por allí en aquel preciso momento?

Si hubiera escogido otro camino, no habría visto nada, y seguiría tan feliz, viviendo en la ignorancia. Al menos, respecto a ellas.

*

El jueves quedo con Valentina para desayunar antes del trabajo. Sigo sin tener noticias de Lucas y necesito dejar de pensar en él, aunque sea un rato.

—No hagas planes para mañana por la noche que haremos algo —me dice cuando nos sentamos—. Mi tía organizó una cena, el sábado es fiesta y no trabajas, así que no tienes excusa.

—¿Y qué celebramos? —Porque yo no estoy para celebrar nada.

—Que el mundo gira, Mariana.

—Pues que pare, que yo me bajo.

—Tú no vas a ningún sitio, Mafalda.

Pues no sería por falta de ganas.

Para qué mentir. 

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