El viernes quedo con Valentina para comer en un local cercano al centro comercial en el que trabajo, a ella no le supone un problema porque no tiene que volver a la oficina, trabaja en la empresa de su papá; yo, por el contrario, tengo que estar en mi puesto a las cuatro, así que voy un poco justa de tiempo, pero no me importa. Que mi vida social es inexiste no es un secreto para nadie, aunque conocer a Valentina, por muy cursi que suene, ha sido un soplo de aire fresco, porque por mucho que me niegue a admitirlo, en el fondo, me siento muy sola.
Valentina me espera junto a la puerta, con una carpeta bajo el brazo y el teléfono móvil en las manos.
—Envío este email y soy toda tuya —dice sin dejar de teclear—. ¿Entramos? —Se queja mucho, pero en el fondo le encanta su trabajo de Relaciones Publicas.
Entramos en el local y nos acercamos a la barra para pedir mesa, cuando el camarero nos indica dónde sentarnos y nos disponemos a ir hacia allí, yo, que voy más preocupada por Valentina, porque sigue con la vista puesta en su teléfono móvil que, por mí misma, tropiezo con el pecho de un señor trajeado. Solo que cuando levanto la vista compruebo que el dueño del traje —y del pecho contra el que me acabo de estampar— no es un señor.
—¿Lu... cas? —pronuncio su nombre a trompicones.
—Mariana... Qué casualidad.
¿Alguna vez has tenido la sensación de que, digas lo que digas, será utilizado en su contra? Yo la tengo constantemente y, cada vez que me pasa, me bloqueo y me quedo en blanco. Y así estoy ahora mismo, mirando a Lucas con cara de lerda y sin saber qué decir. Busco a Valentina con la mirada, pero lo peor del asunto es que mi amiga ni siquiera se ha dado cuenta de la escena y pasó de largo hasta sentarse a la mesa que nos habían indicado.
«¡Socorro!».
Gracias al cielo, mis plegarias son escuchadas y el móvil de Lucas empieza a sonar.
—Perdona, tengo que cogerlo —dice justo antes de descolgar.
Es mi oportunidad de escabullirme, así que mientras él atiende la llamada, yo le hago el típico gesto de «después hablamos», pero que, en realidad, significa: «espero que esa llamada sea algo superimportante, urgente y tengas que irte antes de que podamos hablar», mientras me pongo una nota mental para no volver a este sitio never and ever, por si acaso.
—¿Quién era ese? —me aborda mi amiga en cuanto llego a la mesa.
—Lucas —respondo mientras me escondo tras de la tarjeta del menú.
—Lucas, ¿tu Lucas? Qué fuerte....
—No es mi Lucas —aclaro—. ¿No te acuerdas de él? —me sorprendo.
—Yo no he visto a ese wey en mi vida —asegura.
—Eso es imposible.
—Claro que no —ratifica—, créeme, me acordaría.
Estaría segura pero equivocada. Si no se acordaba de Lucas era porque aquella noche solo tenía ojos para mi hermana, pero decirle eso sería meter el dedo en la llaga y no había necesidad de amargarnos la comida sacando el tema.
—Tenías razón, te deja atontada.
Suelta mi... ¿amiga? cuando se da cuenta de que no puedo dejar de mirarlo de reojo, con ese traje negro que parece hecho a medida. Está sentado de lado en la barra, removiendo un café mientras habla por teléfono. Es un hecho, mi cerebro se desconecta del resto del cuerpo cuando Lucas está cerca.
—No te quita los ojos de encima —susurra Valentina.
—¿Quién?
—¡¿Quién va a ser?! ¡Lucas!
—No digas tonterías. —Porque son tonterías, ¿verdad?—. Voy un momentito al baño.
Tengo que pasar junto al causante de mis nervios camino de los servicios. Nuestras miradas se cruzan, él me guiña un ojo con descaro, y yo, por no mirar donde debería, casi me como una columna de mármol que no está en el menú. Disimulo mal, para qué mentir. En mi atropellada huida veo por el rabillo del ojo como el muy maldito contiene la risa.
«Genial, Mariana, vuelve a hacer el ridículo por si con lo del otro día aún no está convencido de que eres loca perdida».
Estoy un rato frente al espejo del baño, avergonzándome de mí misma, hasta que reúno fuerzas suficientes para volver a salir. En cuanto abro la puerta me lo encuentro apoyado en la pared del pasillo, con las manos en los bolsillos del pantalón.
—¿Me estás evitando? —pregunta sin moverse ni un ápice—. No respondes a mis mensajes.
—He estado ocupada.
—Mmmm ok.
Soy incapaz de responder, porque la verdad es que no sé qué decir. Me mantengo callada mientras él se da media vuelta y se aleja sin mediar palabra, dejándome plantada como un geranio en mitad de aquel pasillo. Vuelvo a mi mesa más nerviosa todavía que antes. Valentina lo nota en cuanto me siento y me falta tiempo para contarle el encontronazo y la conversación que acabo de tener con Lucas.
—No mames, Mariana, ¡¿de verdad no le dijiste nada?!
—¿Qué querías que le dijera?
—¡Cualquier cosa, Mujer de Dios! ¡Ahora estará pensando que no te importa un comino!
—¿En serio? Moriré sola rodeada de gatos. Soy un caso perdido.
—¿De qué te quejas? ¿No era lo que querías? ¡Y si no, por qué no le contestaste!, ese wey tiene una semana manda que manda mensajes.
—Si es verdad... ni me entiendo yo misma
—¿Recuerdas cuando me dijiste que tenía que enseñarte a pescar? —Asiento—. Bien, pues vamos a lanzar la caña y pesquemos un poco.
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Like i loviu (TERMINADA)
RomansaJuliana quiere a su hermana, pero prefiere que sea feliz en otro sitio que no sea en su casa. Quiere recuperar su espacio por eso idea un plan. Con lo que no cuenta es, en que si pides ayuda al universo, este se atreve a cobrarse el favor, pero a su...
