«Tengo escalofríos, se están multiplicando, estoy perdiendo el control». La música sigue sonando, el musical está a punto de acabar y yo todavía no me creo que esté aquí, que estemos aquí. No dejo de pensar en que Lucas puede llegar a ser todo lo que quiero, pero ¿y si yo no soy todo lo que quiere él? ¿Y si no le gusto lo suficiente?
Esta misma tarde le conté mis dudas a Valentina, y me costó mucho, porque lo cierto es que sigo un pelín resentida con ella porque todavía no me ha contado qué se trae con mi hermana, y lo de esperar y callar va a acabar provocándome un soponcio.
—No le gusto. —Me dejé caer en una de las sillas de la terraza del Kaffas, donde había quedado con mi amiga. Ella me miró extrañada.
—¿De qué estás hablando?
—A Lucas no le gusto —repetí.
—¡No digas necedades!
—No es ninguna necedad. —Me indigné—. No le gusto.
—Y eso lo sabes porque...
Las cosas iban bien entre nosotros, pero no podía quitarme de la cabeza que todavía no habíamos llegado a... ya sabes... Y una tampoco es de piedra.
—Porque llevamos varios días quedando y no ha intentado nada. NADA —enfaticé.
—¿Estamos hablando de sexo? —Asentí y ella arqueó una ceja, sorprendida—. ¿Nada de nada? —Volví a asentir—. ¿Ni siquiera te ha metido mano? Aunque sea un poquito. —En esa ocasión, negué con la cabeza.
—Nada, ni lo ha intentado.
—¿Y no has pensado que puede que esté respetando tus tiempos?
Pues no, ¿para qué mentir? Ni me lo había planteado porque, una vez más, mis inseguridades habían tomado el control de mis pensamientos.
*
Salgo del auditorio moviendo las caderas, canturreando eufórica, y no me avergüenzo de ello. Lucas me propone comer algo por la zona y tomar una copa después, y me parece un plan perfecto. La noche se me hace corta, al menos, hasta que llega el momento de despedirnos. Lucas se marcha y yo entro en el apartamento con la mochila de inseguridades a rebosar.
Me quedo un rato apoyada en la puerta con los ojos cerrados hasta que el pitido del móvil me saca del mi ensimismamiento. Sonrío al leer el habitual mensaje de «buenas noches» de Lucas. Tecleo una respuesta, pero antes de que puedan enviarlo, llaman a la puerta.
—Nunca me han gustado los besos por WhatsApp.
Es lo único que dice cuando abro la puerta y me lo encuentro apoyado en el marco, un segundo antes de arrastrarme al interior del depa, arrinconarme contra el mueble del recibidor y besarme como si el mundo fuera a acabarse.
Ninguno de los dos dice nada cuando rompemos el contacto, cuando es el cuerpo el que habla las palabras sobran. No sé cómo llegamos a la habitación, ni cómo los besos se convierten en mordiscos o el roce en necesidad. Lo que sí sé, con total seguridad, es que la línea que separa la locura de la sensatez tiene el color de sus ojos, y la cruzaría mil veces más.
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Like i loviu (TERMINADA)
RomanceJuliana quiere a su hermana, pero prefiere que sea feliz en otro sitio que no sea en su casa. Quiere recuperar su espacio por eso idea un plan. Con lo que no cuenta es, en que si pides ayuda al universo, este se atreve a cobrarse el favor, pero a su...
