—Camilo, te vienes conmigo —digo mientras cojo la maleta—. ¡Corre! ¡Que la perdemos!
Seguir a la gente no está bien, no estoy orgullosa de hacerlo, pero ¿qué otra cosa podía hacer? Seguimos a mi hermana hasta casa de Valentina casi a la carrera, menos mal que intuíamos a dónde se dirigía y que Camilo está en forma porque, de lo contrario, la escena hubiera sido todavía más lamentable. Esperamos escondidos en una esquina hasta que las vemos salir del portal y caminar calle arriba. Los seguimos a una distancia prudencial hasta que suben al coche de ella.
—¡Maldición! —me exaspero—. ¿Y ahora qué hacemos?
Camilo me da la respuesta. Cinco segundos después ocupamos los asientos traseros del taxi que detuvimos.
—¡Siga a ese coche! —le dice al taxista en plan peliculero—. Siempre he querido decir eso —confiesa entre risitas.
Los seguimos hasta que aparcan el coche frente a la casa de Renata. Cada vez entiendo menos qué está pasando, pero cuando las veo besarse, intensamente, otra vez, en el interior del coche, pierdo los papeles. Es la gota que colma el vaso.
—Van a contarme qué narices está pasando aquí. ¡Y van a contármelo YA! —grito fuera de mis casillas. Camilo me mira asustado, el pobre.
No sé de dónde sale Renata, pero cuando me quiero dar cuenta la tenemos al lado, sugiriendo que entremos en su casa y evitar así que demos el espectáculo en mitad de la calle. Nuestra anfitriona nos acompaña hasta la cocina y se marcha al jardín donde están las demás para que podamos hablar en privado.
—Las dejo solas —dice Valentina, dirigiéndose a la puerta.
—Tú te quedas.
—Deja que se vaya, Mariana. —Mi hermana sale en su defensa—. Ella no tiene nada que ver en esto.
Cuando nos quedamos solas y empieza a hablar me tengo que sentar porque la cabeza me da vueltas, el estómago me da vueltas, la vida entera me da vueltas. Intento contener las lágrimas, lo juro, pero no puedo hacerlo. Duele. Duele demasiado.
Mi hermana me mintió.
Lucas me mintió.
Incluso Valentina me mintió sin saberlo porque a ella tampoco le han contado toda la verdad.
Todo era mentira. Todo estaba amañado. Nada ha sido real, ni casual.
«Tonta, tonta y más que tonta, te tomaron el pelo, se han reído de ti», me digo a mi misma. «Era demasiado bonito para ser verdad»
—¿Por qué me lo cuentas ahora?
De todas las preguntas posibles, de mi boca solo sale esa. Quizá porque ninguna respuesta me parecerá válida para el resto. Hay cosas en la vida que sabes que por mucho que te las razonen, te las argumenten o te las expliquen, serás incapaz de comprender. Así que, ¿qué sentido tiene enrocarse en conversaciones estériles? Ninguno. Nada de lo que pudiera decir mi hermana iba a servirme, salvo para hacerme más daño.
—Porque creía que ibas a volver con Sergio.
Entonces recuerdo nuestra extraña conversación de esta misma mañana, cuando me hizo prometer que no cometería ninguna estupidez. A eso se refería. Y, aun así, prefirió callar y dejar que me marchara.
—No ibas a contármelo, ¿verdad? —pregunto.
Ella se mantiene callada, y todos sabemos que quien calla, otorga, y eso es lo peor de todo, saber que no lo hubiera hecho por voluntad propia.
—Déjame sola —le pido. No quiero que me vea llorar.
—Mariana... —Intenta acercarse, pero la esquivo.
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Like i loviu (TERMINADA)
RomanceJuliana quiere a su hermana, pero prefiere que sea feliz en otro sitio que no sea en su casa. Quiere recuperar su espacio por eso idea un plan. Con lo que no cuenta es, en que si pides ayuda al universo, este se atreve a cobrarse el favor, pero a su...
