Donde Lily Evans no puede ni ver a Sirius Black sin tener que hacer los ojos hacia atrás pero que con el tiempo terminó siendo a la única persona que quería ver y a la única que teniendo enfrente hacía su corazón latir como nunca antes.
Donde Sirius...
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Habían pasado unos días y creo que todo había mejorado. Me sentía en un momento de mi vida donde todo estaba de nuevo perfecto. Sin preocupaciones o problemas recientes. Me estaba yendo bien en la escuela, estábamos a un mes de terminar el sexto año y en parte el verano era excitante porque tenía planeado tener un viaje con mi familia que llevamos planeando desde hace tanto.
Con Sirius todo es mas que perfecto. Desde ese entonces que tuvimos nuestra muy pequeña discusión sobre lo que sería nuestro futuro, ambos hemos actuado diferente y bien para que las cosas fueran normales y dicho y hecho, todo es increíble.
En estos momentos, hoy sábado, Sirius y yo decidimos pasar la tarde juntos, por lo cual, fuimos a el río mas lejano pero igualmente dentro del castillo y decidimos pasar la tarde juntos tan solo platicando y disfrutando del momento. Compramos varios dulces y me traje un libro para leer también.
- muy bien, te tengo una confesión que hacerte. - yo me encontraba recostada sobre sus piernas, así que solamente tuve que bajar de mi libro y levantar la mirada para verlo. - bueno, no confesión pero quiero contarte algo muy secreto...
- es basicamente lo mismo.
- estas preocupada, lo puedo ver en tu mirada. - este se ríe y mejor me enderezo para estar sentada al igual que el.
- claro que lo estoy, no quiero escuchar como me confesas que te besaste con alguien mas o algo por el estilo. - el sin dejar de sonreír, tan solo me toma de las mejillas y me acerca a si mismo para darme un beso. - no es gracioso, ocupo saber de una vez ese secreto.
- de acuerdo, eso haré. Soy un perro.
- ¿perdona? - me reí demasiado en ese momento, no era lo que planeaba escuchar. - lo dices... ¿lo dices en forma de ofensa?
- no, lo digo de la manera mas literal.
- ¿cómo puedes ser un perro? - tomé una barra de chocolate y empecé a abrirla pero me detiene, haciendo que baje la mano y este se pone de pie. - Sirius, acaso tu...
- espera. - se va detrás del árbol y regresa como un perro. Un perro negro y grande, que estaba muy segura de que se trataba de el y era tan extraño tener que presenciar eso.
- por todos los cielos. - dije una vez que este se acerca a mi y empecé a acariciarlo. - me siento tan enferma haciendo esto, porque no acaricio a un perro, sino que a mi novio. El cual no puede hablar. - este, empieza a lamer de mi mejilla. - espera, Sirius. Esto es ilegal.
Se va de nuevo detrás del árbol y regresa un poco tarde debido a que se estaba vistiendo de nuevo.
- soy un animago.
- ¿por qué? ¿qué no ocupas un permiso para ello? los animagos tienen que estar registrados en la oficina del uso incorrecto de la magia en el ministerio mágico. Podrías ir a Askaban.