Capítulo 35

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Amigos y amantes

Hanny estaba disfrutando de unos días robados que la hacían muy feliz, ella se sentía muy atraído por Paolo.

Paolo Carusso no solo era un excelente chef  que la consentia y la trataba como a una reina.

Sino que Paolo Carusso era un hombre adulto muy guapo y de contextura fuerte y con un cuerpo firme y musculoso.

Hanny no perdía tiempo en contemplar al guapo hombre del que ahora era amante.

Disfrutaba de nadar con él en el mar y dejarse llevar por las olas.

Olas que muchas veces ella hacía arder con las invitaciones  que le hacía a Paolo.

Para Paolo Carusso lo que vivía con Hanny era fantástico, se sentía joven y un amante extraordinario.

No sólo ella lo provocaba, Paolo se sentía con todo el derecho a tocar y a sentír irreverentea su mujer Hanny Ferrer.

Parecían dos adolecentes que disfrutaban de sus primeras experiencias en el campo del amor.

Hambrientos siempre hambrientos de placer.

La playa de noche no solo ocultaba a jóvenes picaflores que probaban su suerte o amantes juveniles o apasionadas parejas que dejaban escuchar el sonido del amor escondidas en algún rincón.

Sino que era cómplice también de Paolo que se escondía con Hanny para vivir una fantasía juvenil.

En la playa detrás de una enorme roca recostados en una enorme toalla se entregaba al placer en el cuerpo de Hanny.

Jajaja, esto es una locura Paolo...

Me alegra que te rías, esa sensación mientras te ríes me complace y me agita...

¡No te conocía esa faceta Paolo Carusso!

Espero que te guste Hanny, porque a mí tú me encantas...

Besando a Hanny la fue despojando poco a poco de sus prendas y una vez conseguido lo que quería Paolo se despojó de lo suyo.

¡Eres tan guapo Paolo! Que tengo que reconocer que en varias ocasiones me soñé contigo...

Ah sí, ¿Y qué soñaste?

Te soñé en medio de mis piernas...

Pues aquí me tienes Hanny, tomame, y hagámoslo en medio de la noche antes que suba la marea...

Mientras se besaban y sus cuerpos se movían Hanny hizo un sonido con su garganta que le recordó a su esposa Eva.

Paolo trataba de no recordarla pero al cerrar sus ojos pudo ver el rostro de Eva cuando se amaban.

Recordó lo mucho que le gustaba aferrarse con fuerza a las hermosas y grandes caderas de Eva y lo que sentía cuando ella se movía y le causaba una intensa sensación.

Por un momento fue tan intenso su recuerdo que se aferró a las caderas de Hanny y besó los labios de Hanny como solía besar los labios de Eva y cuando en su mente empezó a repetir: Oh Eva, mi amor más...

Al abrir los ojos para ver el rostro de Eva cuando él le pedía más de su intenso amor, se halló con el rostro de Hanny.

Por un segundo quiso quitarla de sobre él  y detener lo que estaba haciendo.

Pero luego recordó a Eva decirle: ¡No me importa si te vas! Por mí puedes irte con quien quieras...

Eso lo volvió a meter en el mundo que vivía con Hanny y decidió hacer con Hanny todo lo que disfrutaba hacer con su esposa Eva.

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