Capitulo 13

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-Lucerys, Lucerys donde estás, Lucerys sobrino me escuchas.

Mis ojos se abrieron de golpe con eso, mi cuerpo estaba en el piso. - Lucerys. - Me mire, tenía una herida la pierna me sangraba pero yo no sentía nada de dolor, me vi el brazo parecía a ver sido desprendido de mi cuerpo, no lo podía mover. - Lucerys.

Guarde silencio, no sabía que pasaba solo que todo estaba raro, por que estaba en el suelo de un lugar y no estaba en mi cama con Aemod.

-Lucerys, te encuentro al fin, carajo mira como estas. - El era el Aemond de mi mundo, tenía el parche en el ojo, yo no iba a hablar, cerre los ojos.

No quiero estar aquí. - Pensé en vos baja.

-Necesito ayudarte, Lucerys. - Antes de que su mano me topara cerre los ojos.

-NO QUIERO ESTAR AQUÍ. - GRITE.

-NO QUIERO. - Me levanté de golpe y un golpe sordo llego a mi, había empujado a Aemond al suelo y lo vi levantarse, mi respiración estaba como loca y mi corazón igual.

-Luce, Luce.-Unos brazos me sujetaron y yo encontré el calor del otro cuerpo, vi a Aemond con sus lindos ojos. - Mi amor que te pasa.-Lágrimas salieron de mi rostro y me metí en su pecho, respirndo lentamente.

Cuando me calme un poco, sujete su cara y lo bese. - No quiero irme. - Llore en su abrazo.

-Irte donde. - Masajeo mi espalda. - No iras a ningún lado, si lloras así despertaras al bebé.

-Yo te amo. - Dije aún llorando.

-Yo también te amo pequeño. - Susurro dandome un masaje. - Tranquilo intenta volver a dormir.

-No quiero dormir, no me quiero ir de tu lado. - Tenía miedo, temía que se me dormia y mi otra realidad me alcanzaba me iría de esta.

-Pero yo estoy aquí, te cuidare toda la noche, no te preocupes. - Quice negarme a dormir, pero al final los brazos de Aemond consiguieron relajarme.

Cuando volvi a despertar seguía en casa, entre sus brazos. - Hola. - Le dije besando su mejilla.

-Hola. - Susurro abriendo los ojos. - ¿Cómo estás?. - Me acarició.

-Bien, bastante bien. - Suspire, me había conmocionado aquel sueño, fue un recordatorio de que nada de ésto era mio, que era un intruso en un cuerpo ajeno, con una persona que no era mía, tomando decisiones pensando que podría adueñarme de aquella linda vida.-Me siento mareado. - Le confese.

-Tranquilo, descansa hoy yo me ocupo de la casa pequeño. - Me recosté, no tenía ganas de nada solo de llorar como un bebé, ni Kai llorba como yo quería llorar.

Pase bastante ausente, vi a Aemond cargar al bebé, entrar, salir, y entrar salir del cuarto y yo solo estaba acostado hecho bolita en la cama.

-Mi amor, que te sucede. - Me susurró y me puso a Kai a mi lado y yo abracé al bebé.

-Nada. - Llore.

-Luce, me preocupas. - Se acosto al otro lado abrazándome.

-Puedo pedirte que me cuentes algo. - Susurre llorando contra Kai, que me miraba y empezó a poner su mano en mi cara.

-Claro. - Suspiró Aemond.

-Cuentame como es que terminamos juntos, desde tu punto de vista, que fue lo que te gusto de mi, por que yo soy un bastardo, tonto que no tiene nada de bueno. - Lloré de nuevo, el Aemond de mi realidad siempre recalcaba que era un bastardo, a éste Aemond que le había gustado de éste Lucerys.

-Desde cuabdo te insultas a ti mismo Luce. - Me acarició.

-Quiero que me digas. - Recalque.

-Bueno pues, que deseas que te diga, como me enamore de ti. - Me abrazó. - No tengo una explicación exacta de como empecé a amarte, solo se que sucedió, que un día no te toleraba y al otro tu mirada y tu forma de ser me gano de a poco hasta que yo no era mi dueño, yo te pertenecía, incluso me atrevo a decir que yo te pertenecia desde mucho antes que tu a mi.-Acarició mi cabeza. - Eramos dos niños pequeños cuando empezamos a convivir, antes de que tu padre biológico lord Strong muriera y te fueras a Dragonstone con tu madre, no era muy agrdable para mi, que Aegon, Jacaerys, Joffry, Tú y Visenya se unieran para molestarme. - Visenya, pense en mi hermana,mi hermana en mi realidad había muerto. - Pero bueno yo y Haelena siempre habiamos tenido menos derechos que ustedes cinco dentro del palacio, hijos de una mujer que no era la reina Aenma, ni Rhaenyra.

-No por eso menos principes Aemond.-Suspire.

-Teóricamente es verdad, pero sabes mejor que yo que en la práctica siempre nos trataron distinto por Alicent.-Hablo.-y si estaba loca, pero era mi madre.

-Creo que es verdad. - No podía negarle que madre era madre.

-Pero si volvemos a que vi en ti. - Me Sonrió. - Francamente no me agradabas, te detestaba, eras lo peor que pudo a verme pasado. Pero eso te incluía a ti y tus hermanos en el mismo costal. - Se rio. - Supongo que todo cambió cuando te fuiste de Kingslanding y creciste un poco, por que cuando regresaste puedo asegurarte que admire tu belleza desde el inicio, verte mirandome mientras entrenaba fue suficiente para saber que eras un niño precioso, que jamas había visto otro hombre o mujer que igualara tu belleza. - Suspiró abrazándome mejor. - aún que puedo asegurarte que me seguías desagradando, y supongo que me empezaste a agradar más tarde, despues de Vhagar, fue muy creativa tu idea de animarme a subir a un Dragón que podía matarme solo para que tuviera uno. - Yo lo había animado a obtener a Vhagar, me sorprendí. - Y luego, Dioses. - Suspiro. - Luego tu y Arrax me salvaron de esa pelea con Daemon y como te lo dije en aquella época y te lo repito ahora, te agradezco por eso supongo que me hubiera destrozado si tu bo aparecías a decirle que yo no había sido el cómplice de mi madre en el intento de matar a la tuya. - Alicent en amvos mundos era una loca, bufé. - A la final mi amor. - Beso mi mejilla. - Termine siendo el caballero del principe Lucerys Velaryon, creeme que siempre fue un honor protegerte, cuidar tu puerta y velar por tu seguridad el tiempo que me lo permitiste y debo confesar que ya sentia algo de cariño por ti en esa época, el tiempo que fuimos amigos fue bonito, disfrute volar contigo y con nuestros dragones, pero unos años despues  ya no pude solo ser tu amigo, verte todos los días, verte ser talentoso me volvía loco.

-Te enomere. - Me burle, me gustaba saber algo de como todo había empezado.

-Te deseaba, llegue a amarte con el tiempo pero si te deseaba. - Beso mi cuello lentamente. - Deseaba tu cuerpo junto al mío, deseaba poder tener al principe Lucerys gimiendo mi nombre mientras lo embestia, sin duda necesitaba de ti. - Dejo de besarme pero con eso consiguió que mi humor mejorará. - Y supongo que todo eso se hizo realidad cuando nos emborrachamos en tu habitación. - Me rei, yo no recordaba nada pero me imagino que el deseo debió ganarnos y terminamos acostandonos. - Sabes que luego de esa maravillosa noche, yo pense que te enojarias conmigo por arrebatarte la primera vez ebrio, pero al despertar no me echaste solo me dijiste que lo habias pasado bien y supongo que con eso terminaste de ganarme, y luego me enamore, por que como no podría amarte. - Suspiré. - Contento con mi relato. - Asentí.

-Me siento mucho mejor ahora. - Era verdad me sentía mejor, pero esa er la verdad de su realidad, yo no había vivido nada de eso, habia aprendido a amar al Aemond trabajador que conocía, yo no podía imaginarmelo de otra forma.

-Ese bebé es un dormilón. - Interrumpió en mis pensamientos Aemond. - ¿Me contaras por que pasaste así todo el día?.

-Soñe que nos separaban, me asusta irme de tu lado, yo no quiero. - Aemond asintió.

-Para separarnos tendrían que pasar sobre mi antes, así que no te preocupes. - Asentí.

Pero y si lo que nos separara fuera más grande que la fuerza humana de Aemond, supongo que así de facil como llegué a este lugar de manera misteriosa, de esa forma igual podía irme.

Como podía hacerme a la idea de irme de un lugar que había empezado a amar.










































El final de la guerra.- En edicion.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora